Larreta le jura al establishment que aprendió del error de Macri

Larreta: "Si no logramos construir un consenso mayoritario que garantice la estabilidad, nadie va a invertir en la Argentina".

El larretismo ya lo relata como un cuentito con moraleja. Si hasta el miércoles pasado era una fábula de circulación reservada, el alcalde la explicitó en Costa Salguero ante los principales CEOs de la Argentina. El relato dice así: Mauricio Macri ganó con el 50 por ciento de los votos, pero gobernó con el apoyó del 35 por ciento del sistema político. El egresado del Cardenal Newman creyó que polarizar con el kirchnerismo le alcanzaba para partir al peronismo y seducir al resto de la sociedad despolitizada. Una estrategia que le evitaba la molestia de convidar el poder a sus aliados, ya sean radicales, lilitos o peronistas portadores sanos. O, en sus propias palabras, enunciadas antes de enemistarse definitivamente con Sergio Massa, con el “peronismo racional”.

Siguiendo esa receta simple, Macri podía prescindir de instrumentar un gobierno de coalición. La fórmula se comprobó con éxito en las legislativas de 2017. Su gestión amigable hacia el mercado a su vez resultaba plebiscitada por los votos hasta en la provincia de Buenos Aires. Así, el ingeniero de la UCA daba por terminado el ciclo kirchnerista, un accidente en la evolución de la historia, según su mirada. En adelante, el núcleo duro de la expresidenta quedaría reducido a una tribu de fanáticos electoralmente impotentes. Dos años después, el cálculo macrista fracasó de manera estrepitosa.

Ahora, Horacio Rodríguez Larreta jura haber aprendido de esa experiencia traumática para el PRO. El alcalde estima que su acceso a La Rosada se parecerá al de Macri: por balotaje y con la mitad más uno de los votos. La enorme diferencia llegaría después. A diferencia del fundador del espacio amarillo, el alcalde aspira a gestionar con el aval del 70 por ciento del sistema político. Ese colectivo incluye una porción del peronismo que al momento forma parte del Frente de Todos. Un ministro porteño lo resume de esta forma: “Aprendimos que es posible llegar a la presidencia, pero que eso no alcanza para poder gobernar”. 

Con camisa blanca y saco azul, el alcalde lo aseguró en el coloquio de IDEA: “Hay que poder convocar al resto a un gobierno de coalición, que represente al 70% del sistema”. En una suerte de lanzamiento presidencial no verbalizado, aclaró que su plan de un acuerdo amplio "no implica llegar al 70% de los votos, porque eso tampoco es bueno para el equilibrio democrático. Lo que hay que tener, si llegamos al 23, es convocar al resto que represente el 70% del sistema. Es la única forma de sostener un plan a largo plazo incluso sosteniendo la alternancia. Como pasó en Chile y España para la salida de la dictadura y el franquismo ".

Para el alcalde, esa es la única vía para lograr una carambola de tres pasos: ganar las elecciones; establecer una alianza que garantice gobernabilidad; e imponer una serie de reformas consideradas necesarias ya la vez reclamadas por el establecimiento. Por ejemplo, una nueva legislación laboral, fiscal y previsional.

“Vamos a llegar a 2023 con la gente convencida de que hacen falta las reformas. Pero si no es así, podemos implementar una consulta popular al respecto ”, explicó el economista y candidato a diputado por la Capital Martín Tetaz. La afirmación de Tetaz se dio en el ciclo "Medio Término: Rumbo a las elecciones", organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham). Frente a periodistas y empresarios, el candidato radical dio detalles sobre su mirada de la situación política y económica.

“Se adelantó todo. El 2023 se dio en 2021. Y vamos a gobernar con mayoría en ambas cámaras. No es como pasó en 2015, que Mauricio Macri gastó los dos primeros años en sumar gobernabilidad ”, afirmó exultante. No es el único dirigente cambiemita que percibe esa modificación del sentido común en favor de las reformas de mercado. Si en la campaña de 2015 Macri escondía su agenda ideológica, en el 2021 Larreta blanqueó su intención de terminar con las indemnizaciones por despido. Y lo hizo antes de ir a las PASO. El empleo registrado a la baja desde hace una década amortigua el impacto antipático de ese discurso.  

