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Al final, no era tan así

Bienvenida la ley de la selva

El presidente de Vox, Santiago Abascal, reunido con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en Israel.

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Javier Milei es un hombre de su tiempo, y no solo eso. Quizás sea uno de los protagonistas de una era política salvaje y descarnada, cuya característica principal es operar políticamente en una realidad autopercibida o, más probablemente, que se construye y difunde diariamente a través de los medios y las redes sociales para conseguir ciertos objetivos. 

Es cierto que los objetivos de La Libertad Avanza (al colapso) no están claros porque se impulsan entre un mar de ineptitudes y desprolijidades, pero entre las potencias occidentales todo se percibe más nítido y, por tanto, más peligroso. 

La novedad en todo caso, es que los protagonistas de esta nueva era política parecen ser también los países y las fuerzas políticas que otrora se erigieron como los guardianes de una única realidad, una realidad respetuosa de los Derechos Humanos y del orden internacional.

El caso paradigmático es el de Israel, que ninguneando las órdenes de la Corte Penal Internacional, las resoluciones de Naciones Unidas, y las críticas y pedidos de buena parte del mundo, ha continuado adelante con su campaña militar en Gaza, sin importarle las decenas de miles de civiles que asesinó a su paso; cuarenta, entre mujeres y niños, la última semana cuando bombardeó “por error” un campo de refugiados en la zona de Rafah.

En paralelo al avance militar, el Gobierno de Israel practica un mileismo que está cerca de superar al propio Milei. Uno de sus portavoces habituales, el ministro de Exteriores,  ha hecho de su cuenta en X un ejemplo de bromas de mal gusto, ataques políticos descarnados y acusaciones injustificadas o, de mínima, sesgadas. 

El caso del reconocimiento del Estado palestino por parte de España es un buen ejemplo. El canciller hebreo difundió un video de bailarines de flamenco bailando junto a un mensaje que decía “Hamas te agradece”. Unos días después, publicó otro post en el que decía que el Gobierno español apoyaba un Estado palestino conducido por Hamas, lo cual es falso porque España reconoció un Estado palestino que de ninguna forma podría estar conducido por una organización terrorista. 

Ahora bien, el caso de Israel es importante porque su principal sponsor bélico es Estados Unidos, el mismo que se ha autonarrado históricamente como el defensor del orden internacional y por el que, en su nombre, ha realizado intervenciones militares, políticas y de inteligencia alrededor del mundo durante el último siglo. 

El hecho de que hoy se encuentre en una posición contradictoria por no decir enteramente hipócrita, ha dado pie a una nota en el Financial Times que invita a Washington a entrar por la puerta grande de esta nueva era política, y olvidarse del “orden internacional” que ya nadie respeta ni quiere respetar.

La nota se titula “Estados Unidos rompe las reglas para defender el mundo libre”, y está firmada por Gideon Rachman, uno de los principales columnistas internacionales del Financial Times. En no muchas palabras, el periodista británico dice que las propias acciones de Estados Unidos están minando partes vitales del orden internacional. Por ejemplo, señala Rachman, con la aplicación de impuestos a la importación de productos de China, o, advirtiendo sobre posibles acciones contra la Corte Penal Internacional por querer ponerle límites al gobierno de Netanyahu.

Lo interesante es que, lo que comienza con aires de crítica, termina siendo un buen espaldarazo a la política exterior de la Casa Blanca. El columnista del Financial Times dice que como la idea de defender el orden internacional puede hacer que Washington caiga en contradicciones, debería olvidarse de esa idea y, simplemente, justificar sus acciones con la idea de que está embarcado en la “defensa del mundo libre”. Incluso, sostiene que la propia idea de defender el mundo libre debe permitir ciertas inconsistencias, como hacer acuerdos con regímenes no del todo democráticos…

La lógica es muy interesante y parece muy justificada a los ojos de Rachman. El problema es la propia definición del mundo libre, y qué puede justificar eso.

¿El mundo libre es el que defiende Milei? ¿El Milei que apoya a Trump o el que se reúne con funcionarios demócratas en el balcón de la Casa Rosada? ¿El mismo Milei que respalda a Israel a pesar de los crímenes contra civiles? ¿El propio Netanyahu que se toma fotos con Santiago Abascal, líder de Vox? ¿Quién representa el mundo libre?

Las preguntas pueden ser infinitas, y no abarcan solamente a Occidente. Esta semana, la oposición taiwanesa, que goza de la simpatía del Partido Comunista de China, pasó una ley en el Parlamento que le otorga una serie de poderes al poder legislativo taiwanés (dominado por la oposición), en detrimento de las facultades del presidente, electo hace pocas semanas, y opuesto al Gobierno chino, y a la idea de reunificarse con la República Popular China. 

El conflicto político, que ha generado manifestaciones multitudinarias en la isla, tiene lecturas contrapuestas. Para algunos analistas “independientes” y figuras del oficialismo, se trata de una suerte de golpe de Estado emprendido con el beneplácito de China. Para la oposición, es una enmienda que debería haberse hecho antes, y que, de hecho, el oficialismo quiso impulsar cuando tiempo atrás dominaba el Parlamento local. 

Si se le preguntara hoy mismo a la oposición taiwanesa quién representa el mundo libre, es muy probable que la respuesta fuera ellos, y no el oficialismo. ¿Quién entonces podría negarle a China intervenir militarmente Taiwán si su gobierno y la oposición taiwanesa representan la libertad?

Por último, la discusión semántica abarca también al opaco mundo empresarial y en particular al de los desarrolladores de la Inteligencia Artificial. Esta semana, la empresa Open I.A, creadora del Chat GPT, anunció que próximamente dará a conocer una versión de su modelo de IA más avanzado que el actual. El “avance” podría ser un modelo de Inteligencia Artificial que, en palabras anteriores del director de la empresa, Sam Altman, representa una “superinteligencia” que podría ser más potente que la propia inteligencia humana. 

Los riesgos que entraña el desarrollo de un sistema de IA más avanzado que la inteligencia humana ha generado una serie de acontecimientos, desde advertencias de los gobiernos y editoriales de los principales medios del mundo, a las renuncias de ejecutivos de Open I.A, como es el caso de su cofundador, Ilya Sutskever, quien estaba encargado del desarrollo seguro (para la humanidad) del modelo de IA. 

Algunos creen que la batalla entre los “innovadores” y los ejecutivos preocupados por los riesgos de la IA, ya se ha saldado en favor de los primeros. En cualquier caso, el mundo debate en estos días si la IA será una herramienta a favor del desarrollo humano o su última arma de destrucción masiva. La respuesta a ese interrogante podría encontrarse en una pregunta: ¿El desarrollo de la IA es parte o no del mundo libre?

AF/DTC

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