Kicillof lanza su nuevo tiempo: cumbre política en Villa Gesell y armado nacional rumbo a 2027
“La energía no puede estar en la interna del PJ. El 2026 tiene que servir para construir una alternativa para adelante”, afirmó Axel Kicillof ante la tropa de leales que se reunió, durante la noche del miércoles, en Villa Gesell. La primera reunión del kicillofismo del 2026 ofició como cierre de una etapa y del principio de otra: tras la pelea descarnada con Cristina Fernández de Kirchner por ocupar un lugar en la mesa de toma de decisiones, Kicillof anunció que se preparaba para jugar para afuera (de la interna, de la Provincia y del peronismo). El objetivo, anunció, era consolidar el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y liderar, desde allí, la oposición a Javier Milei en 2027.
El calendario de Kicillof para este verano tiene dos etapas. Primero, resolver la interna por el PJ bonaerense. Una rencilla interna más que, como el desdoblamiento electoral o la elección de los candidatos bonaerenses, funcionan como instrumentos con los que Kicillof busca demostrar, una y otra vez, su autonomía de Cristina.
Durante el encuentro en la costa atlántica –en donde participaron los funcionarios e intendentes más cercanos de Kicillof, como “Carli” Bianco, Andrés “Cuervo” Larroque, Gabriel Katopodis, Gustavo Barrera o Julio Alak– se fijaron los tiempos y plazos para presentar las listas. El 15 de marzo será la fecha de recambio de las autoridades del PJ bonaerense, pero la clave es el 8 de febrero, que es cuando se presentarán los candidatos. El objetivo es llegar a febrero con una lista de unidad que permita reemplazar a Máximo Kirchner, quien ocupa la presidencia del PJ desde 2020, sin generar una nueva guerra interna.
El nombre que propone el kicillofismo es el de la vicegobernadora, Verónica Magario, quien también fue, el año pasado, la cabeza de lista (testimonial) de la Tercera Sección Electoral. El nombre que impulsa el cristinismo es el del intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín. Ningún espacio, ni el kicillofismo ni La Cámpora, está interesado en ir a una elección interna, por lo que predomina la expectativa de que, en las próximas dos semanas, se acordará un candidato de unidad que, como desliza un dirigente bonaerense, “permita a Máximo irse con elegancia, no por la puerta de atrás”.
El gobernador bonaerense, insisten sus dirigentes de confianza, quiere dejar atrás la disputa interna y dar comienzo a la próxima etapa: la de la consolidación del armado propio y su desarrollo en el resto del país. Kicillof quiere empezar a sentarse con los principales dirigentes nacionales del peronismo y conseguir, allí, el espaldarazo para abrir el diálogo con otros partidos políticos. Ya comenzó a juntar algunas fotos: con la CGT, después de Navidad, y con el gobernador Gildo Insfrán, unas semanas antes.
El objetivo es acumular poder de cara a 2027. Por eso es que, en las reuniones políticas, tanto Kicillof como sus armadores insisten en consolidar al MDF. El espacio, que Kicillof lanzó el año pasado (también en Villa Gesell), no es más que un sello que aglutina a los intendentes bonaerenses que militan la candidatura presidencial de Kicillof. No tiene más raigambre territorial que la que le dan los jefes comunales de Provincia de Buenos Aires, y eso es lo que el gobernador quiere cambiar: saltar la frontera y, con la ayuda de los gobernadores e intendentes peronistas, comenzar a armar un peronismo kicillofista en el resto del país.
Kicillof cuenta, a su favor, con que es el primero que lo está haciendo. Y eso le da centralidad. Las mismas encuestas que dan que Milei es el dirigente con mejor imagen del país muestran, a su vez, que Kicillof es el dirigente opositor mejor posicionado. Como el último sondeo publicado por Opina Argentina, que dirige Facundo Nejamkis, que ubica al gobernador bonaerense como el referente opositor con mejor imagen positiva (42%), superando por muchos puntos a Cristina Fernández de Kirchner (38%), Sergio Massa (34%) e, incluso, a Victoria Villarruel (33%).
En la carrera armamentista de cara a 2027, Kicillof juega con ventaja. “Acá todos van a salir a acumular poder, pero el problema que tienen los otros es que no tienen candidato. Y este es un juego que se juega con candidato, sino no existís”, grafica un dirigente bonaerense de peso del kicillofismo.
La cancha está vacía y, de momento, Kicillof la recorre solo. Pero es cuestión de tiempo. Cristina Fernández de Kirchner quedó corrida del foco político luego de haber sido internada, durante más de una semana, por un caso grave de apendicitis que la dejó muy débil. Antes de enfermarse, sin embargo, la ex presidenta sostenía una premisa: que todos jueguen y, cuando llegue 2027, se definirá quien es el candidato que más mide. La incógnita es quién jugará en nombre del cristinismo y de La Cámpora.
A CFK le faltan nombres. Máximo no tiene buena imagen y “Wado” de Pedro bajó mucho el perfil en los últimos años. Mayra Mendoza es la candidata para gobernar la Provincia de Buenos Aires. El ex gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, no termina de levantar el perfil. Y Sergio Massa, con quien un sector de La Cámpora aspira a cerrar un acuerdo, quedó muy golpeado tras el escándalo de la AFA, que salpica al tigrense por su vínculo con Javier Faroni (quien fue identificado como el titular de la empresa que manejaba los cobros de la AFA en el exterior).
En el cristinismo, sin embargo, señalan lo evidente: faltan dos años y Kicillof, al apurarse, puede terminar gastándose antes de tiempo. Son tiempistas. Sostienen, al igual que lo hace el massismo, que hay que esperar a ver cómo llega a Milei en 2027 y trabajar sobre ello cuando llegue el momento. “Kicillof estuvo a punto de no poder pagar los aguinaldos. No tiene manera de pagar lo que quiere hacer. Se equivoca”, advierte un dirigente del massismo, poniendo el dedo en la llaga de la verdadera debilidad kicillofista (y la de todos los gobernadores bonaerenses que quisieron ser presidentes): la gestión en tiempos de crisis.
MCM/MG
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