Las elecciones del 2 de octubre

Bolsonaro cargó contra Lula en la ONU y hubo duras críticas en Brasil

El presidente brasileño Jair Bolsonaro, este martes, ante la Asamblea General de la ONU.

“Dios, patria, familia y libertad” fue una de las frases volcadas por el presidente Jair Bolsonaro en su discurso inaugural de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su disertación, en el mayor foro mundial instituido para debatir los asuntos globales, volvió a atacar a Luiz Inacio Lula da Silva, su actual adversario, a quien trató como “el responsable (de los escándalos de Petrobras) que fue condenado en tres instancias por unanimidad”. Y defendió el “derecho a la legítima defensa”, como también repudió “la ideología de género”. 

“Enfrentamos la corrupción sistemática”, declaró Bolsonaro ante la Asamblea y agregó que “entre 2003 y 1016, cuando la izquierda gobernó el país”, fueron robados miles de millones de dólares y “el responsable de eso fue condenado”. Pero, dijo, que “ese es el Brasil del pasado”.

Los medios brasileños rechazaron el uso de un escenario como la ONU para “una vez más, adoptar tono de campaña”. Era, sin embargo, previsible que el jefe de Estado no se limitaría a hablar de la paz en el Mundo y la necesidad de buscar “soluciones innovadoras” en la estructura del Consejo de Seguridad, como hizo al principio de su mensaje. El texto leído por JMB en esta oportunidad, como sus declaraciones desde un balcón de la embajada brasileña en Londres, estaban dirigidas exclusivamente a sus votantes. Y no pasó por el tamiz previo de la diplomacia de Itamaraty, que sólo vino a enterarse del contenido durante los enunciados del presidente, ya frente a las delegaciones de los 193 países miembros. 

El discurso de Bolsonaro no pasó por el tamiz previo de la diplomacia de Itamaraty, que sólo vino a enterarse del contenido durante los enunciados del presidente, ya frente a las delegaciones de los 193 países miembros

Eso, según los principales medios, causó una “enorme incomodidad” en el mundo diplomático brasileño, que venía “golpeado” según dijeron, de la experiencia atravesada en el funeral de la Reina Isabel II, donde de acuerdo con los grandes diarios locales Bolsonaro “aprovechó la circunstancia para mostrarse en las cámaras y en las fotos”, como una señal de su poder e importancia. 

En la Asamblea de la ONU, el jefe de Estado mostró los números de crecimiento del Producto Bruto Interno y de la actividad económica, así como también reveló la caída de precios de los combustibles, sobre todo comparados con los de Europa. Curiosamente defendió la vacunación contra el Covid-19, al contrario de su propia alocución de hace un año. Defendió la “autoridad” de su Gobierno que “durante la pandemia no ahorró esfuerzos para salvar vidas y preservar empleos”. Destacó la garantía dada a los “más vulnerables con el auxilio de emergencia”. Y saludó el haber conseguido el objetivo que fue “proteger los ingresos de las familias para que pudieran enfrentar los efectos: beneficiamos 68 millones de personas”. 

Por último, destacó “los millones de brasileños que fueron a las calles, convocados por su presidente, trayendo los colores de nuestra bandera”. Se refería a los actos del 7 de septiembre, convocados para celebrar los 200 años de la Independencia de Brasil, cuyos escenarios fueron usufructuados por el jefe de Estado también para hacer campaña por su reelección. 

Críticas en la prensa

De acuerdo con el columnista de Folha de São Paulo Jamil Chade, quien cubre desde hace tiempo las Naciones Unidas para Brasil, “el discurso de este martes en la ONU chocó a los gobiernos extranjeros por el hecho de haber transformado el escenario en una tribuna para las elecciones”. Según su testimonio “los observadores internacionales dejaron claro que Bolsonaro fue el retrato de un país empequeñecido en el mundo, que ya no actúa como protagonista y que perdió su lugar entre los países en desarrollo”. Citó frases de dos diplomáticos extranjeros que omitió citar por nombre y apellido. Uno de ellos dijo: “Su presidente no entendió dónde está, a quién representa y el cargo que ocupa”.

Las características ideológicas y políticas del jefe del Palacio del Planalto tampoco son del gusto del establishment brasileño. Y su desempeño en el ambiente internacional causa escozor. No por acaso, ayer apareció como un firme apoyo para el ex presidente Lula da Silva, el banquero Henrique Meirelles, que en estas elecciones representa los intereses de los principales grupos financieros del país. 

Lo cierto es que en ese contexto, se confirmó que está avanzada una decisión discutida por las grandes democracias de reconocer inmediatamente los resultados electorales en Brasil, con el objetivo de frenar cualquier intento bolsonarista de desconocer los comicios. Vale recordar que, ayer mismo, el presidente brasileño sostuvo que si no triunfaba con 60% de los votos, había que revisar los cómputos a cargo del Tribunal Superior Electoral (STE). Los medios se interrogan si será un preanuncio de la violencia que puede suscitarse en los 28 días que median entre la primera y segunda vuelta. 

CC

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