La otra cara del desgaste de Adorni

El fallo de YPF y el desgaste del Gobierno: el peronismo huele 2027

Axel tenía razón. Fin”. Andrés “Cuervo” Larroque fue el primero en salir a capitalizarlo, pero desde que la Cámara de Apelaciones de Nueva York falló a favor de la Argentina por la expropiación de YPF todo el peronismo vive en un estado de algarabía. El “teníamos razón” se repite en los despachos de todas las terminales del panperonismo como quien dice “hay 2027”. No porque impacte en la opinión pública –la mayoría de las encuestas no registraron que mueva el amperímetro social–, sino porque se apoya en otra buena noticia, la verdadera: la novela patrimonial de Manuel Adorni y el derrumbe ininterrumpido de la imagen del Gobierno en el último mes. 

Para Axel Kicillof fue el puntapié con el que robustecer su proyección nacional. El ex ministro de Economía durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se sacó de encima una de las mochilas más pesadas que podía arrastrar de camino a 2027 –el fallo de la jueza Loretta Preska que condenaba a la Argentina a pagar más de 16 mil millones de dólares– y la reconvirtió en un insumo de campaña. Brindó entrevistas y conferencias de prensa y revalidó la decisión política de haber expropiado YPF. Se subió a un avión a Tierra del Fuego, participó de la vigilia por Malvinas y se fotografió junto a los gobernadores Ricardo Quintela y Gustavo Melella

El gobernador bonaerense aprovechó, capitalizó y se mostró presidenciable. No fue el único: el cristinismo y La Cámpora también salieron a reivindicar la decisión de expropiar YPF en 2012. “La recuperación del 51% de las acciones de YPF no fue un capricho ideológico, sino un acto de supervivencia energética”, destacó Máximo Kirchner, quien aprovechó para presentar un proyecto de ley con el objetivo de blindar simbólicamente la expropiación. En un contexto de atomización e internismo, el fallo de la Justicia norteamericana le permitió al peronismo volver a levantar la bandera de la soberanía energética. 

Hace un mes perdíamos las elecciones, pero hoy es otro escenario. Tenemos que ponernos de acuerdo en tres puntos entre todos y acordar que el próximo candidato no va a ser un Alberto Fernández que solo quiera poner parches, sino que venga a transformar la Argentina”, se entusiasma una cristinista paladar negro, que habla a diario con CFK y que, en febrero, se mostraba convencida de que Milei reelegiría en 2027. 

Cristinistas, kicillofistas y massistas coinciden en un punto: el clima político cambió en el último mes. Las encuestas y trackings de humor social que reciben semanalmente, que no son las que se publican, registran que la caída de la imagen de Milei no tiene piso. El impacto del escándalo patrimonial de Adorni, sumado al aumento del desempleo y la caída de los salarios, representan un cóctel fatal para un Gobierno que no logra encontrarle salida a su propia crisis interna.

Según la última encuesta que llegó al despacho de Sergio Massa, por ejemplo, la imagen positiva de Milei cayó a un 34%. La negativa, en cambio, subió a un 55%. Es el peor registro desde que asumió, solo comparable al derrumbe de septiembre de 2024, cuando La Libertad Avanza perdió la elección bonaerense. La consultora con la que trabaja Massa, además, le pregunta a sus encuestados a quién votarían si el domingo próximo se repitiera el ballotage de 2023. En marzo, por primera vez desde que empezó a hacer la pregunta en mayo de 2024, la respuesta mayoritaria fue a Massa. 

El peronismo se entusiasma con esos datos, pero no termina de definir qué hacer con ellos. “Falta poco”, prometieron, cada uno por separado, Massa y Kicillof en la marcha del 24 de marzo. El diagnóstico es similar, pero las estrategias difieren. Massa apuesta a diferenciarse, a apelar al votante del centro que se desencantó de Milei y que no termina de responder a la agenda del kirchnerismo duro (un ecosistema en el que incluye tanto a Kicillof como a Cristina). “Hay un 6% del electorado que va a definir la elección. Para hacer cristinismo está el cristinismo, nosotros tenemos que posicionarnos en otro sector del electorado”, explica uno de los estrategas del Frente Renovador.

Cristina, a su manera, coincide con la estrategia. La expresidenta, cuyo estricto régimen de visitas apenas le permite mantener una activa agenda de trabajo político, sostiene que hay que ampliar el arco opositor y construir un gran frente con dirigentes y partidos de otros espacios. Cuando el senador sanjuanino Sergio Uñac presentó ante el PJ la propuesta de llevar a cabo internas abiertas en 2026 para dirimir las candidaturas, CFK lo llamó y se mostró conforme con la idea. Sabe que Uñac quiere ser candidato a presidente y lo deja correr. 

“Tenemos la necesidad de armar algo competitivo. Y para armar un gran frente nacional hay que sumar voluntades”, explican cerca de CFK, quien en el último mes se reunió con Miguel Ángel Pichetto, el ex candidato a vice de Mauricio Macri. Pichetto viene trabajando, a su vez, con Nicolás Massot, el massista Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz para armar una gran interna opositora que incluya a todos los dirigentes que quieran hacerle frente a Milei.

A diferencia de Massa, sin embargo, CFK insiste en una instancia previa: construir una alianza parlamentaria que coordine una misma estrategia opositora para hacerle frente a Milei.

Sesión opositora

Frente a la parálisis del Gobierno en el Congreso, el peronismo se debate internamente cómo pasar a la ofensiva. Atravesada por su propia disputa interna que le limita el margen de acción, la bancada de Unión por la Patria en la Cámara de Diputados analiza convocar a una sesión opositora para después de la sanción de la reforma de la Ley de Glaciares

“Los gobernadores de Salta, Jujuy y Catamarca tienen miedo de que si el Gobierno se debilita mucho no van a poder sancionar la ley”, explica uno de los armadores de la sesión, aludiendo a lo que es un secreto a voces en el Congreso: son los gobernadores de las provincias mineras los principales interesados en flexibilizar la ley de Glaciares y, hasta que eso no ocurra, no se arriesgarán a provocar al Gobierno. Si la oposición quiere sus votos, necesita esperar a que pase la sesión del 8 de abril por Glaciares

El jefe de la bancada peronista, Germán Martínez, está trabajando, junto a Paula Penacca y los alfiles del resto de los bloques opositores, como Maximiliano Ferraro o Pablo Juliano, un temario con dos ejes: el institucional y el social. El institucional es el vinculado a las causas de corrupción que atraviesan al Gobierno, e incluye a los numerosos pedidos de interpelación contra Karina Milei y Adorni por el caso $LIBRA. Pero no solo eso: también incluye el DNU 941 que reestructuró la SIDE. Si logran conseguir el apoyo de Cristian Ritondo, el peronismo confía en que podrá voltear el decreto.

El segundo eje buscará responder a algunas de las preocupaciones ciudadanas, como el desempleo. Hay proyectos vinculados al endeudamiento de las familias, la emergencia PYME y el financiamiento de los clubes de barrio. El objetivo es aprovechar la crisis del Gobierno para volver a instalar una agenda social, como sucedió el año pasado con la Emergencia en Discapacidad y la ley de Financiamiento Universitario. 

En la bancada peronista no están seguros de hasta cuándo durará la crisis del Gobierno, así que buscarán aprovecharla antes de que termine.

MCM/MG