La operación militar de Trump reordena a la izquierda continental y activa un plan de movilización regional
“Tenemos que dejar a un lado las diferencias para unirnos en acciones concretas: declarar un día de rebeldía de conciencia de los pueblos; un paro continental; movilización y reflexión de los diversos sectores sociales, políticos, culturales y científicos”. La propuesta de Adolfo Pérez Esquivel resonó el lunes pasado en la sede de la CTA y desató un aplauso contundente entre los sectores que se reunieron antes de marchar a la Embajada de Estados Unidos contra el secuestro de Nicolás Maduro. Del peronismo a la izquierda trotskista, de los movimientos sociales a los sindicatos, la consigna atravesó identidades diversas.
De manera directa o indirecta, los dichos del Nobel de la Paz tuvieron un eco casi inmediato fuera del país: apenas 24 horas después, el Foro de São Paulo encabezó una reunión multisectorial con dirigentes políticos y sociales de toda América Latina para rechazar la injerencia estadounidense en Venezuela.
Si bien todavía no hay una fecha definida para una eventual “marcha continental”, como planteó Pérez Esquivel, elDiarioAR pudo saber por fuentes de organizaciones argentinas y extranjeras que la izquierda como expresión continental se declaró en “estado de movilización permanente”. Entre las iniciativas en debate figura una protesta contra Donald Trump hacia fines de enero, con acciones simultáneas en Colombia, México y Cuba, países que el presidente estadounidense puso bajo la lupa tras su incursión en Caracas.
La crisis venezolana revitalizó al Foro de São Paulo, histórica usina de articulación de la izquierda latinoamericana, impulsada por el PT de Lula da Silva. El martes se realizó una cumbre virtual de la que participaron más de 120 dirigentes de distintos países y espacios, como el Grupo de Puebla, la Internacional Progresista y el Grupo Mundo Sur. Hubo representantes del partido Morena, que gobierna México; del Pacto Histórico colombiano, y el ex líder laborista británico Jeremy Corbyn, hoy parlamentario.
Por la Argentina participaron Oscar Parrilli, hombre de confianza de Cristina Kirchner; el exministro Carlos Tomada; y los titulares de las dos CTA, Hugo Yasky y Hugo “Cachorro” Godoy. El encuentro fue coordinado por Mónica Valente, del PT brasileño y dirigente cercana a Lula, y Oscar Laborde, exembajador argentino en Venezuela durante el gobierno de Alberto Fernández, denunciado en 2024 por Patricia Bullrich por presuntas negociaciones paralelas para liberar al gendarme Nahuel Gallo.
“Fue una reunión calificada y desde la práctica, para definir cómo los movimientos de izquierda de América Latina colaboramos contra el secuestro de Maduro”, explicó Laborde. Allí se consideró “secuestrados” tanto al presidente venezolano como a su esposa, Cilia Flores, y se acordó un marco común de acción: rechazar la apropiación estadounidense de recursos naturales y bienes comunes, condenar el acercamiento militar al territorio venezolano e insistir en un desescalamiento inmediato de la agresión de Estados Unidos en el Caribe.
Por Venezuela participaron Tania Díaz, diputada chavista, y Rander Peña Ramírez, viceministro para América Latina de la Cancillería bolivariana.
Con un calendario aún en elaboración, la llamada “Reunión de Solidaridad con Venezuela” fijó como fechas clave los días 28 y 29 de enero, cuando se conmemora el 12° aniversario de la declaración de América Latina y el Caribe como “Zona de Paz” por la CELAC, creada como alternativa a la OEA, históricamente dominada por Estados Unidos.
También se evaluó realizar a fines de enero una “Jornada Continental Antiimperialista”, probablemente en Colombia, México y Cuba. Esta semana, tras nuevas declaraciones de Trump, se registraron intercambios telefónicos entre Lula, el presidente colombiano Gustavo Petro y la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum.
En febrero, Colombia será sede de la cumbre CELAC–Unión Africana. En paralelo, movimientos sociales y organizaciones populares preparan en Bogotá una cumbre popular para manifestarse por Venezuela y contra la política exterior estadounidense. Además, el 24 de febrero habrá una actividad específica sobre reforma agraria y movimientos campesinos.
Bajo ese paraguas general se proyectan acciones específicas. Por un lado, se conformó un equipo de juristas para presentar planteos ante tribunales y foros internacionales. “Se violó desde la Carta de las Naciones Unidas hasta la legislación interna de Estados Unidos, que exige el consentimiento del Congreso para este tipo de operaciones”, afirmó a elDiarioAR Alejandro Rusconi, abogado del Movimiento Evita, secretario de Hábitat, Tierra y Vivienda de la Defensoría del Pueblo porteña e integrante de la Asociación Americana de Juristas.
Otro punto acordado fue la activación de Brigadas Solidarias Internacionalistas que viajarían a Venezuela en el corto plazo. Se trata de médicos, abogados y otros profesionales “que el gobierno necesite”, entre los que habría participación argentina, según pudo saber este medio.
La izquierda norteamericana y el frente gremial
“El estado de movilización se mantiene todos los días en distintos países. El objetivo ahora es alcanzar mayores niveles de articulación y unificación de las acciones”, sostuvo Hugo “Cachorro” Godoy, de la CTA Autónoma. La participación sindical aparece como una pieza clave para tender puentes con sectores anti-Trump dentro de los propios Estados Unidos.
En ese plano, el presidente de la Conferencia Sindical de las Américas, el estadounidense Fred Redmond, respaldó un comunicado de repudio “a la agresión militar estadounidense y a la violación de la soberanía de Venezuela”. Ese espacio mantiene vínculos con referentes como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez. “Trump no pone en riesgo solo a América Latina: sobrepasa todas las normas de las relaciones internacionales”, afirmó Godoy.
En el entramado continental también participa la CGT, que emitió su propio comunicado contra la avanzada estadounidense en Caracas. La central obrera, sin embargo, no participó de la conferencia en la CTA ni de la movilización a la Embajada de Estados Unidos, aunque sí estuvieron presentes gremios que la integran.
Otras izquierdas
La magnitud de la injerencia estadounidense empujó incluso al Frente de Izquierda, históricamente crítico del gobierno de Maduro, a sumarse a la movilización frente a la sede diplomática. “Ahora hace falta un paro continental. Un golpe global merece una respuesta global. Exigimos a la CGT una movilización porque el ataque imperialista en Venezuela y en toda la región solo se puede frenar con los trabajadores y el pueblo organizado en la calle”, planteó ante elDiarioAR la dirigente del MST y diputada porteña por el FIT Celeste Fierro.
Aunque no comulga con Maduro, también el progresismo se pronunció contra Trump. La Alianza Progresista de las Américas, que nuclea desde el socialismo santafesino hasta fuerzas de la socialdemocracia europea, sostuvo que “la democracia no puede ser secuestrada ni impuesta por la fuerza”.
Con fechas aún por definir y un abanico de acciones en construcción, la crisis venezolana volvió a funcionar como catalizador de una trama política y social de izquierda que parecía dispersa ante el avance de la ultraderecha continental encabezada por Trump y Javier Milei. Desde sindicatos y movimientos sociales hasta espacios progresistas y trostkistas, la respuesta a la ofensiva estadounidense empieza a articularse en clave continental, con un mensaje común: frente a la escalada militar y diplomática de Washington, la calle, la presión internacional y la coordinación regional vuelven a aparecer como las principales herramientas de resistencia.
MC
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