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Olas gigantes al acecho, el día del amor

La serie "Siempre el mismo día" ("One Day"), uno de los lanzamientos de Netflix en febrero.

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¿Viste cuando mirás y ves que hay una ola que se va armando, que crece, que se acerca, que parece que en cualquier momento se te viene encima? Mientras volvía de la dentista en el colectivo una de estas tardes de calor sin tregua, escuché algo parecido a esa frase que se asoma en mi cabeza ahora y trato de reconstruir –pocos ejercicios más plásticos que la memoria; recordar se parece bastante a moldear un universo con formas más que con datos–. Una chica hablaba con su amiga o compañera de trabajo (me inclino más por la segunda opción por la complicidad moderada que se iba estirando mientras conversaban; ese modo oblicuo de medir con nuestras palabras a otra persona que no conocemos tanto, pero podríamos). El asunto era un entuerto familiar que a la chica le dejaba esa impresión marina y desesperante: la suspensión, los segundos de pausa ante la garra, la cuenta regresiva como única certeza, ese tic tac poco antes de que el mundo se ponga de frente y muestre toda su potencia arrasadora. Las chicas se bajaron, la imagen se quedó conmigo. Vengo desde entonces pensando en olas, anotando por qué me atraen o me impactan, haciendo acopio, extrañando el mar (¡también!) y lidiando por momentos, como muchos de ustedes –sospecho– y como la chica del colectivo, con esa sensación de que algo grande, impiadoso y aplastante se avecina. 

La gran ola de Kanagawa es una obra que el pintor japonés Katsushika Hokusai hizo circular entre 1830 y 1833. Tal vez una de las imágenes más reproducidas, imitadas y homenajeadas de la historia, se trata de una xilografía de la que se hicieron miles de copias (algunas de ellas se conservan y se pueden apreciar en museos de todo el mundo, como el Met de Nueva York o el Británico en Londres) que se vendían a precios bajos y nunca fueron pensadas como “piezas únicas” aunque fueran similares entre sí, según leo por acá. La gran ola de Kanagawa es entonces –con ese azul inigualable y esa curva que intimida a los pescadores que vuelven de trabajar– muchas olas. También es parte de una saga que se llama 36 vistas del Monte Fuji. Me inquieta y al mismo tiempo me encanta que la ola enorme, tan repetida y tan célebre a lo largo de los años, haya eclipsado para siempre a otro gigante, como ese volcán que apenas se vislumbra en el fondo. Que parece diminuto al lado de esas llamas de agua rabiosas. Que conserva también su furia, como todo volcán, pero que acá permanece como un testigo silencioso. Que en la imagen de Hokusai se funde entre la espuma de las olas como si fuera parte del mar. 

El que miraba las nuevas olas y ya era parte del mar, quizá con cierta furia, quizá con hastío, era Charly García apenas arrancaban los ‘80. En la canción Mientras miro las nuevas olas, junto a Serú Girán, el artista hablaba de música, claro, pero también de una forma de estar en el mundo, entre eso que se quiere imponer como novedad sólo porque suena fuerte y eso que al final se revela como pura espuma. “Quiero estar bien, bien solo lejos del ruido/descubriendo por qué olvidamos y volvemos a amar./Y pensar qué sería de nuestra vida/cuando el fabricante de mentiras deje de hablar”, canta y a su modo, siempre profético, hace olas para llevarnos a su mar de palabras indelebles.

“Las olas traen cosas (...) y también se llevan cosas. Son lenguas invertidas, pulmones que se dilatan y se contraen, manos o tentáculos que arañan de espuma la arena. La fuerza de las olas puede abrir la tierra en dos (...). Las olas son el repelente de turistas que esperan que el mar sea ”una pileta“ –que vayan a una pileta entonces–. Aunque también son lugares que cobijan y despejan la mente: pueden habitarse por un instante, con disciplina y obstinación, como una pieza interactiva de arte efímero”, subrayo en el libro Guía maravillosa de la Costa Atlántica (Sudamericana, 2022), de Andrés Gallina y Matías Moscardi. Me gusta la imagen de las olas como lenguas al revés, me gusta que las olas digan cosas. También que haya personas pensando en sus formas, como revelan los autores: “Desde el siglo XVIII, los matemáticos se obsesionaron con ellas y quisieron inventar un modelo para describir con fidelidad la forma perfecta de una ola. En 1894, George Gabriel Stokes realizó el primer estudio matemático sobre la olas, que en la actualidad se emplea para medir tsunamis (...). En 1957, G. D. Crapper logró demostrar matemáticamente cómo se forman las olas de tubo. Concluyó que en un planeta ideal, con poca fuerza de gravedad y mucha agua, habría olas perfectas sin cesar, todo el tiempo. Pero cualquier abstracción siempre es rebatida por la cruda realidad. Habrá que ver cómo pega el viento en la playa y, sobre todo, saber esperar, no ser impacientes, que tarde o temprano llegará la ola que cada cual se merece”.

