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“Es feo no tener trabajo y para comer”: testimonios de fieles que le agradecen y piden a San Cayetano

Cientos de fieles se reunieron en el santuario ubicado en el barrio porteño de Liniers para pedir "salud, pan y trabajo"

Ana Breccia

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Este domingo 7 de agosto, las puertas de hierro de la calle Cuzco al 150 volvieron a abrirse para recibir a una multitud de fieles devotos de San Cayetano tras dos años de pandemia. Agradecimientos, el “pan y trabajo”, volvieron a reunir a los peregrinos que, con estampitas, espigas de trigo y fotografías, desfilaban entre las vallas hacia el santuario para recibir la bendición del sacerdote y contemplar, por segundos, la imagen del Santo. Celebración que se replicó en simultáneo en cientos de parroquias de todo el país.

Por un lado, familias y grupos de amigos se acomodaban frente a la Iglesia en banquitos y reposeras que cargaban junto a termos de agua caliente para mate y café, y así, poder vivir una larga jornada de oraciones y ofrendas entre canciones de un largo repertorio religioso. Otros, en cambio, aguardaban en las largas filas que se extendían por varias cuadras para ingresar al templo ubicado en el límite de Capital Federal y el Conurbano Bonaerense.

En la “fila lenta” esperaba Gabriela junto a su esposo. Desde Florencio Varela tuvieron que tomarse “tren-subte-tren” para poder visitar este año a San Cayetano. Gabriela deseaba cumplir con su promesa de asistir al santuario en esta fecha especial luego de duros años marcados por la falta de trabajo. Esta fue su primera vez en el templo del barrio porteño de Liniers.

“Mi pareja perdió trabajos. Tengo cuatro hijos y fue muy difícil. Gracias a él (San Cayetano), salgo adelante. Pidiéndole, siempre me cumplió”, aseguraba Gabriela que se presentó, principalmente, para agradecer. “Es feo, es feo no tener trabajo y para comer. Yo ya la pasé y son muchas personas las que la pasan mal”, continuó. “También vengo por mi hermana que tiene problemas de salud y se quedó cuidando a mis hijos”, agregó.

Neli, vecina de la zona, pidió bendecir lo que llevaba en la mano. Entre las espigas, sujetaba fuerte una foto de su marido. “Hoy es por salud, por la mía y la de mi esposo que está con un cáncer muy avanzado. Siempre vengo y paso, y los 7 no falto nunca”, dice Neli que se dirigía rápido hacia el santuario.

Entre misa y misa, jóvenes boy scouts le ofrecían facturas y mate cocido a los fieles que no despegaban la mirada, que contaba una historia diferente, hacia el escenario. La llamada “Fiesta Grande” tuvo como lema este año “Gracias San Cayetano por acompañarnos, ayúdanos a cuidarnos como hermanos” y la misa central fue presidida por el cardenal Mario Aurelio Poli.

El Arzobispo de Buenos Aires pidió “actitudes solidarias” para “reconstruir” el país y advirtió por la “inflación asfixiante”.

Mientras la multitud veneraba a San Cayetano a cuadras de la estación Liniers del ferrocarril Sarmiento, movimientos sociales marchaban hacia el centro porteño por “pan, paz y trabajo”: cortes en avenida de Mayo y 9 de Julio, Rivadavia y Pueyrredón que, en parte, dificultaron el camino de los fieles que se dirigían al santuario desde microcentro.

A metros de Estación Once, la UTEP, de la mano del secretario gremial Gildo Onorato y el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, encabezaba una caravana que se dirigía al acto principal que tendría lugar a las 14 horas.

Allí, en un mensaje al Congreso, Onorato le recordó a los diputados y senadores que “votaron una ley que establece un salario social complementario”, en referencia a emergencia social que rige desde 2016.

“De qué planes hablan, esto es trabajo. Y salario, porque reconoce un trabajo social y da cuenta de una tarea comunitaria en los barrios más humildes, y complementarios porque complementa los ingresos. Es lo que ustedes llaman planeros y nosotros decimos trabajadores y trabajadores”, siguió Onorato.

San Cayetano: Los argentinos le bautizaron a la providencia “pan y trabajo”

Como lo explica el portal web oficial, la devoción por San Cayetano se hizo popular a partir de la crisis de la década de 1930, cuando ante la desesperación de los sectores obreros, el párroco Domingo Falgioni organizó una pastoral impulsando la veneración del santo, que comenzó a ser el del “pan y el trabajo”.

Los favores que operaron a partir de la oración a Cayetano hicieron expandir rápidamente la confianza en su intercesión divina.

Fue el padre Falgioni, a la vez director espiritual de los Círculos de Obreros Católicos, quien imprimió una nueva estampa que incorporó la iconografía de San Cayetano con la espiga de trigo.

Desde entonces, multitudes de todas las clases sociales del país y de naciones limítrofes acuden los días 7 de cada mes y especialmente el 7 de agosto, a pedir o agradecer.

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AB

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