La macro del “pague cuando pueda”: el otro truco del superávit
En los últimos meses comenzaron a multiplicarse los conflictos en sectores que tienen algo en común: dependen del Estado para funcionar. Médicos del PAMI en paro, universidades nacionales con medidas de fuerza, prestadores de discapacidad al borde del colapso, empresas de transporte que reducen servicios. Detrás de todos esos conflictos aparece un mismo fenómeno económico: el atraso en los pagos del Estado.
La discusión económica argentina suele quedar atrapada en una variable: la inflación. Es lógico. Durante décadas fue el síntoma más visible del desorden macroeconómico. Sin embargo, detrás de ese indicador hay otros mecanismos menos visibles que también moldean la vida cotidiana de la economía. Uno de ellos es el manejo del tiempo de los pagos del Estado.
En los últimos meses, distintos sectores comenzaron a denunciar lo mismo: demoras en los pagos de parte del Gobierno nacional, y analistas económicos advierten que el retraso deliberado de desembolsos se ha convertido en una de las herramientas centrales para sostener el equilibrio fiscal que el dúo dinámico Javier Milei-Luis Caputo festeja cada mes como si cada mes la Argentina ganara el Mundial, mientras en la sociedad se oye el cantar a un grillo solitario.
En otras palabras: el superávit se sostiene, en parte, pagando más tarde. Y cuando el Estado se demora, toda la economía argentina —acostumbrada a anticiparse a los efectos de la inflación— siente el impacto.
La macroeconomía del pago diferido
Hay un principio bastante simple en economía pública: si los ingresos caen y el gasto no puede reducirse más, el margen de maniobra aparece en la administración del flujo de caja. Es decir, en cuándo se paga.
La recaudación tributaria viene mostrando señales de debilidad. En ese contexto, el gobierno de Javier Milei busca sostener su bandera política más importante: el equilibrio fiscal.
Pero ese equilibrio no siempre se construye solamente con recortes de gasto. También con demoras.
Un informe periodístico firmado por el periodista Carlos Lamiral describe uno de los mecanismos utilizados: “Los comodines del superávit fiscal: Luis Caputo pisa la devolución de impuestos y suma ingresos extraordinarios”, la caída en la recaudación obligó al equipo económico a buscar recursos alternativos para sostener el resultado fiscal. Para el FMI, al día. Para adentro, paga Dios.
Entre esos “comodines” aparece la postergación de gastos tributarios. Un ejemplo claro es la devolución del IVA a exportadores, que en febrero directamente fue cero, cuando en meses anteriores superaba los cientos de miles de millones de pesos.
Es una forma elegante de ajustar sin anunciar un ajuste.
El problema es que los retrasos no quedan en las planillas del Tesoro. Se trasladan rápidamente a la economía real.
Hay reclamos de distintos sectores hacia el Gobierno por el atraso en los pagos. Las empresas de colectivos, los prestadores de discapacidad y las farmacias y clínicas que trabajan con PAMI sostienen que el ministro de Economía, Luis Caputo, demora desembolsos para mantener el superávit a pesar de la caída en la recaudación.
En el transporte público, por ejemplo, la situación ya generó conflictos concretos. Las empresas del AMBA denunciaron una deuda del Estado que ronda entre 120.000 y 150.000 millones de pesos en subsidios.
La Secretaría de Transporte terminó adelantando el 60% de los pagos de abril para evitar una paralización mayor del servicio.
Incluso con ese anticipo, varias líneas redujeron frecuencias o directamente suspendieron recorridos. El periodista de elDiarioAR León Nicanoff lo describió en esta nota: cómo la Argentina del libertario Milei se va pareciendo a Cuba, al menos en lo que respecta a cómo viajan los usuarios en las guagas, en el Caribe, y en los colectivos, aquí en Buenos Aires: apretados a más no poder. Y eso que al boleto lo vienen subiendo sin piedad.
La salud, el eslabón más frágil
Donde el impacto se vuelve más sensible es en el sistema de salud.
“Si PAMI no paga, vamos a tener que suspender el servicio”, advirtió Héctor Milanesi, uno de los farmacéuticos afectados. Los médicos de cabecera del PAMI iniciaron recientemente un paro de 72 horas para reclamar mejoras en sus condiciones de pago.
El conflicto se disparó por una resolución que modifica la forma de remuneración y reduce ingresos, lo que para muchos profesionales vuelve inviable el sostenimiento de los consultorios.
Según denunciaron desde el sector, los médicos pasarían a cobrar alrededor de 2.100 pesos por paciente, una cifra que consideran insuficiente para cubrir los costos básicos del ejercicio profesional.
