Megamineria Opinión

Chubut se incendia, Wall Street festeja

Manifestación en contra de la megaminería en Rawson, capital de la provincia de Chubut.

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Chubut se incendia, pero Wall Street festeja. La acción de Pan American Silver subió el jueves más del 8 por ciento y el viernes cerró 2,18 por ciento arriba, a pesar de que fue un día terrible para los principales índices bursátiles. En una provincia donde ni el gobernador ni los legisladores ni, acaso, los miembros del poder judicial pueden caminar tranquilos, mirando a los vecinos a la cara con la frente en alto, todo esto parece una mala remake de un clásico libreto colonial.

“Pan American Silver informa de la modificación del estatuto de la ley minera en Chubut”, se escribió en un comunicado de prensa en Vancouver, Canadá, donde la minera tiene su sede principal, y el mercado celebró.

Tras varias de jornadas de protesta, que en muchos momentos se volvieron violentas, el denominador común que se escuchaba en voz de la gente en Chubut era la angustia. Y también la desolación por haber visto avasallada la institucionalidad de la provincia, que se considera a sí misma democrática, de un plumazo y de sorpresa.

Sin embargo, con el diario del lunes, está claro que todo se realizó de manera profesional y meticulosa, y que nada estuvo librado al azar, ni siquiera la elección del momento. Primero, la legislatura aprobó varias leyes destinadas a poner obstáculos al accionar ciudadano de la justicia, entre ellas, una norma que impedir que se presente una acción de amparo contra la zonificación que fue sancionada hace sólo unos 10 días. Ningún juez de primera instancia podría bloquearla con una cautelar presentada por las organizaciones de base.

Luego, el gobernador Mariano Arcioni decretó un asueto para jueves y viernes. Y el sábado, según anuncia la página oficial del gobierno de la provincia, los empleados estatales cobrarán el aguinaldo.

Aun así, Arcioni tuvo que promulgar la zonificación a escondidas, sólo sonriendo para una cámara de prensa oficial. Y eso, para una ley que se supone que traería fabulosos beneficios a la provincia. Nada de actos oficiales, cortes de cinta, escolares uniformados escuchando cómo le construirán el futuro. Ayer, hizo un breve discurso editado con imágenes de destrucción y habló de una “pandemia de violencia”, una cosa que si se piensa cinco minutos, ni sentido tiene.

Así como la megaminería contribuyó a arrasar la institucionalidad democrática, que a los argentinos tanto nos costó construir, se dedicaron también meticulosamente todo este tiempo a ir tendiendo los caminos, posibilitando la infraestructura y adquiriendo la maquinaria para poder operar rapidito, porque el capital no espera. Lástima que, para ellos, a pesar de todo el esfuerzo, les sigue faltando algo clave: la licencia social.

Todos los manuales de Responsabilidad Social Empresaria, que les permitiría conquistar corazones, le estarían fallando. Incluso, hasta cuando aparecen con tanques para repartir agua en las localidades vecinas que ya se han quedado sin ella. 

No hay que explicarle a nadie cuán importante es el agua en un desierto. Y el agua será el elemento central, no el único, de la explotación de plata, cobre y plomo que parece asomarse en Chubut. 

En 2017, cuando dos vendavales seguidos destrozaron la capital argentina del petróleo, Comodoro Rivadavia, todo el sistema hídrico de la provincia quedó afectado. No se podía potabilizar el agua, y faltaba tanto, que la gente se la robaba a los vecinos del tanque, la sacaba de las fuentes de la rotonda. Cuando se aprobó la zonificación minera, esas imágenes infames de esa “guerra del agua” regresaron a la memoria de todos. Esta vez, como una postal del futuro.

MA/PxP

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