Mil lianas de hoy está lleno de personas frente a distintas olas gigantes (las del amor, las de Mar del Plata con todos sus misterios, las de las personas inolvidables). Con cautela, con intriga por lo que pueda pasar, con miedo y tal vez hasta con alguna ilusión. Si se animan, es por acá.

1. Siempre el mismo día (One Day). “¿Cómo puede pasar alguien de ser un desconocido total a convertirse en la persona más importante de tu vida?”, pregunta micrófono en mano una de las protagonistas, cuando le toca dar un discurso en el casamiento de una amiga. Ese interrogante –¿qué pegamento nos junta con otras personas? ¿qué hace que alguien se vuelva inolvidable para cualquiera de nosotros?– es el hilo que de alguna manera conduce toda la narración de Siempre el mismo día (One Day es el título original y menos tramposo que la traducción, que lleva a pensar en algún tipo de loop temporal que no tiene nada que ver con la historia). 

La serie, que se puede ver desde hace poco en Netflix y es de origen británico, está basada en una novela del escritor David Nicholls y tiene como protagonistas a Emma y Dexter (Ambika Mod y Leo Woodall), dos jóvenes que, con personalidades y recorridos muy distintos, se cruzan de casualidad el día de la fiesta de su graduación de la universidad, a finales de los’80, y quedan de alguna forma enganchados para siempre

El día del encuentro, que podría haber sido cualquier otro, es el 15 de julio, que entre los británicos marca el St Swithin's Day (o el día de San Suituno de Winchester), una fecha a la que siguen con atención: la leyenda indica que si llueve durante esa jornada, lloverá a lo largo de 40 días, es decir, casi todo el verano. Cada capítulo de la serie retomará esa fecha y avanzará a lo largo de dos décadas para mostrar cómo van cambiando sus vidas, mientras Emma y Dexter crecen, se vuelven a juntar, se distancian, viajan, se desarrollan profesionalmente, se enamoran (de otras personas y también entre sí), se pierden. Simpática, tierna, en algún momento devastadora (no pienso revelar mucho de la trama, pero quizá alguno leyó la novela o vio la película de 2011 que se hizo con este libro protagonizada por Anne Hathaway: los abrazo a la distancia), One Day combina algunos condimentos de la comedia romántica al estilo de Nora Ephron con la mirada un poco más ácida de los vínculos afectivos que propone el escritor Nick Hornby en algunos de sus libros. Con 14 episodios breves (algunos apenas llegan a durar poco más de 20 minutos), One Day ofrece una mirada inteligente y conmovedora sobre las relaciones humanas, la amistad, la pérdida, el amor y esa convención absurda que llamamos adultez.

La serie Siempre el mismo día (One Day) está disponible en Netflix.

2. Mar del Plata. Elegida por millones de turistas a lo largo de su historia como un gran sueño argentino, Mar del Plata es la ciudad de la pausa, de las vacaciones, de la ilusión, de los famosos –con sus brillos y con sus tragedias–, de los chalets, de los hoteles sindicales, del festival de cine, de la oportunidad, de hacerse “la temporada”, de Alfonsina Storni, del casino, de La Noche de las Corbatas, de la arena que quema, de las piedras, del agua marrón, de la euforia, de la resaca, del terror, de las clases altas, de las masas, del viento y de las olas.

