El impacto que la crisis ambiental tiene y tendrá sobre las aves

El biólogo que utiliza las lechuzas para fomentar la paz entre israelíes y palestinos: “Hago diplomacia científica”

Alexandre Roulin.

Santiago Torrado

Menorca, España —

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“Más allá de los problemas y disputas políticas que existen entre el Estado de Israel, Palestina y Jordania, el territorio, la tierra que habitan esas personas, tiene problemas comunes y, por lo tanto, puede tener soluciones comunes. No son discusiones de orden nacional, sino originaria. Así fuimos creando el proyecto 'Lechuzas por la Paz', un programa para fomentar el diálogo, el debate entre personas que habitan el mismo lugar, para buscar soluciones colectivas”.

Habla Alexandre Roulin, biólogo y profesor de la universidad suiza de Lausanne, quien atiende a elDiario.es en Menorca, isla que recibe por estos días el 25 Congreso Español de Ornitología. El encuentro es impulsado entre otras organizaciones por el Comité Científico de SEO Bird/Life y respaldado por las autoridades del Consell Insular. En el histórico Lazareto del puerto se han reunido a más de 200 ornitólogos de todo el mundo para discutir el impacto que la crisis ambiental tiene y tendrá sobre las aves. 

La primera conferencia del encuentro y una de las que mayor expectativa generó ha sido la de Alexandre Roulin. Es conocido internacionalmente por impulsar el proyecto “Lechuzas por la Paz”, una iniciativa que tiene como objetivo tender puentes de diálogo entre las comunidades israelíes, palestinas y jordanas a través de la cría y cuidado de aves rapaces como búhos y lechuzas.

“Comenzó como un proyecto ecológico independiente en medio oriente. La idea era construir una plataforma para estimular soluciones sostenibles para que los granjeros hicieran frente a los pequeños roedores que devoraban sus cosechas. Ante la plaga de ratas y otras alimañas, la respuesta de los agricultores era el uso masivo de veneno, que si bien eliminaba las plagas, también afectaba a sus depredadores naturales: las aves rapaces”, afirma. 

Roulin cuenta que lo comenzó como una asesoría para fomentar la agricultura sostenible derivó en un proceso colectivo de recuperación de la avifauna en un territorio marcado por la guerra, los conflictos políticos, religiosos y la ocupación territorial. La primera propuesta fue eficaz de puro simple: volver a equilibrar la relación entre predadores y presas en el entorno y reducir el uso de agroquímicos y venenos en las cosechas. “Impulsamos un modelo de agricultura sostenible que permitiera que la eliminación de ratas, zorros y otros roedores estuviera a cargo de sus predadores naturales, como los búhos y las lechuzas”, señala Roulin. 

La búsqueda de Roulin a propósito del diálogo entre partes históricamente enfrentadas no omite el conflicto, sino que se sitúa por encima, como una gran ave. “No se trata de soslayar el enfrentamiento sino de encontrar puntos en común para tender puentes al diálogo. Yo soy un científico, lo que hago con este proyecto se llama 'diplomacia científica', es decir, una forma de impulsar desde la ciencia un diálogo con los políticos de todo color, que permita entender a qué desafíos nos enfrentamos como especie en el marco de la crisis climática, desafíos que muchas veces no son tomados en serio o siquiera en cuenta”.

Mejora de las relaciones diplomáticas

“Lechuzas para la Paz” es un proyecto embargado de la retórica de la urgencia. La importancia de actuar con rapidez frente al cada vez más evidente deterioro ambiental fruto del cambio climático. Sin embargo, la preeminencia del conflicto en medio oriente condiciona todas las acciones. Así lo explica el biólogo: “Nosotros sabemos que lo importante es hacer. No esperamos a que los cuerpos diplomáticos discutan y aprueben nuestras iniciativas. Actuamos. Generamos el diálogo entre agricultores y granjeros palestinos, jordanos e israelíes”.

“Muchas veces los bloques políticos se han sorprendido de la fluidez de estos diálogos e incluso hemos logrado que los pasos fronterizos sean menos hostiles, se podría decir que a través del impulso de la agricultura sostenible y de la restitución de aves rapaces hemos logrado reconstruir algo de la confianza que hace tanto tiempo se perdió”, afirma. El éxito relativo del programa encabezado por Roulin le valió una invitación al Vaticano en 2018, donde fue recibido por el Papa Francisco. “Hablamos durante más de 40 minutos, fue fascinante”, confiesa.

A pesar del cúmulo de buenas intenciones que reviste el programa del profesor Roulin, éste reconoce que no siempre los lazos construidos resisten la brutal realidad de violencia e injusticias que se viven en la región. “Pasa muy seguido que venimos trabajando y construyendo puentes y de repente '¡pum!', estalla la violencia. Es algo que no puedes predecir. Es algo que viene decidido desde las altas esferas del poder y que escapa al control popular. Nosotros nos centramos en lo que pasa entre quienes sufren las consecuencias de esa violencia y no en quienes la generan. Creo que el mayor desafío ahí es un desafío cultural”.

La lechuza es un animal que encierra un abanico amplio de significantes. En no pocas culturas occidentales es considerada portadora de malas noticias. Un ave de mal agüero. Para el profesor Roulin encarna todo lo contrario: “La lechuza es un símbolo en un momento del mundo donde necesitamos símbolos más que nunca”.

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