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Elecciones 2023
Los movimientos en el peronismo

Sin Cristina, arde el laboratorio electoral del PJ: la duda de Alberto que inquieta a Massa y a Scioli, y la migración del voto K

Alberto Fernández en el avión presidencial

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Renunciamiento o proscripción, el origen es diferente pero el resultado político es el mismo: Cristina Kirchner no estará en las boletas del peronismo del 2023 y su ausencia, que despejó la principal incógnita electoral del año, abrió un océano de incertidumbres para el oficialismo. A 168 días del cierre de listas, que opera la medianoche del 24 de junio próximo, el menú de postulantes presidenciales sigue casi vacío, una anomalía pejotista.

- Alberto no puede ser, Cristina no quiere ser, a Sergio no le va a ir bien con la inflación... el candidato voy a ser yo.

El diagnóstico lo hizo, con sus modos susurrantes, Juan Manzur, el jefe de Gabinete. Aunque pactó con su actual vice tucumano, Osvaldo Jaldo, ser el futuro vice tucumano, Manzur aparece como uno de los más movedizos, y en privado explícitos, sobre las candidaturas que vienen. Como el resto del ecosistema peronista, de Massa a Daniel Scioli y Alberto Fernández, el tucumano vio en la deserción de Cristina una luz y una oportunidad.

Pero, se sabe, Manzur no rankea: su nivel de conocimiento es bajísimo, su imagen tiene un ratio negativo y su intención de voto se diluye en los “otros”. Puede, sin embargo, abrazar un mandamiento que en Chapadmalal, en una charla chiquita, lanzó Alberto. “Si hay uno que mida mejor que yo, seré el primero en correrme. Pero todavía no aparece...”. El planteo inicial es otro: no hay candidatos y, por tanto, toda medición nominal es volátil.

Aparecen algunos datos que sirven como pistas. elDiarioAr sondeó a consultores y consultoras, observó investigaciones, algunos en plena confección, otros recién hechos, y conversó con analistas. De ahí se desprenden, en la tempestad, algunos indicios.

"Tenés que dejar de criticar a Alberto, porque te vas a terminar pareciendo a Alberto cuando dejó el gobierno de tu vieja y se la pasaba criticándola", le dijo "Pepe" Albistur a Máximo Kirchner

Uno, puntual: el panperonismo retiene, aun sin Cristina, su caudal de votos. La vice era, por lejos, la figura más taquillera del universo FdT. Su corrimiento de las boletas no produce deserción de votantes pero, aunque se ofrezca en su lugar un menú variado, tampoco genera un incremento de votantes. Traducción: nadie se va, pero nadie nuevo llega. Tras el shock de su renunciamiento, retener el caudal aparece como una fortaleza. Se corona como “voto duro” y confirma la tesis del piso que, algunos como ARESCO ubica -por la sumatoria de varios candidatos- en 35 puntos, y otros, como Fixer, proyectan en 26 puntos, mientras que Synopsis estima algo más de 30%. La consultora Dicen mapea parecido: si Cristina está en la cancha, se queda con 28 de los 31 puntos del FdT. Sin CFK, escenifica una hipotética PASO entre Scioli y Massa, que retiene todo lo de la vice y ofrece una batalla atractiva. La investigación mide al exgobernador con 19,9 y al ministro de Economía con 10,7%

El voto K

Axel Kicillof es la figura del universo K que más y mejor espeja el voto de Cristina. Dos consultoras, Aresco y Fixxer, midieron cómo se ordenaba el corrimiento del voto de Cristina sin Cristina en el menú y confirmaron esa tesis. Hay, es cierto, un atajo metodológico en la decisión de ubicar en la oferta al gobernador. Pero cuando se lo mide junto a Eduardo “Wado” De Pedro, Kicillof lo triplica en el imán de votos. Derivaciones: es corta la oferta K y, además, Kicillof -con el respaldo de Cristina- solo mira a la provincia de Buenos Aires, con su plan de reelección, y no contempla ninguna hipótesis de ser candidato a presidente. Siempre hay, claro, un salvoconducto: “Axel trabaja para reelegir como gobernador, queremos continuar pero la jefa del espacio es Cristina”. Ese pero.

ARESCO tiene, como mecánica, medir candidato X con el apoyo de Y. Se intuye otro resultado: cualquier postulante, si cuenta con el respaldo de la vice, atrae a la inmensa mayoría del votante cristinista. La duda es si, luego de la experiencia Alberto, Cristina repetirá el experimento.

