La incógnita del balotaje y versiones inquietantes, en las horas previas a la elección en Brasil

Lula, en una conferencia de prensa en San Pablo en la tarde del sábado, previo a las elecciones presidenciales.

Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato de la Coalición de la Esperanza, parece estar en condiciones de consagrarse este domingo como futuro presidente de Brasil. Las últimas encuestas, publicadas a las 18 horas de hoy sábado, indican que obtendría entre 50 y 51 por ciento de los votos válidos, necesarios para llevarse este domingo la victoria definitiva. Si esa percepción de las pesquisas se tornara real, ese amplísimo arco político e ideológico que rodea a Lula y a quienes une el ansia por derrotar a Jair Bolsonaro, podrá evitar los 28 días que mediarían de campaña hasta la segunda vuelta (el 30 de octubre).

Lula, sin embargo, prefiere la cautela.  En una conferencia de prensa donde se congregaron los medios nacionales y extranjeros, el líder del Partido de los Trabajadores declaró: “Claro que nos gustaría definir ya mañana las elecciones”. Pero añadió que si los resultados no alcanzan para un dictamen definitivo, “nos tomaremos un breve descanso y luego volveremos a la acción”. Recordó, también, que las dos veces que ganó fue en la segunda vuelta. Reveló también que “si debemos esperar hasta el 30 de octubre, entonces la elección será otra, totalmente distinta”. En su visión, será preciso en ese período negociar con aquellos partidos que no entraron en su alianza, básicamente el PDT (Laborista Democrático) de Ciro Gomes y el PMDB (Movimiento Democrático de Brasil) que lleva como presidenciable a Simone Tebet.

En las calles de San Pablo hubo este sábado un entusiasmo irrefrenable de la alianza de centro y centroizquierda, como se vio este a lo largo de la Avenida Paulista. Con una fogosidad notable, voceaban la consigna principal: “Lula lá”, lo que traducido significa “Lula en el Palacio del Planalto”.

Del lado del presidente Jair Bolsonaro, que aspira a su reelección, hubo en cambio una “motociata” en las proximidades del parque Ibirapuera, una forma original de manifestar con un paseo de motos que, por la cantidad de vehículos en fila, aumenta la percepción de la importancia del acto. Con 37 por ciento de los votos válidos, el jefe de Estado ya podría entrar, mañana, en una breve etapa de lame duck o pato rengo, aquella figura que define en Estados Unidos los últimos días de un presidente en víspera de entregar el mando. La transmisión de la banda presidencial ocurre en Brasil el 1º de enero, es decir, poco más de dos meses después de los comicios.

No todos piensan que la resolución de esta batalla ocurrirá mañana. Para muchos “Lula tuvo un crecimiento constante a lo largo de septiembre. Pero quedó estancado en la recta final, por lo menos en votos válidos (aquellos que excluyen blancos y nulos). Esto indicaría que le está faltan el impulso final para liquidar la factura”. Fue lo que evaluó Roberto Toledo, un reconocido columnista del diario Folha de Sao Paulo.

Este diario pudo conversar, este sábado, con defensores del bolsonarismo; que son bastante más numerosos de lo que se podría imaginar. Según se identificó uno de ellos, que vive en la periferia de la capital paulistana, su voto será para Bolsonaro: “Mire, la verdad es que quiero la reelección”. Ante la pregunta del por qué apuesta al actual presidente, el hombre sencillamente replicó: “Porque Lula robó, es un ladrón y fueron millones de millones de reales que se llevó”.Esta periodista indagó entonces: “¿Qué piensa de Geraldo Alckmin como vicepresidente de Lula? El fue gobernador de San Pablo por el PSDB (el partido de Fernando Henrique Cardoso)”. La respuesta fue: “Ese señor compitió con Lula en 2006 como candidato a presidente y perdió. Entonces, lo llamaba de corrupto”.

Desde Brasilia el bolsonarismo difundió noticias hostiles para el proceso electoral. Dijeron que la noche de este sábado, los camioneros, que son fieles al presidente al igual que los taxistas, irían a bloquear las vías de acceso al Distrito Federal. Otras versiones sugirieron que las “milicias” de Bolsonaro, es decir, los grupos parapoliciales, se aprestaban a invadir el predio de la Corte Suprema y, tal vez, del Congreso Nacional.

En San Pablo, personal del equipo de Lula da Silva, sostuvo que estos rumores “no deben tomarse en cuenta, porque apuesta exclusivamente a generar temor en la población. A la campaña de Bolsonaro solo le resta infundir miedo, para ver si con eso consiguen pasar a las segunda vuelta”.

CC

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