Los Fernández, entre Moscú, Beijing y Washington

Diego Genoud. Panorama político.

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Luis Kreckler sabía hace bastante que tenía los días contados en Beijing. El saliente embajador en China es un diplomático con experiencia política y vínculos con el poder real que maneja buena información. Ya hace tiempo que en el triángulo que forman los funcionarios cercanos a Alberto Fernández, la Cancillería y el cristinismo se lo daba de salida. Su desplazamiento, se decía, era solo cuestión de tiempo. Advertido de que su puesto corría peligro, Kreckler apuró en las últimas semanas un movimiento que ahora utiliza como parte de su tardía, desesperada, defensa. Cerró el principio de acuerdo con la estatal china Sinopharm para garantizar la provisión de un millón de dosis de la vacuna para enero y otras 30 millones para el resto de 2021. Era un entendimiento que Ginés González García propiciaba pero que exhibía dos fallas, producto de la urgencia: no tenía un precio establecido y requería una aprobación provisoria de la ANMAT como la que tuvo la Sputnik V. También decepcionado con el embajador, el ministro de Salud se quejaba de que el gigante asiático no aportaba la documentación que precisa el organismo que controla los medicamentos en Argentina. Inexplicable, la “licencia ecológica” que el diplomático de carrera se tomó para -según dice- no ir a ningún lado fue el detonante. 

En los últimos días, Kreckler accedió a información confidencial de Cancillería, supo del decreto que ordenaba su relevo y trató de evitarlo por todos los medios. Hasta parece haber difundido cables reservados, un delito tipificado en el artículo 157 del Código Penal. Fue en vano: Sabino Vaca Narvaja, el segundo de la embajada en los hechos, ya había sido designado por el Presidente. Hermano mayor de Camilo Vaca Narvaja e hijo de uno de los máximo líderes de Montoneros, el futuro embajador promueve el acuerdo con las granjas porcinas, remarca que China le viene ganando la carrera en infraestructura a Estados Unidos, ve grandes perspectivas en el ingreso de Argentina al Banco Asiático de Inversiones que aprobó el Congreso en noviembre pasado y sostiene que Xi Jinping está en un proceso de internacionalización de su moneda que puede servir de auxilio para los Fernández.  

Con fama de eficiente, astuto y formado, Krecker tuvo dificultades desde el minuto cero para adaptarse a China y su lógica occidental -que le había rendido en destinos como Alemania y Suiza- se reveló ineficaz para tratar con los funcionarios de Xi. Peor que eso: su autosuficiencia lo dejó sin aliados en su propio gobierno. Su mala relación con Vaca Narvaja le fue minando no sólo su vínculo con la encargada de sugerir su nombre, Cristina Fernández de Kirchner, sino también con el propio Presidente. Sin reportar tampoco al canciller Felipe Solá, Kreckler se encontró sin darse cuenta con más promotores fuera que dentro del peronismo gobernante. Una ecuación inviable. 

Su despido y posible jubilación, afirman en la residencia de Olivos, no afecta en lo más mínimo la relación con China. Según pudo saber elDiarioAR de fuentes de primera línea, en las últimas horas Solá le envió una carta al canciller asiático y el propio Alberto tuvo un intercambio epistolar con Xi Jinping para acelerar el acuerdo por las vacunas. No se descarta una conversación telefónica de Fernández en los próximos días con el presidente chino, en un intento de replicar el acuerdo sin intermediarios al que se llegó hace unos meses con Vladimir Putin.

En el gobierno dicen que la salida de Kreckler no afecta la relación con China. En las últimas horas, Alberto Fernández tuvo un intercambio epistolar con Xi Jinping para acelerar el acuerdo por las vacunas.

Pese a que tienen tres experimentos en fase 3, fueron cautos en extremo y no aceleraron como otras potencias. Uno de los 40 vuelos que conectaron Beijing con Buenos Aires durante los meses de pandemia sirvió para que científicos chinos probaran la fase 3 con 3000 argentinos que participaron de manera voluntaria. Los ensayos chinos corren a su manera la carrera global y la noción del tiempo que enseña el viejo imperio también aplica en esta competencia. 

