Las trampas más curiosas que usan los narcos para burlar controles en fronteras y rutas

Este plato de Mafalda fue enviado hacia Holanda. Estaba compuesto por azulejitos de cocaína.

Para pasar las fronteras, para que no los detengan en un control de rutas, para subir un embarque con cientos de panes de cocaína a un buque. El ingenio narco se recicla porque las fuerzas de seguridad ya conocen sus trucos. Si la droga que transportan no está escondida, las posibilidades de llegar a destino disminuyen. En esa búsqueda es que, por ejemplo, un grupo narco en Bahía Blanca metió 1.800 kilos embutidos en enormes ruedas de láminas de acero, con un campo electromagnético para que no se lo pueda detectar. Pero no todas son maniobras premium como ésta. Pueden embadurnar los cargamentos con tomates podridos o aceites quemados, con hormonas de perras en celo, para que los perros antidrogas no puedan olfatearlo. Los casos cambian y en los últimos tiempos, los gendarmes se encontraron con casos curiosos, algunos por casualidad.

A comienzos de marzo, un grupo de gendarmes hacía controles vehiculares en la localidad de Cabeza de Buey, en el cruce de las rutas nacionales 9 y 34, a 50 kilómetros de Salta capital. Allí detuvieron un Renault Duster, que iba hacia el sur de la provincia, casi como un trámite. Es una zona que está lejos de la frontera, a cinco horas en auto, con lo cual no estaban buscando específicamente drogas. Uno de los agentes pidió los papeles del auto y otro comenzó a revisar el vehículo. Entonces se dio cuenta de que la tapa del airbag estaba falseada de un costado. Le pidieron a quien iba arriba del auto que se bajara. Al desarmar la parte de plástico se encontraron panes de cocaína colocados. Al seguir con el rastreo  detectaron un chapón en la parte delantera que no era original, también allí habían escondido cocaína. En total eran 31 paquetes de un kilo, 14 en la zona del airbag y los 17 restantes en el paragolpe delantero. El conductor, de 28 años, fue detenido.

El 8 de junio, la Gendarmería de Salta detuvo a un hombre que manejaba una Toyota Hilux, cerca de Tartagal. Lo venían siguiendo en el marco de una investigación de narcotráfico y el juez federal decidió detenerlo. Al revisar el auto, no encontraron droga. Pero como tenían la información de que se iba a hacer un traslado ese día pidieron que fuera una división antidrogas con sus perros. Al pasar el hocico cerca de las llantas el animal ladraba. Los gendarmes sacaron la rueda, desinflaron las gomas y al sacarlas se encontraron la cocaína abrazada a la llanta con un metal curvo y un cerrojo. Eran también cerca de 30 kilos. 

En abril, en un control, unos agentes detuvieron un camión que atravesó la frontera desde Yacuiba a Salvador Mazza, en Salta. El conductor tenía los papeles en regla, le habían controlado la carga y también tenía los permisos por la carga que llevaba. Pero cuando estaba por arrancar, uno de los perros comenzó a gruñir. Lo acercaron a la cabina y se fue encima del matafuegos. Cuando uno de los agentes lo levantó notó que estaba un poco más pesado de lo normal. Apretaron el gatillo y salió el polvo para apagar el fuego, con lo cual pensaron que se habían equivocado. Pero al mirarlo más de cerca se dieron cuenta que tenía soldado un doble fondo, donde encontraron cinco kilos y medio de cocaína. 

En mayo, una pareja iba con un Volkswagen Gol por la ruta 30, a la altura de Joaquín V. González, en el sur salteño. También era un control de rutina. La pareja, un hombre de 50 y una mujer de 43, dijo que iban de Orán a Metán. Al pedirles los papeles, un policía sintió un fuerte olor a combustible adentro del auto. Al mirar el tanque vieron que había rastros de haber sido manipulado. Incluso uno de los tornillos había sido removido. Al palpar y golpear manualmente el tanque, el ruido era distinto al del líquido en la recámara. El automóvil fue trasladado a la base Gendarmería. Para ver lo que había adentro se utilizó un “boroscopio”, un artefacto similar al endoscopio que se usa en la medicina, con un brazo flexible y con una cámara en el extremo. Al meterlo, en una pantalla vieron varios paquetes dentro del tanque. Había 20 envoltorios, recubiertos con medias de lycra femeninas. Fueron en total 23 kilos de cocaína. En el momento en que los agentes confirmaron que había droga en el tanque, la mujer comenzó a insultar el hombre, asegurando que ella no tenía idea de lo que llevaban. Luego se supo que el conductor tenía un pedido de captura. El fiscal decidió imputarlos a los dos. 

Otros casos no tan recientes contaron con un nivel de imaginación que sorprendieron a las fuerzas federales. A final de octubre del año pasado, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) detuvo a una pareja de colombianos y a un argentino por integrar una banda que despachó hacia Holanda un plato decorativo con la figura de Mafalda, hecha de pequeños azulejitos de cocaína. El personaje de Quino tenía una camiseta argentina y una guitarra eléctrica colgada. Parecía un plato para decoración, pero cuando los agentes rasparon la superficie de la figura se descubrió que los 100 cuadraditos no eran de venecita ni cerámica. En la misma investigación se determinó que la banda que mandaba cocaína hacia Europa, con la misma ruta traía drogas sintéticas en guantes de boxeo, una especie de trueque entre los dos grupos, el sudamericano y el de Holanda.

El caso de las cocaína en las bobinas, en el puerto de Bahía Blanca fue llevado adelante por una banda narco que intentó traficar 1862 kilos de cocaína a España y a Canadá en 2017. Para esa operatoria, dividieron la droga en 1.258 paquetes rectangulares de cocaína (todos de colores distintos) ubicados dentro de las bobinas, con el campo magnético a su alrededor para que no se pueda identificar esa parte de la carga. En este momento, se está juzgando a la banda, liderada por tres mexicanos. El proceso tiene como hecho curioso que, por primera vez, el blanqueo de fondos se hizo a través de bitcoins. Como se puede ver, el ingenio narco no es solo esconder sino también meter lo que ganan en el circuito legal.

AM

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