En los ensayos, se observa el siguiente corrimiento. Según ARESCO, la vice medía 20 mientras que Massa y Alberto estaban, cada uno, en 7 puntos. Sin Cristina, Axel aparece con 15 puntos, Massa crece a 9 y Alberto sube a 8, y hay un “otros”. Para Fixer, sin la vice, Kicillof se queda con 12 puntos, Massa 9 y De Pedro 4.

Un estudio de Synopsis, casi anticipatorio, midió a fin de noviembre cómo se repartiría el voto de Cristina entre candidatos no K: de los 22 puntos potenciales de la vice, 7,6% migraban a Alberto y 5,5 a Massa, 2,6 a Scioli y 0,5 a Manzur. De ese modo, Synopsis proyectaría una especie de empate Massa-Alberto.

Hugo Haime tenía a la vice con 20 puntos y a Massa y Alberto con 6 cada uno. Sin la vice, detecta una paridad entre el presidente y el ministro, en el orden de los 12%, con Wado muy lejos en 3 puntos. En el mundo “otros” entran Manzur y Scioli quien, según una conversación que ambos niegan, alguna vez habría analizado con Fernández un acuerdo para que, en caso de que el presidente no busque repetir, ese lugar lo ocuparía él. En la larguísima sobremesa, más de cinco horas, del almuerzo en Chapadmalal, Scioli pareció atentar contra su propia expectativa cuando dio a entender que Lula Da Silva quiere que Alberto busque su reelección.

Potenciales

“Axel va a la provincia, Wado va de primer senador nacional. Cristina no bendice a ningún candidato presidencial y deja que se resuelva en una PASO”, teoriza, quizá porque es el escenario que a él le agrada, un dirigente que trabaja con uno de los potenciales. Es una música repetida en determinados despachos: que Cristina no bendecirá una boleta, o al menos no se abrazará a una sola, sino que dejará jugar con la única salvedad de que ordenará la provincia de Buenos Aires.

Sobre otro asunto incómodo: si bien dejó de repetir que buscará su reelección, Fernández no dijo lo contrario por lo que cualquier movimiento dentro del dispositivo FdT, puede leerse como un desafío. Esa pausa del Presidente genera inquietud e incomodidad en otros candidatos. A eso se atribuye que, todavía, no haya más manifestaciones de candidato. Veamos algunos casos. Scioli, que arrancó con su Bristol test en Mar del Plata, se mueve pero no dice que es porque, verticalista, dice que no hará nada hasta tanto no se defina Alberto: si busca su reelección, él lo apoyará, si no lo hace, saldrá a jugar. El exgobernador tiene, a priori, un beneficio: no necesita instalación, su conocimiento es absoluto en todo el país.

Massa, aunque manda a decir que no será, está en una trampa parecida a la de Scioli: aunque dependa de su desempeño en Economía, ¿puede, como ministro, convertirse en candidato mientras su presidente siga alimentando la tesis de reelección?

Massa, aunque manda a decir que no será, está en una trampa parecida a la de Scioli: aunque dependa de su desempeño en Economía, ¿puede, como ministro, convertirse en candidato mientras su presidente siga alimentando la tesis de reelección? Hasta De Pedro, en lo formal, se cuida de no hacer una declaración explícita de que es candidato presidencial. Esa gestualidad debe ser la única que queda en el ecosistema Cristina. Lo refleja la omisión de Fernanda Raverta, que el jueves pasado durante un acto en Mar del Plata, mencionó a “nuestra querida vicepresidenta”, a Néstor y hasta a Alicia Kirchner pero nada dijo del Presidente. “Es una irrespetuosa”, dijo un albertista. Otro, más intenso, dijo: “Si está tan incómoda ¿por qué no deja el cargo?”.

A Raverta la cruzó, al instante, Victoria Tolosa Paz, que al día siguiente compartió acto y caminata con De Pedro en Villa Gesell. Tenían agenda encimada y Gustavo Barrera, intendente local, decidió juntarlos: hubiese sido más ruidoso que estén en el mismo lugar y se eviten, que mostrarse y posar juntos. Enrique “Pepe” Albistur, pareja de Tolosa Paz, es uno de los enlaces que queda entre el mundo K y Alberto. Máximo Kirchner estuvo en su cumpleaños, donde contó que le había mandado un mensaje a Fernández por el episodio de salud que tuvo en Bali y que, descenso de 11 kilos mediante, parece estar superado.

-Tenés que dejar de criticar a Alberto, porque te vas a terminar pareciendo a Alberto cuando dejó el gobierno de tu vieja y se la pasaba criticándola - le dijo, expansivo, Albistur.