Fernández llega con ventaja porque se puso a disposición de Xi Jinping cuando nadie lo hacía y se benefició con un nivel de insumos que pocos países recibieron. Está pendiente el ingreso de Argentina a la Ruta de la Seda y un viaje del presidente argentino que el coronavirus postergó por ahora sin fecha. En la residencia de Olivos, celebran el arribo de las 300.000 dosis de la Sputnik V para empezar a vacunar el martes y la autorización de su uso para mayores de 60 años, algo que se anunciaba desde el primer momento. Ahora esperan que The Lancet publique los ensayos en fase 3. En lo que se considera un trato preferencial, Putin envió a la Argentina vacunas producidas en Rusia y no las fabricadas en India, China y Corea del Sur. Pero además, desde el gobierno argentino aseguran que ningún otro país va a recibir la Sputnik V en los próximos tres meses.  

Fernández apuesta todo lo que tiene a evitar una segunda ola que puede encontrar al país sin capacidad de respuesta y obligaría a dar de baja el recorte de las partidas que ordenó Martín Guzmán en el IFE y el ATP.  Casual o no, el operativo sanitario para hacer frente a la expansión del COVID-19 puso al gobierno de los Fernández en una ruta distinta a la que se insinúa desde lo político. El Frente de Todos juega a sostener un difícil equilibrio geopolítico pero está condicionado al máximo por el préstamo monumental que el Fondo Monetario le dio a Mauricio Macri y pretende pedir un nuevo crédito de 5.000 millones de dólares para pagarle al organismo. Suponer que Kristalina Georgieva puede habilitar semejante salvataje sin exigir nada a cambio es una buena consigna para difundir mañana lunes, en el Día de los Inocentes. Ya el martes, el gobierno dará un paso en la dirección del acuerdo con el FMI y buscará aprobar la reforma previsional que desindexa las jubilaciones, se desliga de la inflación y ajusta por recaudación y salarios, en un nuevo esquema que ata la suerte de los abuelos al rebote de la economía y la victoria hipotética de los sueldos sobre los precios. El oficialismo rechazó el pedido de la oposición para que el cálculo incluya la garantía de que los haberes no van a perder poder adquisitivo frente al IPC. Cuestionable, la fórmula era bastante peor en el origen, antes de que Cristina Fernández anulara el artículo 6 del proyecto oficial. Prueba irrefutable, en las oficinas del Fondo en Washington la modificación que hizo la vicepresidenta no cayó nada bien porque demora el ajuste que reclama el organismo, aunque la Casa Rosada pida por favor que no se utilice más esa palabra maldita.

En las oficinas del Fondo en Washington, la modificación que hizo la vicepresidenta sobre la fórmula previsional de la Casa Rosada no cayó nada bien porque demora el ajuste que reclama el organismo.

 

Actor esencial en el año electoral que ya se inicia, el Fondo entró a discutir por la suya sin pagar costos por haber sido socio de Macri en la aventura del endeudamiento. Así, el Presidente corre el riesgo de quedar atrapado en una telaraña donde sólo ganan los socios de ayer. No hablar de ajuste, repetir que el plan es del gobierno, darle explicaciones al representante de Estados Unidos Mark Rosen y no admitir cómo aprieta Washington sólo puede facilitarle la negociación al Fondo y hacerle un favor al macrismo en la campaña que viene. 

Como dice un funcionario que no comparte la estrategia oficial y cree que esconder la verdad no sirve tampoco en lo político: “Si te visualizan muy previsible y no tenés la gente en la calle, vas a tener todo un mandato muy condicionado”, dice. De acuerdo a esa visión, lo que viene es duro, no es sencillo y el gobierno se enfrenta a una disyuntiva. O negociar con mayor agresividad y dejar de lado la resignación de los buenos modales o preparar a la sociedad para un nuevo sacrificio con suba de tarifas e ingresos que no recuperen ni de cerca lo que perdieron en los últimos años. Es CFK la que parece advertirlo cuando ensaya un discurso económico distinto al de Guzmán, modera el hachazo a las jubilaciones, cuestiona al Fondo desde el Senado y posterga la temporada de aumentos en los servicios. Tensar al máximo para sacar al Fondo de la zona de confort de acreedor privilegiado en la que se ubica hoy y obligarlo a pagar una parte de los costos le puede rendir más al peronismo en 2021 que asumir una diplomacia a pura pérdida, en un país que otra vez exhibe cifras récord de desocupación y pobreza. Si para el Frente de Todos, hacer campaña de la mano del Fondo no parece muy excitante, menos todavía lo será para sus votantes. Si el arco oficialista lograra un acuerdo a nivel de la toma de decisiones, mostrar dos caras hacia afuera incluso le serviría más que un discurso compacto de disciplina fiscal que precisa más que un rebote, una recuperación a tasas chinas, como la que anuncian nuevos profesores de la escuela del optimismo. La prédica de Guzmán enlaza con la de Cristina en un punto, cuando dice que el gobierno no hará “nada” que atente contra las mayorías: si realmente es así, las posiciones “constructivas” pueden revelarse insuficientes y no es posible descartar por completo la alternativa de un default con el Fondo. 

