ELECCIONES EN FRANCIA

Siete claves para entender la primera vuelta de las elecciones francesas y qué puede pasar en la segunda

Un cartel electoral de Macron pegado sobre uno de Le Pen en Hautes Alpes.

Amado Herrero

París —

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El resultado fue el esperado, aunque la noche electoral de la primera vuelta de las elecciones presidenciales dejó algunas sorpresas en Francia. La segunda vuelta del 24 de abril entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron se presenta más incierta que la que libraron hace cinco años. El presidente sigue siendo favorito, pero los sondeos elaborados este domingo vaticinan una diferencia mucho más ajustada que entonces: el de Ipsos estima un 54% de los votos para el presidente y 46% para la líder de extrema derecha; el de Ifop, 51% para Macron, 49% para Le Pen. 

Macron llama al voto para vencer a la extrema derecha de Le Pen: "Nada está decidido"

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En cualquier caso, se prolonga la recomposición del escenario político que comenzó en 2017. “El actual jefe del Estado y la candidata de la Agrupación Nacional (RN) se han esforzado en reafirmar la división establecida en su momento entre progresistas y nacionalistas, rompiendo la tradicional alternancia derecha-izquierda”, analiza el diario Le Monde.

La activación del voto útil favoreció a los candidatos con más opciones

En el último momento, Macron, Le Pen y el líder de izquierdas Jean-Luc Mélenchon recibieron un impulso a costa del voto del resto de candidatos, que obtuvieron peores resultados de lo que se esperaba. Los tres más votados acabaron agrupando casi tres cuartas partes de los sufragios.

Mélenchon, en particular, se quedó a un paso de dar la sorpresa y clasificarse para la segunda vuelta, con un 21,95%. Una cifra que no hubiera sido posible sin captar a votantes potenciales de la socialista Anne Hidalgo (1,75%) y el ecologista Yannick Jadot (4,63%). Un fenómeno similar ocurrió en la extrema derecha con Le Pen, que firmó su mejor resultado histórico a costa de Éric Zemmour, que finalmente no alcanzó los dobles dígitos (7,07%) como se esperaba, y también, probablemente, a costa de una parte del electorado de la candidata de la conservadora Valérie Pécresse, que se hundió por debajo del 5%.



La extrema derecha, cada vez más cerca del poder

Justo 20 años después de la primera –e inesperada– clasificación del Frente Nacional para la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales, Marine Le Pen ha obtenido un nuevo récord para su formación rebautizada como Agrupación Nacional, mejorando los registros de 2017.

En esta ocasión, la configuración electoral es más favorable que hace cinco años: dispone de reservas de votos de cara a la segunda vuelta (aunque menores de lo esperado) gracias a Zemmour, Nicolas Dupont-Aignan (2,06%) y, en parte, a Pécresse (4,78%). Por otro lado, Le Pen intentará convertir la segunda vuelta en un referéndum anti-Macron para atraer –o al menos desmovilizar– a una parte de la izquierda.

Los votos a Mélenchon, clave para la segunda vuelta

En su primer discurso tras conocerse los resultados, Le Pen mencionó su “ambición social”, su lucha por, dijo, “salarios y pensiones dignas”, “por un sistema sanitario de calidad y accesible para todos” y “por una vivienda digna”, un mensaje para atraer un electorado adicional que pretende captar de parte de los votantes de Mélenchon.

En este sentido, un barómetro de Ipsos-Sopra Steria para Le Parisien y la radiotelevisión pública francesa apunta que el 30% de los votantes de Mélenchon podría votar a Le Pen –una opción que el líder de la izquierda llamó a evitar con insistencia durante la noche electoral–, el 34% a Macron y el 36% se abstendría. Los trasvases de votos en el electorado de Francia Insumisa será un elemento crucial en la segunda vuelta.

Macron llama a “un gran movimiento de unidad”

En 2019, presionado por las protestas de los chalecos amarillos, una de las respuestas del Macron fue organizar un Gran Debate Nacional que le llevó por todo el país, además de crear una Convención Ciudadana por el Clima. El Gobierno los presentó como “herramientas de consulta para salir de la crisis”. En esta misma línea, hace un mes, Macron aseguró que si resulta reelegido liderará “un nuevo gran debate” con todos los franceses, con carácter “permanente”, en torno a varios proyectos, de forma que “la responsabilidad de las reformas sea compartida”.

