George Clooney pide a gritos otro Oscar con 'Jay Kelly' y Lanthimos se recrea en su circo de la crueldad en 'Bugonia'

La presencia de George Clooney era una de las más esperadas en la 82 edición de Venecia. El actor y director presentaba su nueva película, Jay Kelly, a las órdenes de Noah Baumbach, pareja de Greta Gerwig, guionista de Barbie y habitual de Venecia con títulos como Historia de un matrimonio. El filme es una de las grandes apuestas para la temporada de premios de Netflix, productora del filme y cuyo logo fue abucheado por un espontáneo en el pase de prensa del filme en Venecia, donde tuvo lugar su premiere mundial.
Sin embargo, Clooney se bajó del evento a último momento. El actor llegó a viajar hasta el Lido, pero el día anterior ya canceló algunas entrevistas que tenía concertadas y el jueves, día oficial de la proyección, se ausentó de la rueda de prensa ante la decepción de los periodistas. Decepción porque era el rostro más conocido de la producción, pero principalmente porque él es la estrella absoluta del filme de Baumbach en el que ofrece una de sus mejores interpretaciones.
Clooney saldrá, casi seguro, aupado como uno de los grandes favoritos para el que sería su primer Oscar como actor protagonista. Los otros dos los logró como actor de reparto por Syriana y como productor de Argo, el thriller de Ben Affleck. Su interpretación es incontestable y, además, tiene algo que es un caramelito para Hollywood, ya que interpreta a un actor que en su madurez tiene una crisis —se da cuenta de que fue un padre ausente— y decide enfrentarse a su pasado haciendo un viaje por Europa en el que afrontará cuestiones como la ambición, el ego, la fama, la paternidad, la amistad y las relaciones de poder entre actores, representantes y otros miembros de su séquito.
La sonrisa del actor luce como nunca, y Baumbach le regaló un personaje en el que no solo da rienda suelta a su carisma, sino en el que vemos un reflejo donde muchas veces se confunden la persona real y el personaje —algo acrecentado en una emocionantísima y brillante escena cerca del final que conviene no desvelar—y que él aprovecha para construir un personaje tierno, pero también contradictorio, a veces cargoso, pero que tiene algo de esa aura que tenían los actores clásicos. Los mismos nombres que él recita delante de un espejo en una escena antes de repetir después el suyo, ese Jay Kelly que da nombre al filme.
Aunque la película gira en torno a él sería injusto concentrar el mérito solo en su persona, porque lo que hace es terminar de dar brillo a un inteligente y emotivo guion escrito por Baumbach junto a la actriz Emily Mortimer, que se reserva un pequeño papel como la peluquera del protagonista. Jay Kelly sería la versión sentimental de la serie The Studio. Si la ficción de Apple TV+ juega a la sátira salvaje y a mostrar todas las miserias de la industria del cine, Baumbach y Mortimer suavizan y aunque se rían de su profesión intentan convertir sus problemas en universales.
Lo hacen, también, con la ayuda de un reparto en donde sorprende Adam Sandler, finísimo y contenido como manager de Clooney, y Laura Dern, a la que el cineasta ya regaló un personaje que le valió el Oscar en Historia de un matrimonio y para la que reserva también alguna de las mejores frases de la película. Es cierto que a Baumbach se le atasca el guion en su último tercio, con esa Italia llena de clichés donde se siente tan perdido como su personaje, pero se recupera en un clímax final que es pura emoción.
Lanthimos pierde la fe
Quien sabe lo que es ganar el León de Oro es Yorgos Lanthimos. Lo logró con Pobres criaturas. Con su protagonista, Emma Stone, regresa al Lido con Bugonia en la que es su cuarta colaboración juntos. Un remake del filme coreano Save the Green Planet con el que Lanthimos se muestra más desesperanzado que nunca con el momento actual. Bugonia, que cuenta la historia de dos conspiranoicos que secuestran a una ejecutiva de una farmacéutica porque aseguran que es un alien, es un filme que desprende el descreimiento de su cineasta.
Bugonia nos dice que no hay esperanza en el ser humano, que todo lo que tocamos nos lo cargamos. La negatividad de su propuesta es un agujero negro que la engulle por completo, y Lanthimos, como viene siendo habitual en él, acaba regocijándose en las desgracias a las que somete a sus protagonistas. No solo es que el mundo se vaya a la mierda, es que parece que disfruta con ello.

Están claras sus intenciones, pero uno acaba muy cansado del circo de la crueldad al que somete a Emma Stone y al espectador. Bugonia mantiene el ADN del cineasta, que sigue retorciendo todo para hacer daño. Hay sangre, sudor, violencia… pero el problema es que Lanthimos nunca tiene ninguna empatía por sus personajes. Se ha hecho el rey de un cine misántropo que en vez de proponer soluciones estéticas o narrativas se limita a decir: esto es lo que hay. Su humor negro a veces funciona, y Emma Stone y Jesse Plemmons se entregan en dos interpretaciones que son un salto sin red que muchos intérpretes no están dispuestos a asumir.
El propio Lanthimos reconocía en su rueda de prensa que no ve esta película como una distopía, sino como “un reflejo del mundo real”. “Creo que esto es lo que está pasando en nuestra civilización, es lo que está pasando ahora y la película se volvió más real según ha ido pasando el tiempo. La humanidad se enfrenta a muchos retos y no sé cuánto tiempo nos queda con todo lo que está pasando. La guerra, el cambio climático, la IA, el negacionismo… esto es una reflexión sobre el ahora y espero que a la gente le haga pensar en lo que está pasando en el mundo”, dijo el director que portaba una chapa de Palestina.
Plemmons, que hace del incel negacionista, abordó el tema de la violencia del filme, que entiende que a algunas personas no les guste verla, pero que cree que es importante abordarlo. “Tenemos un instinto para cerrar el libro y no mirar las cosas que nos asustan, porque son difíciles de entender, pero para mí, como actor, abordarlas es la forma de darle sentido a esas cosas. Hay un riesgo en decir que mi personaje no es humano, pero lo es, esta gente existe”, zanjó otro habitual de Lanthimos que con Kind of Kindness logró el premio al mejor actor en Cannes y que ahora también logró el elogio unánime de la crítica.
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