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ANÁLISIS

Países Bajos subestimó a la extrema derecha y la victoria de Wilders es la consecuencia

El líder del PVV, Geert Wilders, recibe un abrazo tras los resultados de las elecciones en Países Bajos.

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Dos cosas estaban claras meses antes de las elecciones en Países Bajos: el nombre del primer ministro y de decenas de parlamentarios iba a cambiar. 40 diputados, una cuarta parte de la Tweede Kamer (Cámara Baja), habían anunciado que se retirarían de la política nacional. Y más sorprendente aún, tres de los cuatro líderes de la coalición conservadora de gobierno también habían dicho que se iban.

Irónicamente, en este mar de cambios electorales el gran ganador fue el político de extrema derecha Geert Wilders, que pronto se convertirá en el diputado más veterano. ¿Cómo entender el terremoto político que dejó en primera posición a Wilders y al PVV, su partido? ¿Cómo afectará su victoria a la política neerlandesa y europea?

Las lecciones

La primera y más importante lección es una que los políticos del país ya debían conocer, porque se repitió una y otra vez a lo largo de las últimas tres décadas vez en Países Bajos y el resto de Europa occidental: si las elecciones giran en torno a la agenda de la extrema derecha, y especialmente, en torno al “problema” de la inmigración, la extrema derecha gana. Lo vimos hace poco en Suecia.

Otra enseñanza de las elecciones suecas de 2022 es que cuando la campaña gira en torno a la idoneidad para gobernar de la extrema derecha, la extrema derecha gana. En la última semana de campaña, cuando el PVV protagonizó un ascenso sorprendente en las encuestas, se publicó un artículo tras otro hablando del “tono más suave” de Wilders, que parecía haber suavizado sus “aristas más afiladas”.

Siempre ingeniosos pero casi nunca críticos, los medios holandeses hasta llegaron a referirse a él como Geert Milders [juego de palabras con el vocablo inglés milder, que puede traducirse como 'más suave']. En realidad, y como el propio Wilders subrayó en varias ocasiones, no era un cambio de programa, sino de estrategia. El político no moderó su extremismo, y mucho menos dio marcha atrás, en sus posiciones sobre la inmigración o sobre el islam. En vez de eso, lo que hizo es decir que en este momento hay “problemas mayores” que poner coto a la inmigración.

En última instancia, el responsable de la victoria gigantesca de Wilders es, irónicamente, Mark Rutte, su némesis personal. El primer ministro conservador saliente (del partido VVD) hizo saltar por los aires la coalición de gobierno por el tema específico de los solicitantes de asilo. Rutte desplazaba así el centro del debate, que hasta ese momento se había ubicado en la polémica sobre el uso de nitrógeno en la agricultura y la (supuesta) división entre campo y ciudad –que impulsaron a una formación populista del campo, el partido BBB, haciéndole obtener una victoria masiva en las elecciones provinciales de principios de 2023–. El VVD de Rutte confiaba en dominar la campaña si se volvía al tema de la inmigración y de la supuesta división entre nativos e inmigrantes.

En vez de eso, como ocurre siempre, el que ganó fue el PVV de extrema derecha. Como dijo hace casi medio siglo el francés Jean-Marie Le Pen, el pueblo siempre prefiere el original a la copia.

También contribuyó a la normalización de Wilders la decisión de Dilan Yeşilgöz-Zegerius, sucesora de Rutte al frente del VVD, de abrirse a la posibilidad de una coalición de gobierno con el político de extrema derecha con la esperanza de ocupar el cargo de primera ministra. Aburridos por una campaña que no levantaba pasiones, los periodistas holandeses se apresuraron a hablar de esa posibilidad. También hay que decir que Wilders supo hacer un excelente uso de sus oportunidades, mostrando su gran experiencia y habilidad política en entrevistas y debates.

Una nueva realidad

Pero la victoria electoral de Wilders puede terminar convirtiéndose en una derrota política. Yeşilgöz-Zegerius se había abierto a una coalición con Wilders como socio menor, pero en los últimos días de campaña dejó claro su rechazo absoluto a un gobierno bajo las órdenes del político de extrema derecha. Por otro lado, el partido Nuevo Contrato Social (NSC) del antisistema Pieter Omtzigt descartó por completo aliarse con el PVV de Wilders.

La magnitud de la victoria de Wilders y la enorme ventaja que su partido sacó al VVD, que quedó en tercer lugar, podría obligar al partido de Yeşilgöz-Zegerius a integrar una coalición anti-Wilders junto al NSC de Omtzigt y a la alianza progresista de Verdes/Socialdemócratas liderada por Frans Timmermans. El problema principal de esa posible coalición es que los Verdes/Socialdemócratas (GL/PvdA) son el partido mayoritario y exigirán el puesto de primer ministro para Timmermans. Esto podría provocar una sublevación de los miembros y votantes del VVD, el partido de Yeşilgöz-Zegerius, que tendió la mano a Wilders pero rechazó a Timmermans diciendo que “haría pedazos al país a base de impuestos”.

Sea cual sea la coalición que salga de las negociaciones, el papel de Países Bajos en el resto del mundo va a cambiar, y especialmente en la Unión Europea (UE). Con la marcha de Rutte, el líder político elegido democráticamente que más tiempo lleva en la UE, el país ya no tendrá tanto peso por encima de su capacidad como en los últimos diez años. En segundo lugar, aunque Países Bajos lleva tiempo sin ser un motor de la integración europea, bajo el liderazgo de Rutte las diversas coaliciones que en la última década gobernaron el país eran más ladradoras que mordedoras.

Con la clara victoria de partidos abiertamente euroescépticos, como el PVV y el NSC, el conservador VVD probablemente se centrará aún más en la política europea holandesa, lo que complica aun más las cosas en una coalición con el eurófilo GL/PvdA, y especialmente con Timmermans; así como con el liberal D66.

Pero, por el momento, Países Bajos tiene que aceptar una nueva realidad. Tras casi 25 años atendiendo al votante de extrema derecha, con el fin teórico de derrotar a los partidos de extrema derecha, el mayor partido del Parlamento es, con diferencia, una formación de extrema derecha. Más de 20 años después del ascenso del político Pim Fortuyn (asesinado en 2002), es posible que ya haya llegado el momento de que Países Bajos comience, por fin, un debate honesto y abierto sobre su problema con la extrema derecha.

Traducción de Francisco de Zárate.

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