Con estos antecedentes, en la noche electoral volvió a mencionar esa nueva estrategia de diálogo institucional: hizo un llamamiento a la creación de “un gran movimiento político de unidad y acción”. Aun así, un 70% de los franceses perciben la acción del actual presidente como “autoritaria”, según un sondeo de Ifop.

Europa, inquieta ante Marine Le Pen

“El debate que tendrá lugar en los próximos quince días es decisivo para nuestro país y para Europa”, advirtió también Macron. Tanto el presidente como varios de sus ministros están subrayando el riesgo sobre una alianza de Le Pen con Vladímir Putin y sobre la salida de Francia de la Unión Europea, que se vería amenazada por una “internacional populista y xenófoba”, en caso de victoria de la líder de Agrupación Nacional. Este escenario supondría que un país fundador de la UE y uno de los motores de la economía comunitaria esté gobernado por la extrema derecha euroescéptica.

La posibilidad de una victoria de Le Pen inquieta a Bruselas y Berlín, dos de los objetivos recurrentes de los ataques de la presidenta de la Agrupación Nacional. “El 24 de abril, los franceses se enfrentan a una elección fundamental: a favor o en contra de la UE”, dijo este domingo en Twitter la líder de los socialistas y demócratas europeos (S&D) Iratxe García Pérez.

Marine Le Pen ya no defiende la salida de la UE. Ahora se inspira en el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, considerado un elemento desestabilizador para la UE y sus valores. “La victoria de Le Pen tendría repercusiones mucho más allá de Francia”, escribe el Financial Times. “Supondría un terrible golpe para la democracia liberal en el mundo occidental y sumiría a los Veintisiete en la confusión, justo cuando Estados Unidos y sus aliados están enzarzados en un tira y afloja por Ucrania con la Rusia autoritaria del presidente Vladímir Putin”.

El frente republicano, de nuevo a prueba

Con el crecimiento del Frente Nacional en los años 80 comenzaron a aparecer las coaliciones de todos los partidos contra el de Jean-Marie Le Pen. El punto culminante de ese frente republicano fueron las elecciones presidenciales de 2002, con un llamamiento unánime a votar por Jacques Chirac. Pero, desde entonces, no han dejado de aparecer grietas en la coalición. 

En esta ocasión, socialistas, ecologistas y comunistas –cuyo candidato Fabien Roussel logró un 2,3% de los votos– rápidamente pidieron el voto para Macron, para evitar la victoria de la extrema derecha. Sin embargo, el partido presidencial teme la abstención del electorado de Mélenchon y de una parte de la derecha moderada. Al igual que en 2017, cuando también se quedó a las puertas de la segunda vuelta (19,58%), Mélenchon ha anunciado que consultará con sus bases qué actitud adoptar. Entonces, el voto en blanco fue la opción preferida. En cualquier caso, Mélenchon hizo un claro llamamiento en la noche electoral contra la extrema derecha. “No debemos dar ni un solo voto a Le Pen”, repitió varias veces.

Mientras, en el partido de derecha Los Republicanos (LR), el diputado Eric Ciotti, que había declarado que votaría por Zemmour en caso de duelo con Macron, anunció que no dará su voto al presidente. “Tres cuartas partes de los franceses han votado en contra del sistema vigente, en contra de las políticas de Macron”, justificó Ciotti. La candidata de LR, Pécresse, sí pidió el voto –a título personal– para Macron.

Se agrava la crisis del Partido Socialista

Diez años después de la victoria de François Hollande, Anne Hidalgo ha obtenido un resultado aún peor que el de Benoît Hamon en 2017 (6,36%). La alcaldesa de París intentó llevar una campaña basada en su experiencia y en la de los alcaldes socialistas, pero ha sido incapaz de generar interés en sus propuestas. Las malas encuestas que le persiguen desde que anunció su candidatura han acaparado la cobertura mediática sobre su campaña.

Ahora, el partido trata de reagruparse de cara a las legislativas del próximo 12 de junio. Pero, además de los malos resultados, tiene el problema de la división interna: este domingo por la noche, mientras miembros del equipo de campaña de la alcaldesa llamaban a una “unión de las fuerzas de izquierda” con los ecologistas y los comunistas, el secretario general, Olivier Faure, abandonó rápidamente el cuartel general de Hidalgo para llamar a una refundación de la izquierda, en una declaración separada.

AH

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