Cómo la guerra de Trump en Irán puede reforzar la apuesta de Corea del Norte por las armas nucleares
El líder norcoreano, Kim Jong-un, reaccionó de modo inusualmente templado tras el lanzamiento de un misil desde un barco destructor la semana pasada. El ensayo probaba, según dijo, que la decisión de armar buques con armas nucleares avanzaba “de forma satisfactoria”.
El objetivo de la prueba y la reacción de optimismo mesurado de Kim buscaban, sin embargo, tener eco bien lejos de la cubierta del buque Choe Hyon, de 5.000 toneladas, el mayor barco de guerra de la flota del país.
La referencia específica a las armas nucleares se produjo durante el bombardeo de Irán por parte de EE.UU. e Israel. Según dijo sin pruebas Donald Trump, al Gobierno persa le faltaban solo semanas para tener la bomba nuclear.
La extensión de la guerra en Medio Oriente —y la amenaza existencial que pesa sobre el régimen iraní— probablemente reafirmó la decisión de Corea del Norte de construir un arsenal atómico. El programa nuclear es vital para la supervivencia de Kim y la dinastía que gobierna el país desde que lo fundó su abuelo, en 1948.
“Kim debe de haber pensado que atacaron Irán porque no tenía armas nucleares”, indicó tras comenzar los ataques en Irán Song Seong-jong, profesor de la Universidad de Daejeon y antiguo cargo del Ministerio de Defensa de Corea del Sur.
Corea del Norte lleva años inmersa en un programa nuclear que gana velocidad pese a las sanciones de la ONU y los intentos diplomáticos de Trump de evitar la presencia de este tipo de armamento en la península coreana.
Dudas sobre el arsenal norcoreano
El primer ensayo nuclear del Norte se realizó en 2016, y el más reciente, en 2017. Sigue sin estar claro, en todo caso, el tamaño del arsenal de Pionyang y su capacidad de montar una cabeza nuclear miniaturizada en un misil de largo alcance que pudiese golpear el territorio continental de Estados Unidos.
El Instituto de Estudios para la Paz Internacional de Estocolmo publicó en 2025 un informe que indicaba que Corea del Norte había construido unas 50 cabezas nucleares y tenía material fisible para acumular otras 40.
De lo que no hay duda es que la decisión de Kim de priorizar la disuasión nuclear —y trabar una alianza laxa con Rusia y China— le garantizó evitar correr la misma suerte que los antiguos líderes de Irak, Libia, Venezuela o Irán.
La reacción del Ministerio de Exteriores de Corea del Norte a la guerra de Irán vino con matices. Aunque condenó los bombardeos de EE.UU. e Israel como “acto ilegal de agresión” que puso de manifiesto los instintos “hegemónicos y deshonestos” de Washington, no condenó a Trump explícitamente.
¿Nuevas conversaciones?
Esta omisión dejó la puerta abierta para retomar las conversaciones sobre el programa nuclear, siempre que EE.UU. renuncie a exigir que el país asiático prescinda de las armas nucleares y acepte su legitimidad para poseerlas. “Si EE.UU. retira su política de confrontación con Corea del Norte y respeta el estatus actual de nuestro país no hay motivos para que nos podamos llevar bien”, declaró Kim el mes pasado en el congreso del partido único, según la agencia oficial KCNA.
Los analistas no tienen tan claro si la guerra de Irán abre el escenario para que se celebren nuevas conversaciones o si el régimen norcoreano se cerrará aún más.
La disposición del presidente Trump a usar la fuerza militar y las amenazas para fortalecer su posición negociadora pondrán nervioso a Kim y lo harán más reacio a acelerar los contactos para las conversaciones
Sydney Seiler, asesor sénior del estadounidense Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, cree que la posibilidad de un acuerdo nuclear entre Washington y Piongyang se redujo.
“La disposición del presidente Trump a usar la fuerza militar y las amenazas para fortalecer su posición negociadora pondrán nervioso a Kim y lo harán más reacio a acelerar los contactos para las conversaciones”, dijo Seller, antiguo enviado especial de EE.UU. que participó en las conversaciones a seis bandas sobre el programa nuclear norcoreano.
Otras analistas entienden, por el contrario, que el deseo de Kim de asegurar la supervivencia a largo plazo del régimen —y su supuesta buena relación personal con el presidente estadounidense— podrían empujarlo de nuevo a la mesa de negociación.
“Al contrario que Irán, no es posible desnuclearizar Corea del Norte”, concluyó Cho Han-bum, del Instituto para la Unificación Nacional de Korea, con sede en Seúl, que recordó que hay emplazamientos nucleares por todo el país. Sentarse a la mesa como jefe de Estado con capacidad de disuasión nuclear podría darle el margen necesario para que Trump le de concesiones, incluso en forma de garantías de seguridad.
Trump repite que está dispuesto a reunirse con Kim, lo que favorece las especulaciones sobre un posible encuentro con motivo de la visita del estadounidense a China a finales de mes.
Si las conversaciones se producen finalmente, Kim sabe que podrá negociar desde una posición de fuerza. Como están comprobando a su pesar los líderes iraníes, la posesión de armas nucleares —y no la ambición de tenerlas— parece ser la vía a la seguridad.
Con información de agencias.
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