"Apenas Hamas diga 'este fue el último misil', se acabó la guerra", dice la cancillería de Israel

"Hamás fabricó más misiles,  disparó más; como siguen siendo de mala calidad, también fueron más los que no despegaron bien, y entonces esta vez mataron a más habitantes de Gaza, decenas, en un cálculo conservador", dijo en conferencia de prensa el teniente coronel Jonathan Conricus, portavoz de las Fuerzas Armadas israelíes.

Unas dos horas después de que hubiera empezado puntual, el portavoz de la Cancillería israelí dio por terminada la conferencia de prensa virtual que había sido convocada para las 9.00 de la noche del sábado y conducida por zoom desde Tel Aviv. Lior Haiat se despidió de casi doscientos participantes con agradecimiento pero también con la confianza de no tener que volver a enfrentar a la prensa en otro encuentro similar. Porque, nos dijo, ya muy pronto veríamos el fruto de la acción militar en la franja de Gaza. La contraofensiva lanzada el lunes en respuesta al bombardeo de Hamas contra Jerusalén, ya habría saciado su misión mayor después de la primera estrella del sábado. Según explicó en el prime time de la conferencia Jonathan Conricus, portavoz de las FFAA, el logro definitorio había consistido en estropear a Hamas con una mutilación triple: de personal útil, de infraestructura, y de tecnología.

El portavoz de la diplomacia del Estado de Israel había inaugurado la convocatoria con la exposición breve, clara e inteligible de los hechos, que se deja resumir en una causa y una consecuencia: el Estado de Israel había sufrido un ataque terrorista, y se había defendido contra los terroristas, es decir, contra la organización islamista Hamás. Despliegue en dos escenarios: en Jerusalén, capital israelí y territorio invadido de la víctima, donde el lunes había sufrido el impacto de dos misiles en un bombardeo que desde entonces no cesó, y  en Gaza, territorio palestino de los victimarios, a donde el Ejército israelí atacó para defenderse. Hamas es terrorista por dos razones: ataca indiscriminadamente a la población civil judía de Israel, y no lo hace como una operación que señale abiertamente a sus objetivos como combatientes, sino ocultos y mezclados con la población y en las mismas calles y edificios de Gaza donde vive su vida la población civil, que ponen en riesgo porque saben que cada vez que ataquen a Israel, Israel se defenderá y que en su defensa será todo lo quirúrgicamente exacto que se pueda ser; pero que sin embargo morirán civiles que Hamas condenó a muerte, la más cruel, por evitable. Si esta doctrina parece cada vez menos idónea –lo que de por sí no la hace ni falsa ni inválida- para demorar una fuga cada vez más rápida de un consenso que nunca fue masivo, hay que decir que Israel no la ha traicionado jamás.

No ha de extrañar entonces la respuesta que dio a la pregunta sobre qué opinaba acerca de la declaración y comunicación de la cancillería de República Argentina. Dijo que "no puede uno tener en mente todas las declaraciones de todas las cancillerías, así que por desgracia, la de la de República Argentina es una entre todas las que ahora no recuerdo bien. En todo caso, para nosotros todo es aceptable si hay una condena del terrorismo de Hamas, un reconocimiento del derecho de Israel a defenderse, lo que supone que nos estamos defendiendo de una agresión que no iniciamos".

En una presentación final, sobre la 'guerra civil' entre comunidades judías y musulmanas (de árabes israelíes), el portavoz de la Policía aclaró que en la realidad los hechos son menos lúgubres, menos espectaculares, y menos graves "que en los videos que circulan por las redes sociales". Según Micky Rosenfeld, que hablaba el inglés más idiomático de tres voceros que lo hablaban muy bien, los árabes-israelíes "solo se hacen un daño a sí mismos" con lo que están haciendo, amenazando a familias judías, insultándolas. Y la severidad policial había sido extrema, sin contemplaciones en el caso de las provocaciones judías en el 'Día de Jerusalén', que celebra la victoria militar por la cual el Estado de Israel ocupó y finalmente anexó Jerusalén Este, la mitad de la ciudad que hasta 1967 había estado en territorio perteneciente al Reino de Jordania.

En el detalle de su participación central, el teniente coronel Jonathan Conricus había enumerado esos tres grandes logros definitorios y ya completados sin defecto. Eran la reducción de la infraestructura de Hamas en tierra y bajo tierra a un lamentable estado de deterioro irreparable; la aniquilación de equipos y laboratorios de investigación y desarrollo, “tan costosos” que su reparación, imposible además en el corto plazo, desafiaría la financiación de naciones exportadoras de petróleo; el asesinato necesario de los cuadros de comandancia superior y de la élite profesional y estratégica, unas 75 personas “en una estimación conservadora”. Casi cada uno de estos sustantivos o de otros análogos hizo concordar el portavoz de las FF AA con el adjetivo ‘terrorista’.

