Plan Patricia: ¿un mileísmo sin Milei?
Desde hace un mes que las encuestas que llegan a los despachos de la Casa Rosada no ofrecen una buena noticia. El escándalo patrimonial de Manuel Adorni se apalancó sobre la caída del poder adquisitivo y no hay noticia –ni la baja del índice de pobreza, ni el fallo por la expropiación de YPF, ni la guerra contra el periodismo– que permita salir de la encerrona. Pero allá donde la imagen de Javier Milei cae, junto a la del resto del Gobierno, la de Patricia Bullrich se mantiene inmutable. Un dato que el círculo rojo, los empresarios insultados por Milei, Mauricio Macri y hasta el peronismo empiezan a olfatear. Una pregunta que, en la intimidad, se hace la propia Bullrich: ¿y si en 2027 el candidato no es Milei?
El primero en sugerir, sin decirlo, la posibilidad de un mileísmo sin Milei fue Mauricio Macri en Parque Norte hace tres semanas. “Esa diferencia entre lo que se prometió y lo que no llegó a la mesa de los argentinos se llama ‘próximo paso’. Y nosotros somos el próximo paso”, afirmó el ex presidente en el acto de relanzamiento del PRO. A su manera, reivindicando la motosierra y la estabilización macro impulsada por el gobierno libertario, Macri expuso una debilidad que la oposición viene advirtiendo hace tiempo y que, ahora, se escucha también en las charlas de empresarios con aliados del Gobierno: aunque la macro esté ordenada, si la micro no cierra, Milei va a perder las elecciones.
Macri verbalizó este diagnóstico casi como una provocación. El único interés del ex presidente radica en mantener el control de la Ciudad de Buenos Aires y, para lograrlo, necesita negociar con Karina Milei. Jorge Macri fantasea con poder ir a una PASO con La Libertad Avanza, pero sus asesores le dicen que, para lograrlo, necesita que el PRO mida 15 puntos a nivel nacional. “Y nosotros no medimos ni 15 puntos en la Ciudad”, afirma, irónico e irritado, un referente del PRO.
Macri es conciente de esa limitación, ya que se enfrentó a esa realidad en la elección porteña, cuando Adorni sacó el doble de votos que la lista encabezada por Silvia Lospennato. Pero también advierte que tiene capacidad de daño: si Milei quiere ganar en primera vuelta, necesita evitar que haya filtraciones hacia otras opciones de derecha. LLA los necesita si pretende evitar la instancia de ir a un ballotage contra el peronismo.
El ex presidente observa los números de la actividad y desempleo, así como los coletazos del escándalo de Adorni, y hace cuentas. Quienes lo conocen advierten que no tiene interés en dar una pelea electoral, pero que, por si acaso, deja la puerta abierta.
El efecto Adorni
Bullrich, en la intimidad, hace una lectura similar a la de Macri, pero no está dispuesta a sacar los pies del plato. No todavía, al menos. Su principal objetivo es ser la candidata de Milei en la Ciudad de Buenos Aires, y está construyendo políticamente para lograrlo. Después de dejar el Ministerio de Seguridad, que le ofrecía una vidriera fácil, Bullrich se las empezó a rebuscar para mantener su propia agenda: se muestra como la garante de las reformas libertarias en el Senado, se saca selfies en el Lollapalooza y organiza encuentros con diversas figuras, desde el gendarme detenido en Venezuela, Nahuel Gallo, hasta la abogada acusada por injurias raciales en Brasil, Agostina Páez.
Karina, que resiente a todos aquellos dirigentes que levantan el perfil, la castigó por ello. La guerra fría entre ambas dirigentas comenzó poco después de que el Senado aprobara la reforma laboral, que fue capitalizada por Bullrich casi como un triunfo propio. La secretaria de la Presidencia la comenzó a esmerilar, mostrando a Adorni como su candidato en la Ciudad de Buenos Aires y planteando dudas sobre la lealtad de Bullrich.
Cuando conversan en privado, eso sí, Karina “finge demencia”, tal como define un bullrichista. Durante todo el verano, la secretaria de la Presidencia no dio muestras de estar enojada con la ex ministra de Seguridad, pero sí se lo hizo saber a través de terceros. Bullrich comenzó a impacientarse. “Ella hace política hace 40 años, tiene su perfil, no la van a asustar”, advierte un colaborador cercano, que se pregunta cuántas más “muestras de amor” tiene que dar después de haberse ido del PRO para sumarse a LLA.
La última semana, sin embargo, Karina llamó por teléfono a Bullrich para sellar la paz. La crisis política que desató el escándalo patrimonial de Adorni la obliga a ordenar el frente interno. Pero no solo eso: Karina, como todos los funcionarios de Casa Rosada en la última semana, recibió la encuesta de CB Global Data que muestra cómo el derrumbe de la imagen de Adorni arrastra la imagen de todo el Gobierno. De todo el Gobierno menos de una persona: Patricia.
La consultora –que está a cargo de Cristian Buttié y es conocida por haber sido una de las pocas que pronosticó el triunfo de Milei en 2023– viene registrando una tendencia a la baja de la imagen de Milei desde hace tres meses. La última caída, sin embargo, fue más pronunciada y muestra al presidente con una imagen positiva del 42% y una negativa del 56%. Adorni tiene una imagen negativa del 67%. Bullrich, en cambio, lidera el ranking con una imagen positiva del 46% y una negativa del 52%.
Bullrich sabe que esa imagen positiva es su seguro de vida. Y que, con Adorni caído en desgracia, ella está un paso más cerca de reemplazarlo en la boleta porteña. La ex ministra aparece como la principal beneficiaria de la crisis política del Gobierno y, por lo tanto, apuesta a administrarla en silencio. Se sacó una foto con Adorni para apaciguar las aguas hace un par de semanas –especialmente luego de que un sector de Casa Rosada empezó a operar con que había sido ella, y no Santiago Caputo, quien había filtrado el video de Adorni subiéndose a un avión privado con su familia–, pero no sobreactúa su respaldo.
La senadora prefiere mantener distancia de todos los escándalos. No solo el de Adorni o los créditos del Banco Nación, sino también de la embestida contra los periodistas. Bullrich fue una de las pocas referentas libertarias que no salió a denunciar la supuesta operación mediática rusa ni a cuestionar a los medios que aparecieron en el listado. “La guerra de Milei es con el Grupo Clarín, por eso no dice nada”, advierte un dirigente de confianza de la ex ministra.
A su manera, Bullrich se diferencia del resto del Gobierno mientras relojea las repercusiones. Ella insiste, ante cualquiera que le pregunte, que ella es la candidata de Milei. En su entorno fantasean con la posibilidad de hacer un mileismo sin Milei si la situación económica no repunta y que sea el propio Milei quien acepte la propuesta. Aunque saben, sin embargo, que Karina nunca lo aceptará.
Mientras tanto, esperan.
MCM/CRM
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