Cuando el Estado paga tarde o paga menos, la salud pública funciona peor (pero con los mismos impuestos), y las consecuencias no son contables sino sociales.
Las universidades nacionales también denuncian retrasos en el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Según organizaciones docentes, el gobierno acumula más de 170 días de incumplimiento en la aplicación de la norma aprobada por el Congreso.
La respuesta fue la convocatoria a nuevas medidas de fuerza y paros en el sistema universitario. Otra consecuencia del mismo problema.
Disco rayado
La relato oficial insiste en que el equilibrio fiscal es la condición necesaria para estabilizar la economía. Y es cierto que la Argentina necesita ordenar sus cuentas públicas. Pero también es cierto que el equilibrio fiscal puede construirse de distintas maneras.
No es lo mismo reducir gastos estructuralmente que postergar pagos. Porque en el segundo caso el gasto no desaparece: simplemente se traslada hacia adelante. Y ese traslado tiene efectos. Aumenta la incertidumbre en sectores que dependen del Estado. Dificulta la planificación de empresas y profesionales. Y, sobre todo, agrega estrés a una macroeconomía que sigue funcionando mal.
No solamente las paritarias y los ingresos están pisados en el gobierno de Javier Milei, con la presunción de que a mayor circulando de dinero, mayor es la suba de precios. Son también los pagos intra-Estado, que como el gobierno de La Libertad Avanza es tan libre, los honra cuando se le da la gana.
Analistas económicos advierten que esta es una estrategia fija de Luis Caputo para sostener su sagrado equilibrio fiscal, una de las pocas variables que le da bien pero que tiene sabor a nada a la luz de los números de la inflación 2026, que puede cerrar su primer trimestre en el orden del 9%, cuando, por ejemplo, en los cuatro años de presidencia de Néstor Kirchner rondó el 9% promedio pero anual, no trimestral, a apenas 17 meses de la salida del uno a uno y justo antes de que el Indec empezara a mentir la inflación con el interventor Guillermo Moreno, ya con Cristina Fernández de Kirchner como presidenta, período en que la macro empezó a funcionar mal.
La inflación ha bajado desde los porcentajes del gobierno del fantasmal Frente de Todos, pero no lo que Milei y los empresarios y los trabajadores que lo votaron esperaban que bajara.
La baja de la inflación es necesaria, porque la economía argentina es una economía indexada. Sin embargo, Milei, en nombre de libertad de empresa (porque de la del paciente, mejor no comments), les dio plena libertad a las prepagas para que subieran la cuota mensual a sus afiliados. Todo lo que quisieran. Después de aumentos impresionantes, como el del 40% que pusieron el primer mes, gracias a la libertad que les otorgó el Presidente al firmar en diciembre de 2023 ese primer decreto con centenares de artículos desreguladores y derogadores, ideado por el ministro de Transformación del Estado, “El Coloso” Federico Sturzenegger.
Los que tenemos créditos hipotecarios UVA estamos volviendo a tener los mismos problemas que con Mauricio Macri y con Alberto Fernández, presidentes a quienes la inflación, como consecuencia de los saltos del tipo de cambio por las corridas bancarias, se les fue de las manos: agarrándonos la cabeza porque la cuota te come cada vez más el ingreso, como la prepaga y los servicios, por mencionar sólo un par de ejemplos. Son gastos fijos, pagos que las familias no pueden dejar de hacer. No es sacarle al fiado un poco de fiambre y una Coca-Cola al almacenero. Es no pagar la luz. ¿Qué pasa si no pagás la luz? Te la cortan.
Con los UVA, Macri y Fernández por lo menos congelaron las cuotas. Fue una forma de admitir que no podían controlar la inflación: se nos fue de las manos, desde el Estado damos un alivio a la gente, pensaron (uno por motivos electorales; el otro, sanitarios).
Milei, que habla pestes de la inflación, tampoco logra controlarla pero no dará ningún tipo de ayuda a nadie. En este período libertario de la Argentina pareciera que todos tenemos que arreglárnolas como podamos, inclusive pagando los mismos impuestos. Todos, menos Manuel Adorni y el resto de la casta que juraron combatir.
Entonces, la economía argentina es una economía indexada a la inflación y al dólar. Por lo tanto, no controlar la inflación, que además era la principal —y reiterada hasta el hartazgo— promesa de campaña de Milei, activa la indexación y la retroalimenta. La salud privada aumenta según el Indec, y nadie dice ni mu.
Para este modelo, la única libertad que permanece innegociable es para los poderosos, las empresas que pueden ajustar precios cuando y como quieran, y el Estado para elegir a quién, cómo y —sobre todo— cuándo dejar de deberle. Para el resto, la libertad sigue llegando tarde. Como los pagos del gobierno del dúo dinámico.
JJD
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