Risas nerviosas.

El adiós al sello

“El peor candidato del FdT es el FdT”, dice Lucas Romero, de Synopsis y pone foco en un rasgo: por que fue un experimento fallido, porque dejó de ser un frente y no es de todos, o por otras razones, la marca Frente de Todos mide mal y parece condenada a desaparecer. La consultora Proyección mide de manera sistemática, en provincia de Buenos Aires y entre las particularidades que registra hace un tiempo está que Kicillof mide mejor que el FdT como sello. En los últimos días, apareció por redes una identidad electoral que se atribuye al peronismo. Nadie se hace cargo de su propiedad. Se trata de Un País y recuerda a 1 País, la que usaron Massa y Stolbizer en las legislativas del 2017 en la provincia de Buenos Aires y otros distritos. Lo que se da por hecho es que el sello FdT no volverá a usarse en el 2023, aunque se siga invocando como expresión de la unidad del panperonismo. O, salvo que ocurra otra cosa: que se rompa todo en la coalición oficialista y algún sector quiera “usufructuar” lo que expresa el FdT y se lo quiera quedar.

Sobre PBA apareció, filtrado por sectores del PRO; un sondeo de Isonomías que aporta datos interesantes: en un mano a mano, polarizado, Kicillof y Diego Santilli están empatados aunque si se abre la oferta, el gobernador le saca 4 puntos. A su vez, refleja que Santilli casi duplica en el ejercicio de “pisos y techos electorales”, insumo para la interna del PRO aunque, se sabe, la elección de gobernador, en la medida que es simultánea a la presidencial, varía según la boleta entera. Explora, Isonomías, el factor credibilidad y si ese indicador fuese determinante para ser candidato, podría explicar el renunciamiento de CFK y a la vez anticipar la deserción, inevitable, de Mauricio Macri de cualquier intentona electoral.

La economía, estúpido

Con primeros sacudones en la campaña de verano, con JxC en proceso de asimilación de sus internas -sobre todo el efecto de la filtración por el hackeo al teléfono de Marcelo D'Alessandro-, en el oficialismo arde el laboratorio electoral pero todo aparece atado a un solo fenómeno: la hipótesis de que la economía dé señales, no solo de estabilización, sino sobre todo de repunte, al menos tendencial. La economía se simplifica, incluso, en un segmento específico: la inflación.

Haime hizo un ensayo sobre cómo impactaría un cambio en ese aspecto y registró que ante una baja pronunciada de la inflación, se modifican las tendencias: de perder 36 a 31, el FdT da vuelta el resultado -siempre según la sumatoria de candidatos- y pasa a ganar con 36 puntos. Ese hecho tendría a un beneficiario directo, sobre todo si es observado como el constructor de ese bienestar. En Synospis y en Fixer ponen, también, el foco en lo económico como última variante que puede mejorar la competitivdad del oficialismo. Más simple: no hay alquimia electoral que mejore las chances del Gobierno si no hay una mejora en el bienestar económico.

Aunque ocurra, algo que muchos creen que no ocurrirá, juegan también los tiempos. En la presentación que hizo ante un grupo de dirigentes y funcionarios, el consultor hizo una referencia histórica: recordó que cuando Carlos Menem y Domingo Cavallo pusieron en marcha la convertibilidad, que generó un efecto inmediato en el freno de la inflación, la percepción de mejora tardó tres meses en llegar a la opinión pública. Si ese plazo se toma como referencia, en mayo el Gobierno debería haber logrado generar una tendencia de optimismo para que eso reporte en las primarias de agosto.

Hubo, en el último tiempo, una mejora “marginal”, según coinciden en Synopsis y en la consultora Inteligencia Analítica, en la imagen del Gobierno y, según esta última investigación, de Massa como el ejecutor del ordenamiento de la economía. Pero el mapa del votante sigue roto y, al final, salvo una recuperación notable, una hipótesis de balotaje beneficia a la oposición. Claro que ahí hay otro juego: Horacio Rodríguez Larreta, que se vio más de una vez con Mauricio Macri en Cumelen, pasó de creer que no existía interna competitiva en JxC a tratar de que Patricia Bullrich no compita. “Horacio todavía no cambió el chip: él siempre armó una estrategia para la elección general pero, en medio, se le apareció Patricia”. Ese es, quizá, el rasgo más potente del 2022 opositor: Bullrich logró instalar la idea de que está mano a mano con Larreta. Y que si quieren sacarla, tiene a la mano la opción Milei.

PI

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