La relatora de la ONU denuncia que Israel practica torturas sistemáticas contra los palestinos
Pese a las sanciones de Estados Unidos contra ella, la relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, continúa cumpliendo el mandato que su puesto le asigna y este lunes ha presentado en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, su nuevo informe sobre la situación en los Territorios Ocupados Palestinos. Lo ha hecho tras participar en una conferencia sobre la persecución que sufren por parte de Washington defensores de derechos humanos como ella e integrantes de la Corte Penal Internacional.
En esta nueva investigación la relatora de la ONU se centra en la tortura sistemática que Israel aplica al pueblo palestino, no solo en las cárceles, sino en “todos los territorios”, a través de desplazamientos forzados, bombardeos, asesinatos masivos, privación “y destrucción de todos los medios de vida para causar dolor y sufrimiento colectivo a largo plazo”.
Poco antes de presentarlo, Albanese indicó públicamente, dirigiéndose a los Estados de Naciones Unidas, que “Israel representa una amenaza para la paz y la seguridad internacionales”, y añadió: “He documentado sus crímenes más atroces. Ahora, la obligación de actuar y detenerlos, salvando vidas inocentes, recae sobre ustedes”.
Herramienta del genocidio
Albanese detalla que esta práctica de “tortura sistemática” ejercida de diferentes maneras “es una herramienta para el genocidio”, bajo la Convención sobre Genocidio. La tortura es “integral a la dominación y el castigo infligido a hombres, mujeres y niños”. Con ella se está imponiendo “un régimen continuo, territorialmente omnipresente, de terror psicológico, diseñado para quebrar cuerpos, privar a un pueblo de su dignidad y obligarlos a abandonar su tierra”, alerta en su informe.
“Esto no es violencia incidental. Es la arquitectura del colonialismo de asentamiento, construida sobre una base de deshumanización y mantenida por una política de crueldad y tortura colectiva”, denuncia la relatora de la ONU. El informe destaca que los actos de genocidio han engendrado sufrimiento mental y físico permanente para los palestinos como grupo.
Esto no es violencia incidental. Es la arquitectura del colonialismo de asentamiento, construida sobre una base de deshumanización y mantenida por una política de crueldad y tortura colectiva
Campos de tortura
En su investigación Albanese advierte de que “desde el momento mismo de la detención” los palestinos son sometidos a abusos: vendados, inmovilizados violentamente, desnudados y exhibidos. En custodia, muchos están al aire libre o en jaulas, con esposas permanentes, sin acceso adecuado a higiene, comida o descanso.
La relatora ha tenido acceso a pruebas que documentan aislamiento, vendaje de ojos prolongado, privación de sueño, hambre y condiciones degradantes, así como una violencia física sistemática a través de ahogamientos simulados, palizas severas, fracturas de huesos, cuerpos colgados, quemaduras, posiciones forzadas, descargas eléctricas y uso de perros. A ello se suman una política de hambre, métodos de colapso psicológico durante los interrogatorio y violencia sexual generalizada, con violaciones, agresiones, desnudez forzada y abusos con objetos, incluidos contra menores.
El informe de la relatora de la ONU hace referencia también a una denegación de atención médica sistemática, con cirugías sin anestesia, enfermedades sin tratamiento y condiciones insalubres, y menciona casos concretos, como un caso documentado que muestra la muerte de un menor por desnutrición y negligencia. La aplicación de métodos de tortura no es solo un castigo, indica Albanese, “sino un mecanismo para destruir la integridad física y psicológica y debilitar a la sociedad palestina en su conjunto”.
“Aunque las condiciones son especialmente severas en los centros militares, la tortura es sistemática en toda la red de detención”, denuncia. Dentro de ello, hay colectivos especialmente perseguidos: activistas, médicos, dirigentes políticos, defensores de derechos humanos y periodistas.
La relatora de la ONU menciona palizas severas, fracturas de huesos, aislamiento prolongado, privación de sueño, hambre, ahogamientos simulados, cuerpos colgados, quemaduras, descargas eléctricas, uso de perros y violencia sexual
Cientos de trabajadores sanitarios palestinos han sido detenidos arbitrariamente mientras ejercían su labor estos dos últimos años. Entre los arrestados que han fallecido bajo tortura figuran médicos y personal sanitario. La relatora alerta de que “este régimen de crueldad ha sido implementado de forma coordinada por el Ejército, los servicios de seguridad, la policía y el sistema penitenciario”.
Un número sin precedentes de detenidos palestinos ha muerto bajo custodia y hay una propuesta de ley para imponer la pena de muerte a estos arrestados. El informe de la relatora de Naciones Unidas indica que las fuerzas israelíes han privado de libertad a comunidades enteras, incluyendo personas mayores, con discapacidad, mujeres embarazadas y niños.
En total, más de 18.500 palestinos han sido arrestados desde octubre de 2023, incluidos al menos 1.500 menores. Actualmente Israel mantiene en prisión a unas 9.245 personas en diversos centros de detención. De ellas, 1.330 tienen una condena, 3.308 están en prisión preventiva y 3.358 se encuentran en detención administrativa, sin cargos ni juicio. Además, más de 4.000 personas son víctimas de desaparición forzada “y es probable que muchas hayan muerto”.
