OPINIÓN

La idea de Biden de liberar las patentes de las vacunas está bien. Pero todo el sistema está podrido

Los socios Pfizer y BioNTech buscan la aprobación plena de su vacuna (tienen sólo la de emergencia) de la FDA en EEUU: serían los primeros.

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El 2 de octubre -después de siete meses y con la cifra letal de más de 2.000.000 de muertes por Covid-19- los gobiernos de India y Sudáfrica solicitaron a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que emitiera una exención temporal del Acuerdo de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Trips), que prevé normas mínimas para la protección de patentes, marcas comerciales, derechos autorales y otros de propiedad intelectual, que garantizara el “intercambio mundial sin obstáculos de tecnología y conocimientos para el manejo de Covid-19”. En ese entonces, no se había aprobado ninguna vacuna para prevenir la propagación del virus. Sin embargo, los 100 países que se unieron a la petición de octubre durante los meses siguientes sabían entonces lo que se ha vuelto ahora evidente para todos: el sistema de patentes farmacéuticas es una máquina de matar.

En la actualidad, existe un apoyo amplio y creciente para la exención del acuerdo sobre el Trips de médicos, premios Nobel, senadores y una amplia mayoría de ciudadanos estadounidenses.  El miércoles, la administración de Joe Biden finalmente anunció su intención de apoyar alguna versión de la propuesta; un significativo cambio de rumbo en un momento en que se registra un aumento global de casos de Covid-19. “Las circunstancias extraordinarias de la pandemia de Covid-19 exigen medidas extraordinarias”, dijo la representante comercial de EEUU, la abogada Katherine Tai, comprometiéndose con “negociaciones basadas en textos en la Organización Mundial del Comercio.”

Sin embargo, una exención temporal es solo una solución temporal a una crisis permanente en el sistema de salud mundial. Cuando el sida estalló en todo el mundo en la década de 1990, los pedidos de medicamentos antirretrovirales genéricos accesibles para detener la pandemia en África se encontraron con amenazas y demandas de las corporaciones farmacéuticas. Y la pandemia de Covid-19 ciertamente no significa el final de esta crisis: desde el Sars -síndrome respiratorio agudo que ocasiona grave neumonía- y la fiebre hemorrágica del Ébola hasta las cepas mutantes de Covid-19, los epidemiólogos advierten que hemos entrado en una nueva era de pandemias.

Para aprender las lecciones de un año perdido por Covid-19 y prepararse para un largo siglo de recurrentes emergencias de salud, la suspensión temporal del Acuerdo de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Trips) debe dar paso a una transformación total del sistema de patentes farmacéuticas. Pausar los engranajes de la máquina de matar no es suficiente. Nuestra obligación es desmantelarlo.

Esa obligación le pertenece a EEUU más que a cualquier otro país. El gobierno de EEUU ha jugado el papel de arquitecto y ejecutor del régimen de propiedad intelectual, amenazando con sanciones en contra a países como Brasil, Tailandia y Sudáfrica porque se atrevieron a promover la producción genérica de medicamentos que salvan vidas.

Sin embargo, una abrumadora mayoría de votantes estadounidenses apoya una transformación más radical del sistema de patentes farmacéuticas. Una nueva encuesta de Data for Progress y Progressive International (PI) informó que el 59% de los votantes estadounidenses apoyan la renuncia a todas las protecciones de patentes para que se ponga en marcha la producción de versiones genéricas de medicamentos que salvan las vidas de los pacientes con enfermedades críticas, desde Covid-19 y VIH / SIDA hasta las cardíacas y diabetes.

Estas preferencias no son expresiones de caridad. Los ciudadanos de EEUU son algunas de las principales víctimas del sistema de patentes: según una encuesta reciente, uno de cada cuatro estadounidenses no puede comprar sus recetas debido a los precios astronómicos de los medicamentos. Es posible que la vacuna Covid-19 se haya proporcionado a los ciudadanos estadounidenses de forma gratuita esta vez. Sin embargo, no hay razón para esperar que el gobierno continúe pagando la factura cuando las cepas resistentes a los medicamentos regresen al país y envíen a millones de familias sin seguro al hospital para recibir tratamiento.

Las corporaciones farmacéuticas presionarán a nuestros representantes para que digan que están en la mejor posición para manejar estas pandemias, que lo que es bueno para la Asociación, fundada en 1958 que representa a las empresas de investigación y fabricación farmacéutica y biotecnológica, Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA), es bueno para EEUU. “Más que en cualquier otro momento de la historia, la sociedad está viendo y se está beneficiando de la innovación respaldada por la propiedad intelectual”, escribieron en una carta a Biden instándolo a rechazar la exención del Trips en la Organización Mundial de Comerio.

No obstante, los votantes estadounidenses, cuyos dólares en el pago de los impuestos financiaron el avance médico detrás de la vacuna Covid-19 de Moderna, al igual que el pago de los votantes de Gran Bretaña financiaron la de AstraZeneca, están diciendo que los criterios sostenidos en la carta es una vil mentira. Cuando se le preguntó si el gobierno de EEUU debería obligar a Moderna a compartir su tecnología de vacunas con fabricantes de todo el mundo, el 59% de los votantes de EEUU aprobó y solo el 27% se opuso, según la nueva encuesta de Data for Progress y Progressive International.

Los nuevos hallazgos reflejan una frustración creciente respecto a la prioridad que tienen las ganancias en el sistema de salud pública. No solo por las obtenidas por las corporaciones farmacéuticas en el curso de esta pandemia (Pfizer ganó U$S 3.5 mil millones con su vacuna solo en el primer trimestre de 2021), sino también por la negativa a invertir en medicamentos que salvan vidas y que no producen estos beneficios masivos. “Cuando los precios son tan bajos que excluyen las ganancias, las empresas abandonan el mercado”, informó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2017. La industria farmacéutica puede afirmar que la reducción de las protecciones de patentes obstaculizará la producción futura de medicamentos. Pero son los gobiernos los que han tenido que intervenir para catalizar la producción de vacunas, y el público ha asumido los riesgos.

No puede haber ilusiones sobre las perspectivas de una reorientación tan radical de la política exterior estadounidense. Si bien la agenda interna de Biden ha buscado romper con los dogmas pasados ​​de disciplina fiscal y desinversión pública, su política exterior ha resguardado en gran medida los marcos normativos sobre este tema heredados de Donald Trump y Barack Obama quienes ocuparon el cargo presidencial antes que él. Esto no es una coincidencia: la arquitectura de la gobernanza global fue diseñada para estar aislada de las presiones democráticas. Jan Tumlir, arquitecto del Acuerdo General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, describió el proyecto de la manera más clara: “Las reglas internacionales protegen el mercado mundial contra los gobiernos”.

Sin embargo, el poder no concede nada sin una demanda, y en momentos como estos, cuando el paradigma está cambiando y el presidente de EEUU parece dispuesto a empujar contra el viejo tercer carril de la política estadounidense, la identificación de la demanda correcta es tan importante como su articulación. La suspensión de las patentes de Covid-19 puede ser un primer paso esencial. Pero, como parecen entender los votantes estadounidenses, el camino para salir de esta pandemia es largo. Necesitaremos dar grandes saltos, para de este modo llegar hasta allí.

Traducción de Alfredo Grieco y Bavio

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