Historias de madres en tiempos de crisis

Criar niños con el agua al cuello: “Si tuviera que volver a hacerlo tendría solo un hijo”

Marcela y su hijo.

Ana Requena Aguilar

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Si hoy por hoy tuviera que volver a tener hijos me quedaría con uno porque la vida está muy difícil”. Quien habla así es Mari Carmen, 42 años, madre de mellizos: una niña y un niño de 14 años. Separada desde hace cinco años con custodia compartida, Mari Carmen trabaja como camarera en una cafetería y gana unos 850 euros al mes. “Llego a final de mes gracias a que tengo el bono social de la luz, el bono social del agua, los puntos de los niños también ayudan...”. Forman uno de los casi 900.000 hogares en España para los que el costo de criar hijos es sencillamente inasumible.

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En 2022 criar a un hijo cuesta, de media, 672 euros al mes. Es un cálculo de la organización Save The Children, que estima el coste de la alimentación, la higiene, la ropa y el calzado, la educación, el ocio y los juguetes, la sanidad, los muebles y enseres, la vivienda y sus gastos corrientes, el transporte, la conciliación y los gastos extraordinarios. Ese gasto medio supera los ingresos mensuales del 20% de la población más empobrecida. Esto es, unos 900.000 hogares en España no pueden cubrir los gastos que garantizarían la atención básica de las necesidades y derechos de sus hijos e hijas.

“La comida es donde más se va el dinero, son cuatro comidas al día y dos niños. Con la ropa tengo suerte de que tienen primos mayores y van heredando ropa y calzado”, explica Mari Carmen. El estudio de Save The Children confirma que la alimentación es la partida de gasto más abultada, especialmente a partir de los 7 años. Antes, entre los 0 y los 6 años es la conciliación lo que más gasto supone.

Para hacer la estimación, la ONG ha tenido en cuenta, por ejemplo, las recomendaciones nutricionales de la Sociedad Española de Pediatría o el coste de vivir en una casa con un dormitorio más. Esos 672 euros de media garantizarían “un estándar adecuado” de atención a hijos e hijas, dice Alexander Elu, especialista en pobreza de Save The Childen. Quienes no tienen ese dinero o no pueden gastar tanto en la crianza elaboran estrategias para seguir adelante: “No todas las familias y menos las de ingresos más bajos tienen un dormitorio adicional por cada hijo que crían pero entonces ya estaríamos hablando de situaciones de excesiva acumulación o incluso de hacinamiento”. En el caso de los gastos asociados a la vivienda, un apartado en el que se incluyen los suministros, las estrategias pasan, sobre todo, “por caer en un consumo subóptimo”, por ejemplo, dejar de encender la calefacción aunque se necesite.

Imposible ir al cine

Mari vive en Barakaldo con sus dos hijos, de 14 y 20 años. “Los gastos eran importantes y estaba yo sola”, apunta. Esos gastos “se triplicaron” cuando a uno de sus hijos le diagnosticaron celiaquía. Actualmente, el 75% de la ayuda que cobra va para el alquiler. La comida, la ropa y los gastos asociados a la educación se llevan el resto. “Los pañales son caros, pero conforme van creciendo va siendo todo más caro: crecen muy rápido, les compras la ropa y dentro de 15 días ya no les vale”.

Efectivamente, el informe muestra cómo el gasto de la crianza aumenta con la edad: de los 556 euros de gasto medio entre los 0 y 3 años a los 610 en el caso de niñas y niños de 4 a 6 años, los 701 euros al mes cuando los hijos están entre los 7 y los 12 años, y los 736 euros en los menores de entre 13 y 17 años. Las necesidades también van cambiando

El testimonio de Mari sirve para pensar en las consecuencias que tiene en los menores que sus familias no lleguen a cubrir los gastos de una crianza digna. Más allá de la ropa, la alimentación o el lugar donde viven, el impacto en el ocio y la socialización es enorme. “Para mí ir al cine es impensable, en los cumpleaños a lo sumo. Y en vacaciones... no tenemos vacaciones”, dice. Alexander Elu explica que estos aspectos muestran otra dimensión de la pobreza que podría llamarse “la carencia social”.

Tiene unas implicaciones muy claras a la hora de comprometer el desarrollo personal, educativo, social y comunitario de los críos. Ir al cine, poder relacionarte con compañeras y compañeros compartiendo momentos de ocio, irte de excursión, hacer actividades extraescolares... Todo eso es lo primero en caer cuando madres y padres están en esa situación de agobio, pero son elementos que tienen una importancia clave para el desarrollo”, asegura el experto. Criar, además, se ha encarecido en los últimos años: hoy es un 14,5% más caro que en 2018, cuando el coste mensual se estimaba en 587 euros al mes. En el mismo periodo de tiempo, la inflación ha crecido un 11,3%.

Los primeros tres años de vida se caracterizan por una alimentación particular, la necesidad de comprar ropa nueva constantemente y por muebles y utensilios como cuna, cochecito, etc. De 4 a 6 años se incorporan a la alimentación familiar, la habitación de bebé se convierte en una habitación de niño/a. El tipo de juguetes y ocio cambió y la ropa sigue necesitando renovarse de manera frecuente. De 7 a 12 años siguen creciendo muy rápidamente. En la habitación se hacen algunos cambios para dejar de lado algunos muebles de la etapa de bebé. Ya comen más cantidad de alimentos y se han incorporado totalmente a la dieta de la familia. De 13 a 17 años se han dejado los juguetes de lado y el ocio lo realizan con sus amigos y amigas. El estilo de vestir cambia y demandan aparatos electrónicos. Y aumenta el gasto en alimentación”, resume el informe.

Marcela vive con su hijo de 13 años, al que no puede darle dinero para que salga con sus amigos. “Si acaso de repente le puedo dar un euro para comprar alguna chuche o algo así pero si van a algún sitio de esos de comida rápida él no puede ir”, cuenta. Ella trabaja limpiando casas, pero no cotiza. De los 600 euros que araña al mes, el alquiler se lleva 425. Debe las facturas de la luz desde enero. A su hijo le gustaría tocar la batería, “pero no puedo pagar que él vaya a un lugar a aprender música”. Con los 150 euros que le quedan tiene que pagar la comida del mes para su hijo y para ella. La ropa, de segunda mano. “Y hacer malabares”.

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