Con tantas capas y tantos universos metidos entre sus construcciones y sus playas, a lo largo de los años la ciudad se convirtió también en una enorme inspiración para escritores, cineastas, fotógrafos y todo tipo de artistas maravillados por este balneario peculiar. Por las complejidades de su historia la academia lo eligió, además, para convertirlo en su objeto de estudio. A modo de homenaje por sus 150 años, hace unos días armé un recorrido arbitrario por libros, películas, publicaciones académicas recientes que transcurren en Mar del Plata o que de algún modo oblicuo la tienen como paisaje. Pueden leerlo por acá.

La selección con películas, libros, fotos y podcast sobre Mar del Plata se puede leer en este enlace.

3. Los libros de febrero. Enero suele ser una pausa para las novedades editoriales y febrero marca el arranque oficial del año en este terreno. Quienes estén buscando lecturas por estos días, por acá pueden leer un resumen con algunas de las publicaciones destacadas que a lo largo del mes estarán llegando a las librerías y, cruzo dedos, también pronto a las bibliotecas.

Una noticia auspiciosa: la editorial Siglo XXI acaba de lanzar su sello con libros dedicados al público infantil y juvenil. Hace unos días hablé con Laura Leibiker, quien está a cargo de ese proyecto. Pueden leer la nota por acá y conocer un poco más sobre los libros y autores que irán publicando.

La guía con las novedades editoriales de febrero se puede leer aquí. Y, en este enlace, la entrevista con Laura Leibiker sobre Siglo XXI para chicos.

Apostilla. “La erótica de la vida necesita de la alternancia, necesita pispear, entrever. Ese erotismo que Barthes ubica ‘allí donde la vestimenta se abre (...) en la intermitencia’. En el centelleo, ‘entre dos bordes’. No hay vida, no hay eros posible si somos consumidos por la lógica del todo es lo mismo, si dejamos pegada la vista, pero también los oídos, a ese ruido infernal, a esa invasión de crueldad. No  hay vida, ni futuro, pero tampoco hay presente posible. Sólo queda la narcosis entumecedora. Si el porno es la dimensión del sí a todo lo que sea descarga, la erótica de una vida posible, en medio de este desquicio, puede empezar ahí donde se dice a algo que no. Alternar, entrar y salir, abrir y cerrar los ojos. Entrecerrar un poco los agujeros para que no entre toda esa luz de frente”, escribió con lucidez Alexandra Kohan en este texto que lleva como título Aturdidos y que marca el regreso a sus columnas, ahora mensuales, en elDiarioAR. Con la imagen de la ola acuciante de fondo, releía estas palabras –en especial la idea de desarmar la lógica del todo es lo mismo– como un intento de barrenar esta sensación invasiva.

Banda sonora. Estamos perdidos en el mar/nadamos/andar sin sentido/sin poder buscarnos, hoy dice la letra de Puerto amar, de Francisco Bochatón, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Esta semana se hizo inevitable pensar en olas y en el mar, así que buena parte de los temas elegidos para esta banda sonora (recordatorio: siempre la encuentran por acá) van por ese lado. Hay de todo, además de Bochatón, se suman La Costa Brava, Tom Waits, Morcheeba, Cocteau Twins, Dënver, Serú Girán y Gal Costa, entre muchísimos otros.

“Patricia Highsmith lo sabe todo sobre la ansiedad. Me enseñó que el miedo y la ansiedad son dos cosas diferentes”, le dice una librera al protagonista de Días perfectos, de Wim Wenders. Ese diálogo también me hizo pensar en las olas cuando vi en el cine la película, que es tan hermosa como arrasadora. Pueden escuchar parte de la música del largometraje, central en el relato, casi como un personaje más, por acá. Sumé algunas de esas canciones también a nuestra playlist compartida.

Por último, la serie One Day que mencionaba arriba, también tiene una banda sonora divina de la que trafiqué algunas canciones. Pueden escucharla completa y hacer un viaje en el tiempo por acá

Bonus track. Con un aumento en su dotación, que llega ahora a 3.500.000 pesos, y un jurado integrado por las escritoras María Moreno y María Sonia Cristoff y el crítico literario Daniel Link, abrió la convocatoria 2024 para participar de la quinta edición del Premio de Novela Fundación Medifé Filba, la distinción que reconoce lo más destacado de la literatura argentina. Por acá pueden leer más detalles sobre los plazos y los requisitos para participar.

¡Hasta la próxima!

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AL/MG

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