Albanese denuncia que, durante meses, las autoridades israelíes se negaron a reconocer las detenciones y a proporcionar información sobre el paradero de los detenidos. A partir de mayo de 2024 introdujeron un mecanismo de localización, pero este solo puede activarse tras 45 días, por lo que las familias y abogados siguen sin poder obtener información fiable. Incluso el Comité Internacional de la Cruz Roja ha sido privado de acceso a los centros de detención.
La tortura y la intención genocida han sido articuladas desde el poder ejecutivo y normalizadas por instituciones y sectores sociales, convirtiéndose en una práctica colectiva.
Tortura en todos los territorios
Fuera de los centros de detención la población palestina también sufre una tortura sistemática, prosigue el informe de la relatora de la ONU. “El desplazamiento masivo, el asedio y el hambre, la violencia de colonos sin control y la humillación constante, todo ello bajo una vigilancia omnipresente, han infligido deliberadamente un sufrimiento colectivo”, señala.
Albanese establece una relación estrecha entre el genocidio y este tipo de tortura de gran envergadura, practicada como herramienta de genocidio con el objetivo “de provocar sufrimiento colectivo”, a través de un proceso de deshumanización: “Al aniquilar la condición básica de la víctima como ser humano, la tortura funciona como un arquetipo de exclusión de la comunidad humana”, advierte. También señala que “estas prácticas operan como un proyecto ideológico de destrucción social, normalizando la crueldad y persiguiendo el objetivo político de debilitar a la nación palestina”.
En ese sentido, “Israel ha convertido Gaza en un gran campo de tortura donde ningún lugar es seguro: ni hospitales, ni hogares, ni escuelas, ni campamentos de refugiados”. En sus conclusiones la relatora de Naciones Unidas destaca que la tortura forma parte de un marco más amplio de políticas “que buscan destruir las condiciones de vida y forzar la expulsión” de la población palestina e insiste en que los abusos extremos están normalizados por instituciones israelíes y sectores sociales, “convirtiéndose en una práctica colectiva”.
Estas prácticas de tortura operan como un proyecto ideológico de destrucción social, normalizando la crueldad y persiguiendo el objetivo político de debilitar a la nación palestina.
Una práctica colectiva
Albanese también subraya que desde los poderes legislativo, ejecutivo y judicial israelíes se han facilitado la detención arbitraria, el castigo colectivo y las prácticas abusivas. Además, se han rechazado recursos legales y se ha negado información sobre detenidos desaparecidos.
“Los abusos han sido públicamente defendidos y celebrados, parte del personal médico ha sido cómplice, participando en abusos o encubriéndolos, líderes religiosos han legitimado la violencia, reforzando su aceptación social y medios de comunicación han difundido un lenguaje deshumanizador, normalizando la violencia”, afirma.
Todo ello “configura un sistema social y político en el que la tortura es aceptada y justificada”, concluye. “En el territorio palestino ocupado, la tortura y la intención genocida que la impulsa son articuladas por el poder ejecutivo de Israel y habilitadas, justificadas y normalizadas por el legislativo y el judicial”, denuncia la relatora de la ONU, afirmando que “la tortura se ha convertido así en una empresa colectiva”.
Albanese señala que, de este modo, “la tortura es producida socialmente, defendida políticamente y absorbida públicamente como el derecho indiscutible del colonizador, donde una nación se cohesiona en celebrar la aniquilación de otra”.
La relatora de la ONU pide a los países que investiguen, juzguen y castiguen los crímenes israelíes y que rompan los vínculos que contribuyen a ellos
Petición a los Estados
Por ello la relatora de Naciones Unidas pide los Estados y a la comunidad internacional “actuar de inmediato para detener la destrucción en curso” y advierte de que “cada demora agrava daños irreversibles y consolida un sistema de crueldad” contrario al derecho internacional.
En concreto, solicita a Israel que detenga de forma inmediata toda forma de tortura, que desmantele el sistema de apartheid y permita el acceso de organismos internacionales y supervisión independiente.
A los países de la ONU les recuerda que no deben ser cómplices de violaciones del derecho internacional y les pide “investigar y castigar estos crímenes”, “aplicar jurisdicción universal”, “apoyar a las víctimas” y “romper vínculos con actividades que contribuyan a estas violaciones”.
Este fin de semana, antes de presentar este informe, la relatora de Naciones Unidas denunció que “Israel seguirá con su limpieza étnica contra los palestinos de todos los modos posibles –hambre, bombas, terror– a cualquier coste y a través de todo tipo de crímenes, hasta sea forzado a parar”. Lo hizo en referencia a las denuncias de los relatores de la ONU sobre acciones de Israel en Jerusalén que están “alterando la composición demográfica, el carácter religioso y el estatus legal” de la parte oriental de la Ciudad Santa.
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