Amigo de Sergio Massa, Rodríguez Larreta apuntó su mensaje en el coloquio de IDEA hacia los dirigentes y los grupos sueltos del peronismo. Pero también hacia aquellos que, tras la paliza de las PASO y la crisis de convivencia en el Frente de Todos, comienzan a considerar que por fuera del oficialismo hay algo más que un desierto. 

“Tenemos que peronizar al PRO. Volverlo más amigable. Vamos a mostrar que respetamos la política, a diferencia de Macri. Y que no representamos un salto al vacío. El peronismo sometido por el kirchnerismo ya ve de forma distinta a Horacio que a Mauricio ”, se ilusiona uno de los armadores de Rodríguez Larreta. 

En paralelo al trabajo de Patricia Bullrich como presidenta del PRO, el larretismo organizó una mesa nacional personalizada. Su único objetivo es promocionar a Larreta por fuera del AMBA rumbo a La Rosada. No acumulan para Juntos por el Cambio. Cuentan con un catecismo exclusivo: volver presidente a Larreta. En el grupo de varones se llaman así mismos “los facilitadores”. El título busca exhibir humildad, en contraste con los tiempos en los que Marcos Peña daba órdenes y bajaba línea federal desde la Capital. Los facilitadores de Larreta en el interior son: el Secretario de Ambiente porteño Eduardo Macchiavelli; el subsecretario de asuntos interjuridiccionales Maxi Corach, hijo del mítico menemista Carlos Vladimiro; el exviceministro de Desarrollo Social de Carolina Stanley, Carlos Pedrini; el expresidente de ACUMAR Lucas Figueras; el exdiputado Marcelo Wechsler; el legislador Esteban “Larry” Garrido; más los dirigentes Marcelo Cano y Antonio Demarco. La mayoría tiene origen peronista. Y todos comparten un atributo: el perfil bajísmo. 

En la semana saltan de provincia a provincia. Preparan las condiciones para que, entre viernes y domingo, el jefe se tome un avión para empujar a los candidatos cambiemitas. Este fin de semana, al alcalde porteño le tocó visitar San Juan, San Luis y Mendoza

En sus recorridas provinciales, los ángeles larretistas exportan el know how porteño: le ofrecen a los candidatos que quedarán en carrera sus servicios. ¿Cuales? Las herramientas de comunicación segmentada, focus group y expertise de campaña. “No vamos a decir cómo son las cosas. Primero escuchamos y después colaboramos ”, revela uno. 

En JxC se ilusionan con ampliar la ola de triunfos de las PASO. En Formosa, la oposición cerró un acuerdo para que la peronista disidente Gabriela Neme baje su lista y apoye a JxC. La coalición quiere sumar una victoria de peso simbólico: derrotar al espacio de Gildo Insfrán. En La Rioja, el diputado PRO Julio Sahad hizo lo mismo que Neme. Tras sacar solo 11 puntos, declinó su postulación para favorecer a la lista de la UCR y pelearle el primer puesto al peronismo.

Mientras, el economista Hernán Lacunza prepara una suerte de plan de gobierno tentativo para el 2023. “El 2023 depende mucho de las condiciones que hoy no están claras, con una dinámica muy errática del programa actual”, se atajan cerca de Lacunza. Pero lo cierto es que el director actual de la consultora privada Empiria se reúne cada dos semanas con el alcalde porteño y los encuentros organizacionales con otros economistas, con empresarios y potenciales inversores. El establishment argentino todavía tiene bajo estudio a Larreta. Lo mira con una mezcla de ilusión y desconfianza, tras la experiencia fallida de Macri. Pero el alcalde jura que aprendió la lección. 

AF

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