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El partido

El partido

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La transmisión televisiva comienza unos segundos antes de la salida de los jugadores al campo de juego, de modo que todo lo que los dos planteles han hecho hasta entonces permaneció fuera del radar de las cámaras. ¿Cómo llegaron los ingleses a las 11:50 del 22 de junio de 1986?

"Fue un día tan raro que desayunamos a las 8 de la mañana, copos de maíz y banana -reconstruye Peter Reid, mediocampista, en Invierno en Everton, verano en México, un Diario de Fútbol (Queen Anne Press, 1987)-. Después viajamos al estadio, y eso fue fabuloso: en las calles, los fanáticos mostraban las banderas de sus países. En el colectivo escuchamos el casete habitual, con música de Los Beatles y los Rolling Stones."

"El colectivo llegó al Azteca y condujo hasta debajo del estadio, donde estaba todo oscuro -recuerda otro volante, Steve Hodge, en El hombre con la camiseta de Maradona (Orion, 2010)-. Era un submundo de luz de sodio, escondido del duro sol de México."

"Inglaterra llegó al estadio Azteca y se encontró con la negativa de acceder “al vestuario de la suerte” que habían ocupado en el partido contra Paraguay. Mal augurio, pensaron los jugadores", escribe David Downing en Argentina-Inglaterra y otras pequeñas guerras.

"En el vestuario -cuenta Reid-, Hoddle estaba con los auriculares encendidos. Le pregunté qué escuchaba y me hizo el gesto de un águila: era fan de The Eagles, y era su manera de relajarse. Sansom y Butcher gritaban y bromeaban. Lineker estaba acostado."

Pero además de los rituales previos de cada partido, Inglaterra también debía lidiar con el efecto Malvinas. Durante la semana, el técnico Bobby Robson había propuesto que los planteles se juntaran para mostrar una imagen de paz y concordia. La AFA alabó el gesto, pero nadie hizo demasiado esfuerzo en organizar la puesta en escena. Aquello no era sencillo para los argentinos pero tampoco lo era para los británicos. Treinta años después, Terry Fenwick recuerda una intromisión en el vestuario del Azteca.

—La influencia de la guerra fue enorme, tuvo un gran impacto en nuestra preparación -dice el defensor, vía correo electrónico, desde Trinidad y Tobago-. Minutos antes del partido, el entonces ministro de Deportes de Gran Bretaña nos dio instructivos, muy notorios, de lo que podíamos hacer y no dentro de la cancha. Estando en México, veíamos los canales de televisión que tenían base en Estados Unidos y pasaban imágenes de la guerra de Malvinas. Fue todo muy intenso y nosotros, los ingleses, no supimos cómo manejar la situación de manera apropiada.

Reid agregaría otro elemento de presión: que el técnico inglés, Bobby Robson, les dijo a los jugadores que había recibido telegramas de la Reina Isabel II y de Margaret Thatcher, primera ministra británica.

"En el vestuario, antes de los partidos, Bobby siempre estaba hiperactivo, pero antes de jugar contra Argentina trató de calmarnos, de decirnos que nos olvidáramos de la cuestión política que había alrededor -dijo Reid, según reconstruye Animals! The Story of England vs Argentina, de Neil Clack (editorial Know The Score, 2010)-. Sin embargo, después empezó a entusiasmarse, y a decir que quería ganar, y nos contó que habíamos recibido mensajes de buena suerte de la Reina y de la primera ministra, y cómo Maggie Thatcher había dicho que ya habíamos ganado una guerra y que ahora que podíamos ganar otra, y todo eso… ¡Demasiado para (querer) olvidar la guerra! Pero para ser honesto, no le prestamos mucha atención. Teníamos suficiente con el partido. Argentina tenía muy buenos jugadores."

"Los futbolistas de Puerto Argentino -en referencia a la principal ciudad de Malvinas, publicó The Sunday Times la mañana del 22 de junio- le enviaron un telegrama al entrenador de Inglaterra, Bobby Robson, deseándole la mejor de la suerte y recordándole que “esto significa algo especial para nosotros”."

"En los días previos al partido junté a los jugadores y les dije de lo inevitable que serían las preguntas del periodismo -cuenta Robson, que murió en 2009, en Tan cerca y tan lejos, el diario de las Copas del Mundo de Bobby Robson, 1982-1986 (Collins Willow, 1986)-. Les pedí que no se involucraran en los aspectos políticos, que no hablaran de eso. Que estábamos para jugar al fútbol, y que yo era entrenador, no político. Yo además rezaba para que no hubiera ninguna pelea de las dos hinchadas frente a las cámaras de televisión de todo el mundo."

Pero además de Malvinas, el técnico de Inglaterra y sus jugadores tenían otro asunto del cual ocuparse en la previa del partido: Maradona. Un asunto del que, en verdad, no parecen haberse ocupado tanto.

"Unos 45 minutos antes del comienzo -le dijo Fenwick al portal deportivo de Trinidad y Tobago, wired868.com, en marzo de 2014-, estábamos en el vestuario y Sir Bobby me llamó para darme instrucciones de cómo enfrentar a Maradona. Me dijo: “No te preocupes por Maradona, Terry. Es solo un pequeño muchacho y únicamente tiene un pie bueno”. Ahora ya me puedo reír pero pasaron varios años para que le encuentre el sentido gracioso después de haber sido responsable del gol de todos los tiempos. Bobby nunca citó a Maradona en las reuniones previas al partido y salimos con el sistema habitual, 4-4-2."

—Yo esperaba que (el técnico) nos detallara cómo íbamos a marcar a Maradona hombre a hombre, pero Sir Bobby tenía otras ideas: la orden fue marcarlo colectivamente y que se ocupara el jugador que estuviera más cerca -agrega Fenwick vía e-mail, y enseguida dejará en claro que aprendió a tomarse el asunto con humor-. Sir Bobby me llevó a un costado para decirme que Maradona solo tenía un pie del que debía estar atento, pero claramente no me explicó cuán bueno era ese pie, el izquierdo.

"Tuvimos reuniones para hablar del partido pero Bobby nunca fue de hacer demasiados análisis tácticos -dice Hodge en su biografía-. Era más un motivador, por ejemplo nos mostraba los telegramas que recibía de la gente. Podían ser de un amigo en Newcastle o de una anciana en Bristol que nos deseaban lo mejor. Quería retratar la emoción que había en el país y mantener el fervor patriótico que le inculcaba al equipo. En la charla técnica del día previo, abordamos brevemente la situación de Maradona y lo que haríamos para frenarlo. Bobby no quería que perdiéramos nuestra confianza, así que no hablamos demasiado de él. Reiteró que a veces tendríamos que duplicarle la marca, pero que siempre apostaríamos a lo nuestro."

"Les dije que no le tuvieran fobia -dice el técnico en Tan cerca y tan lejos-. Habíamos ganado los dos últimos partidos por tres goles. Esta vez con un gol sería suficiente. Yo no era codicioso."

"Cuando nos preparábamos para salir a la cancha y escuchar los himnos -escribe Hodge en su libro-, Bobby dijo unas últimas palabras: “¡Somos Inglaterra! ¡Juguemos a nuestra manera!”. Todos gritaron: “¡No la dejaremos pasar!”."

—Ya se veía que Diego estaba para cosas mayores -dice Ruggeri-. Si hasta los jugadores ingleses, antes del partido, se sacaron fotos con él.

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