Tensar al máximo para sacar al Fondo de la zona de confort de acreedor privilegiado y obligarlo a pagar una parte de los costos le puede rendir más al peronismo en campaña que asumir una diplomacia a pura pérdida.

El apagón de Edesur, la semana pasada en Capital, anticipa una escena incómoda para el peronismo. La distribuidora de luz no mejoró el servicio en la tercera sección electoral pese al reclamo de los intendentes que ahora rezan para que la temperatura no suba demasiado en enero y febrero. En un pedido de informes que presentó en el Senado el martes último, Jorge Taiana recuerda que una informe del ex director del ENRE Federico Basualdo, ahora subsecretario de Energía, mostró que en el período 2016-2019, las inversiones eléctricas disminuyeron con respecto a 2015, pese a que las cuatro empresas eléctricas más importantes del país -Edesur, Edenor, Edelap y Edea- aumentaron sus tarifas entre un 1600% y un 2100%. Tan cierto como que los servicios llevan casi dos años de congelamiento es que el poder adquisitivo de los salarios se derrumbó en el mismo período y no repunta. Los aceiteros y los recibidores de granos tuvieron que pasar la Navidad en huelga para que el ministerio de Trabajo se decida a laudar en el conflicto sindical con las cerealeras más grandes del mundo. Será mañana, cuando los técnicos que reportan a Claudio Moroni deberán optar entre la “recuperación de la demanda” que propone a vicepresidenta y la “competitividad global” que pretenden los gigantes del agronegocio.

Adaptable a todas las eras, Marcelo Mindlin demostrará en las próximas horas que no hay que hacer un drama del atraso tarifario. Tal como anticipó el DiarioAR la semana pasada, antes de fin de año el comprador de la IECSA de Angelo Calcaterra dará un paso más para cerrar con José Luis Manzano la venta de Edenor al consorcio que integran además Daniel Vila y Mauricio Filiberti. Según coinciden cerca de los dos empresarios, el acuerdo está muy avanzado: entre mañana y el miércoles a más tardar, se va a firmar un entendimiento definitivo por la compañía que abastece a 9 millones de personas en el AMBA. Sobran oportunidades para audaces. Lo sabe un emprendedor bien armado, como Alfredo Coto, que en estas horas se lamenta por no haber aprovechado la oferta de Walmart, como lo hizo el político fugaz Francisco De Narváez. Es otro de los rubros en tensión: mientras el gobierno pretende controlar los precios con los intendentes, las alimenticias presionan para liquidar Precios Máximos y ponerse a tono con las suba fenomenal de carnes, frutas y verduras en el año.

Según coinciden cerca de Mindlin y Manzano, entre mañana y el miércoles a más tardar se firmará el entendimiento decisivo para la venta de Edenor al consorcio que integran además Vila y Filiberti.

Aunque los Fernández cierran el año con la superficie calma del dólar, la incertidumbre no está despejada. Contrastan en los últimos días la compra de U$S 420 millones por parte del Banco Central en el marco de un excepcional diciembre y el aumento de la soja por encima de los U$S 450 con un superávit comercial que se derrumbó en noviembre, cayó casi 90% con respecto a 2019 y anticipa más dificultades si la economía rebota y las importaciones crecen. Si viene la recuperación que anuncia el gobierno, volverá a asomar una constante que la vacuna eclipsa por el momento: a la Argentina, y al peronismo, le siguen faltando dólares. 

DG

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