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Opinión

Se casó en París el primer presidente gay de la Argentina

Franco Torchia

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Pedro Robledo, “el primer presidente gay de la Argentina”, usó el otoño parisino para casarse con el diseñador gráfico e ilustrador francés Antoine Nogueira. Fue a fines de noviembre en una oficina de la Comuna 19 de la ciudad de la luz, con cuatro amigas como testigos y una soirée de vinos y quesos al atardecer.

Amor a primera vista el del ex Secretario Nacional de Juventud del gobierno de Cambiemos con uno de los actuales responsables de la identidad de la superchic “Le bon marché”, la tienda emplazada en las cuadras de la belle époque parisina que inspirara la construcción de las vernáculas Galerías Pacífico. “Se me ha regalado una sonrisa permanente. Se me ha regalado un excelente compañero” escribió Robledo junto a una foto de los flamantes esposos besándose a la vera del Sena. En diciembre de 2021, si las cepas lo permiten, habrá fiesta en Buenos Aires.

Hacía siete años que no tenía novio. Víctima de una salvajada homoodiante en marzo de 2013 -en nombre del Papa Francisco y con la fumata que lo ungió aún humeante, un grupo de “fieles franciscanos” lo golpeó a él y a Agustín, su entonces pareja, en una fiesta en zona norte-, Robledo pasó a ser para muchos un problema, acaso resuelto con la imagen de los dos retratos que lo acompañaron cuatro años en su despacho oficial: el de Mauricio Macri al lado del de Cristina Fernández de Kirchner (tras aquellos golpes, la ex presidenta l recibió en Casa Rosada).

Antoine nació en Bordeaux, al sur de Francia, hace 25 años. Pedro en Olivos, pero se crió en Boulogne, hace 29. La Francia de acá y la de allá cruzó los destinos de “les tórtoles”, que discuten de política y logran ir juntos a algunas marchas. Antoine reivindica los ideales de la izquierda europea y Pedro contrarresta con posturas de centro progresistas. Entre ellos, se comunican en un inglés afrancesado. A la hora de los “temas que importan”, cada uno se defiende en su lengua natal, confiándole a la comunicación extraverbal el énfasis que imponen ciertas diatribas de alcoba.

Becado a comienzos de 2019 por el fondo norteamericano de inversiones Blackstone para cursar en China una Maestría en Asuntos Internacionales con especialización en Finanzas -en rigor, management y geopolítica- Robledo fue testigo del nacimiento de la pandemia del Covid-19. Y en enero, de viaje de estudio por el sur, vio irrumpir al ejército chino en el espacio público. El resto ya es historia. El virus lo expulsó hacia Nueva York, de allí a Amsterdan –donde vive uno de sus hermanos- y de allí a París sin vuelos de repatriación. Y si bien ya venía charlando con Antoine, las tres semanas de confinamiento inicial decretadas por el presidente Emmanuel Macron sellaron la unión. En ese contexto, además, el ex responsable de Jóvenes PRO recibió una oferta de trabajo de una firma holandesa dedicada al agua.

“Deberíamos hacer más y hablar menos” fue una de las consignas de propaganda de Deng Xiaoping, sindicado como el sucesor de Mao Tse Tung y líder máximo de la República Popular China desde 1978 hasta su muerte, en 1997.

Sobre su gobierno -“arquitecto general de la reforma y la apertura de China”, responsable de sacar a 800 millones de personas de la pobreza“- trabajó Pedro Robledo en su tesis, una investigación académica que le dedicó a Mauricio Macri. Cuando el ex presidente, hace algunos meses, le dio una entrevista al periodista Joaquín Morales Solá en TN, citó a Xiaoping. Y cuando hace días, un viernes, Robledo volvió al país de visita, llegó con un regalo: una biografía de Deng Xiaoping que ese mismo lunes, reencuentro personal mediante, Macri tuvo en sus manos.

A esa reunión, como hace años a una entrevista en Infobae, el fan de Julieta Venegas asistió con un look que activó críticas varias: sandalias franciscanas y pantalón pescador. Desafíos interpretativos, una vez más. Ya en épocas de gestión en la Ciudad de Buenos Aires, “Peter” era para buena parte de su partido, “el zurdo”. Para La Cámpora, por el contrario “el cheto”. Grasa e informal para los primeros; europeizante, blanco y bastante etéreo para los segundos. En 2017, una foto con el Diputado Nacional Facundo Moyano y una serie de iniciativas transitoriamente compartidas desubicó aún más a la mariconería local.

A propósito de lecturas y sentidos, últimamente Robledo descubrió “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano y subrayó “Ética a Nicómaco” de Aristóteles, sobre todo el prólogo del escritor español Fernando Savater.

Todavía en Europa, conversó por teléfono en plan autocrítico con Marcos Peña y ya aquí, visitó a Horacio Rodríguez Larreta y a Carolina Stanley.

Todo poder es heterocentrado y el heterocentrismo es el régimen político definitivo de la Argentina. Todo partido político tiene altos índices de patriarcalidad en sangre. Y el matrimonialismo es el único diálogo interdirigencial del país. Para la Argentina, la familia es la unidad básica. Y con o sin papeles, el “casorio” también. En la imaginación estatal imperante, la pareja es la célula propulsora capaz de sacar adelante un país. Toda apelación política es una apuesta a la conservación de ese órgano.

En 2014, imaginarse como primer Jefe de Estado gay, transformó a Pedro Robledo, una vez más, en título periodístico rendidor. Por ese entonces (hoy también) pocas figuras políticas circulaban públicamente como personas sexodisidentes. Mientras la discusión estriba en leyes y políticas públicas de un gobierno o del otro, la cima de la gestión siempre obliga a normalizar. Gobierne quien gobierne. Antes que económica o social, la estabilidad debe ser vincular.

Estética. Afectiva. Dar tranquilidad. Transmitir solidez. Estar acompañado. Tener familia. Disonancia no es disidencia. Se puede sonar distinto y lucir en consecuencia, pero eso es todo ante el padrón electoral.

Ahora las redes rechazan (o festejan) la creación de la agrupación LGBT “La Puto Bullrich”, simpatizantes gays, lesbianas y trans de Juntos por el Cambio identificados con “las ideas de libertad de Patricia Bullrich” tal como se lee en Instagram. Para vastos sectores contrarios al PRO -las enormes franjas del activismo de la diversidad sexual autodeclaradas kirchneristas- Robledo siempre fue el objetivo. Es evidente que concentrados en él, no pudieron ver venir a “La Puto Bullrich”, confluencia de liberales, con neoliberales, con securitistas y con especialistas. Si la presencia de Robledo resultaba insoportable, ¿cómo piensan reaccionar ante estos nuevos ramales ideológicos, ya sí terminantemente provocadores?

A sus amigos, Robledo les cuenta que se casó también por los papeles, como ha hecho siempre la maquinaria hetero. Usar la unión matrimonial para aquello para lo que fue pensada, esto es, la supervivencia republicana.

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