La mitad de los brasileños cree que, si es derrotado, Bolsonaro intentará un golpe

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil.

Jair Bolsonaro teme perder las elecciones y en su entorno político apuestan más a su eventual derrota que a una victoria. Los partidos que componen la centroderecha, y que hasta ahora fueron fieles al presidente brasileño, ya insinúan sus intenciones de abandonarlo. Le advirtieron que, si no toma medidas urgentes para bajar el precio de los combustibles, “cosechará un rotundo fracaso” en las elecciones de octubre. Los parlamentarios de ese sector, que detenta 52% de las bancas del Congreso, repiten ante los miembros del gobierno: “Es ahora o nunca”. Es que la nafta alcanza a 1,5 dólares por litro, en promedio, y el Diesel llegó a 1,46.

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Los datos son oficiales: fueron informados, el viernes último, por la Agencia Nacional del Petróleo. Comparados respectivamente con los precios vigentes en Estados Unidos y en Argentina, los consumidores brasileños deben pagar entre 20% y 55% más caro. “Si él no resuelve ese problema, cae” declaró el diputado Nereu Crispin, del Partido Social Democrático (PSD). Más interesante aún fue otra de sus opiniones: “Bolsonaro está descendiendo por la pendiente. Ya no tiene más el apoyo de los camioneros”, un gremio que lo respaldó masivamente cuando el jefe de Estado realizó un simulacro de golpe en Brasilia, en noviembre pasado, con desfiles de tanques por las calles del Distrito Federal. Según Crispin, el presidente “beneficia solo a los inversores y los lobistas que importan combustible”. En la visión de estos parlamentarios, además de un alivio en gasolina y gasoil, el gobierno debe dar la sensación a la gente de que puede bajar sus deudas y, con esto, reactivar el consumo. Eso es lo que cambiaría la percepción del elector.

Pero Bolsonaro parece haber optado por otro camino. El viernes, en un discurso en el estado de Paraná, al inaugurar un tramo rutero, sostuvo: “Si es preciso, iremos a la guerra. Y a mi lado quiero un pueblo que sea consciente de por quién está luchando”.

Una encuesta realizada por la consultora Datafolha reveló que 51% de los brasileños comienza a creer que el presidente intentará un golpe si finalmente es derrotado. Entre los partidos políticos de centro izquierda, incluido el PT, afirman que el jefe del Palacio del Planalto ya tiene definido su guión. Dicen que el primer paso ya está en marcha: consiste en incentivar la desconfianza popular sobre la seguridad de las urnas electrónicas y, por consiguiente, la certeza de que habrá fraude electoral. Y en los próximos días pondrá a rodar otro argumento: la supuesta existencia de “una sala secreta y oscura”, donde el Superior Tribunal electoral hará trampa al contar los votos.

Un elemento clave del plan es desacreditar las encuestas electorales, que hace tiempo lo dan como ganador al ex presidente y actual candidato Lula da Silva. En ese contexto, también deberán operar contra la prensa, acusando a los medios de mentir por cuestiones “ideológicas”. No le faltan razones para gestar esas sospechas; es que las últimas encuestas indicarían que el presidente llegó a un techo de popularidad (de entre 32 y 34 por ciento); mientras que su enemigo Lula revela un avance tal (48%) que puede tornar posible su consagración en la primera vuelta de los comicios.

En Brasil se abre un interrogante: ¿Cuál será el papel de las Fuerzas Armadas en caso de una revuelta generada desde el palacio de gobierno?  El comandante de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), brigadier Carlos de Almeida Batista Junior, ya explicitó su postura: dijo que la Aeronáutica es legalista y cumplirá con la ley, en forma independiente de quién venza en las presidenciales de este año. Falta, empero, una definición de las otras dos armas.

CC

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