Análisis

Con la mira en Biden, Economía acelera la agenda de discusión con el FMI

Guzmán y el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, en diálogo virtual con el de Estados Unidos ante ese organismo.

Las negociaciones entre el Gobierno y el FMI continuarán esta semana en Washington. El director por el Cono Sur ante el Fondo Monetario Internacional, Sergio Chodos, permanecerá en la sede del organismo, luego de que pasaran por la capital de Estados Unidos el secretario de Finanzas, Diego Bastourre, el subsecretario de Financiamiento, Ramiro Tossi, y el de Servicios Financieros, Mariano Sardi, Además, continuarán las conversaciones virtuales desde Buenos Aires, aunque la reciente visita de Bastourre y compañía demostró que la presencialidad aún sigue siendo más efectiva para el diálogo, pese al sobreentrenamiento de zooms que ha dejado la pandemia.

Aún están en la etapa del diagnóstico de situación las negociaciones de un acuerdo para postergar los vencimientos del préstamo récord que tomó el gobierno de Mauricio Macri con el FMI y que tienen lugar entre el año próximo y 2023. Una de las obsesiones del Fondo es cómo la Argentina le devolverá su dinero y por eso se discute sobre cómo potenciar el mercado doméstico de deuda y cómo quedó dañado después del default de los títulos en pesos que decidió en 2019 el entonces ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, tras heredar el tembladeral dejado por su antecesor, Nicolás Dujovne. El equipo del actual ministro, Martín Guzmán, y los negociadores del Fondo para la Argentina, Julie Kozack y Luis Cubeddu, prevén que el país carecerá de acceso a los mercados internacionales de deuda por mucho tiempo y, además, recuerdan la costumbre de sobreendeudarse con el exterior cada vez que se abren. Por eso coinciden en que debe mejorar la situación macroeconómica y la reglamentación para recrear el financiamiento doméstico en las cantidades necesarias para afrontar tantos pagos a futuro.

El otro de los asuntos que concentran la atención del FMI es la acumulación de reservas. Cuantos más activos tenga el Banco Central, más podrá controlar el tipo de cambio y apuntar a reducir la deuda con el Fondo, como hizo la Argentina de Néstor Kirchner en 2005. Los técnicos del organismo han comprendido, a partir de la experiencia en 2018 y 2019, que el dólar, además, es un ancla antiinflacionaria en este país y no se pueden sugerir bruscas devaluaciones como ocurren en otros países sudamericanos. También recomiendan tasas de interés positivas (mayores a la inflación).

Los temas más conflictivos sólo se discutirán después de que el principal accionista del FMI, Estados Unidos —que cuenta con poder de veto en su directorio—, cambie de presidente el 20 de enero. Joe Biden reemplazará a Donald Trump y modificará modificará parte del elenco en el organismo multilateral. Con el período de adaptación de los designados, el gobierno prevé que el acuerdo termine sellándose en marzo o abril, antes de los vencimientos de deuda del país con el Club de París (grupos de naciones acreedoras).

Para firmar el nuevo compromiso de facilidades extendidas, deberán definirse las metas fiscales de la Argentina para 2022 en adelante, de modo tal de saber con qué recursos contará el país para afrontar los pagos de deuda. No se discutirán los números de 2021, según Guzmán. También tendrá que dirimirse cuándo y cómo la Argentina volverá a los mercados internacionales de deuda.

Quedará por verse en qué medida al Fondo le interesa insistir con las reformas estructurales. En el Gobierno sostienen que la previsional está en marcha con el nuevo índice de movilidad jubilatoria que ya aprobó el Senado. El Ejecutivo descarta una flexibilización laboral, aunque sí está de acuerdo con reformas puntuales en algunos gremios. Y sobre la reforma tributaria, se prevé un debate: el FMI suele pedir rebajas impositivas a empresas, el Gobierno aspira a un sistema más progresivo y los dos están preocupados por que la recaudación sea robusta.

AR

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