Preguntado sobre cómo había sido posible que Hamas hubiera disparado en solo cinco días 3000 cohetes, el mismo número que durante toda la guerra de 2014, que había durado cincuenta días, de dónde los había obtenido, cómo no lo sabía Israel, Conricus no dio ninguna respuesta sobre la inteligencia israelí; todos las escamotearon en este punto. Respondió que Hamas, cuyos militantes “son trabajadores e industriosos”, que se dedican con ahínco a sus tareas, todas vinculadas con el combate, y que “quien se dedica con firmeza de propósito a un objetivo”, lo logra. Firmeza suficiente para fabricar más misiles, para lanzar más en menos tiempo –con el cálculo de soprepasar la capacidad de Iron Dome (Cúspide de Hierro), el escudo antimisiles israelí, cuya eficacia es inferior al 100%-, pero deficiente para mejorar sustancialmente la pobre calidad del producto y el mediocre desempeño de los artilleros. Al lanzar más misiles, más de ellos fallaron al momento del despegue, y explotaron dentro de la Franja. Con lo que murieron más civiles palestinos esta vez que en los 50 días de 2014, “un número que es muy alto, y del que pocas veces la prensa da noticia, porque pocas veces se conoce”. Calcula en “20 o más” los muertos en Gaza de estos cinco días por causa de cohetes de Hamas fallidos.

Un engaño

La prensa, por cierto, de muchas cosas no se entera, o se entera mal. Dos de esas ignorancias, sólo en estos cinco días de contraofensiva contra Hamas en Gaza, no perjudicaron en nada al Estado de Israel.  

El jueves, los medios occidentales publicaron el alerta, que les habían comunicado portavoces de las Fuerzas Armadas israelíes, de que blindados, infantería y artillería habían cruzado el límite e iniciado un operativo de ocupación por tierra de la Franja de Gaza. Tardaron, con demora grande pero no excesiva, en difundir los mismos medios la desmentida de los mismos voceros militares. No es que fueran a avanzar por tierra dentro de la Franja; se iban a acercar, sin ingresar, e intensificar el ataque. Preguntado sobre el episodio de anuncio y desmentida, el portavoz de la Cancillería lo calificó de lamentable, aclaró “pedimos todas las disculpas del caso”, e insinuó que ese “error” era característico del fragor de la guerra. Más adelante, el portavoz de las Fuerzas Armadas, al congratularse de algunas destrucciones muy perfectas, dio el ejemplo del sistema de túneles de Hamas, llamado ‘Metro’, que, aclaró, “no es el metro de París, no te lleva a la torre Eiffel, te lleva a una torre del Terror”. Este metro, al que dedicaron años de labores e inversiones, habría quedado inútil para todo servicio. Y era el mejor refugio de la clandestinidad de Hamas. Además, dijo, habían matado dos pájaros de un mismo tiro, porque habían aprovechado la destrucción del metro para masacrar a la élite de Hamás, la que tenía derecho a ocultarse ahí cuando Israel ataca por tierra, y es lo que hicieron el jueves a la noche, apenas enterados, por los medios, de que se iniciaba la invasión terrestre. Preguntado entonces sobre si anuncio y desmentida habían sido no un error, sino un engaño para tenderle una trampa mortal a la cúpula de Hamas, el portavoz de las FFAA respondió que un Estado tiene el derecho y el deber de defender a su patria y a su pueblo.

El sábado, un edificio de 11 pisos en Gaza donde tenían sus oficinas la cadena de televisión qatarí Al Jazeera, la agencia de noticias norteamericana Associated Press, y otros medios, fue bombardeada y arrasada por la aviación militar israelí. En la torre de al-Jalaa, en la ciudad de Gaza, había 60 departamentos residenciales y además oficinas. No hay por qué vincular la convocatoria a la conferencia de prensa con este hecho que la había afectado este mismo día. Preguntado el portavoz de las FFAA el porqué de la destrucción tan completa de esa torre, señaló que no era una “torre de la prensa”, era un edificio particular donde había muchas oficinas, varias de Hamas. ¿Pero qué provecho podía haber en derrumbar oficinas vacías? Admitió que, al prevenir el bombardeo, para permitir la evacuación del edificio, “también Israel había perdido”, porque se habían fugado objetivos. Pero el provecho mayor no era ahí el de matar personal. En ese edificio había ubicado Hamas sus equipos de tecnología y sus laboratorios con piezas e instrumentos más costosos, con los que llevaba a cabo investigación y desarrollo de su producción armamentística y bélica. Es decir, ¿Israel sabía desde hacía tiempo qué alojaban y quiénes frecuentaban esas oficinas de Hamas, que coexistían contiguas en el mismo edificio de Gaza que concentraba al periodismo extranjero? ¿Y nunca había advertido a la prensa qué “terroristas” tenía al lado, para que así Hamas no mudara esas preciosas instalaciones, e Israel se reservara la oportunidad de destruirlas todas juntas y de una vez, como hizo el viernes? Los privilegios del periodismo ceden, como todo cede, ante el derecho y el deber de autodefensa del Estado. Aun quien descrea de la doctrina, deberá admitir que su argumentación de hierro no es inválida.

WC

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