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CHILE

El síndrome del “pato rengo” que pone cuesta arriba el último tiempo del gobierno de Boric

Gabriel Boric, presidente de Chile, junto a la candidata del PC, Jeannette Jara.

Erick Rojas Montiel

Santiago de Chile —

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En política, el concepto de “pato rengo” o “lame duck” describe a un gobernante cuya estabilidad y capacidad de acción se perciben debilitadas, generalmente hacia el final de su mandato, cuando los cambios internos, las renuncias o las decisiones controvertidas generan incertidumbre y desconfianza. Su origen, registrado en el siglo XVIII en Inglaterra y popularizado en Estados Unidos durante el siglo XIX, alude a un pato que no puede seguir el ritmo de la bandada, quedando expuesto y vulnerable. En el contexto político, simboliza a un líder que pierde poder y relevancia, y cuya capacidad de acción se ve limitada por la percepción de debilidad ante aliados, adversarios y la ciudadanía.

En Chile, este fenómeno se ha vuelto especialmente visible tras los recientes movimientos en el gabinete del presidente Gabriel Boric. La renuncia de su autoridad más relevante, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, marcó el inicio del fin del gobierno, cuando le quedan poco más de seis meses. A este cambio –que se produce cuatro meses después de la renuncia al Ministerio del Interior de la otra figura fuerte del equipo de gobierno, Carolina Toha, para competir en las primarias (que perdió frente a la carta comunista Jeannette Jara–, se suma la polémica salida del ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela; la cuestionada llegada de Nicolás Grau a la cartera de Hacienda, quien pese a su experiencia genera desconfianza en algunos sectores por el historial de polémicas durante su anterior gestión en el Ministerio de Economía; y el nombramiento de Álvaro García en esta última cartera, quien previamente rechazó sumarse al comando de la candidata presidencial oficialista, Jeanette Jara. Estos cambios, en conjunto, han alimentado la percepción de un Ejecutivo debilitado y expuesto a cuestionamientos internos y externos, y anticipan complejos meses para la actual administración, especialmente en materia legislativa (reforma tributaria y Presupuesto 2026).

El presidente de Chile, Gabriel Boric, llega al final de su mandato con un Ejecutivo debilitado y expuesto a cuestionamientos internos y externos.

Desde México, el presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, expresó duramente su crítica sobre la gestión de Marcel, acusando que priorizó “el recurso” por sobre la “necesidad social” y cuestionando la falta de transparencia del gobierno sobre su salida. Carmona advirtió que estos movimientos generan una sensación de que “algo se está desgranando” al interior del Ejecutivo, reforzando la percepción de un gobierno que enfrenta incertidumbre política y económica en un momento delicado. Estas palabras reflejan un descontento que, si bien surge desde el interior del oficialismo, tiene resonancia en la opinión pública y contribuye al clima de inestabilidad que caracteriza al llamado síndrome del pato rengo.

En este contexto, la ministra vocera de Gobierno, Camila Vallejo, salió este fin de semana a poner paños fríos. En entrevista con Radio Duna, explicó que hablar del “pato rengo” forma parte del folklore político chileno y que estas percepciones son “simplemente interpretaciones”. Vallejo subrayó que las designaciones ministeriales son una prerrogativa exclusiva del Presidente y que ni los partidos ni los ministros pueden decidir sobre estos cambios, enfatizando la naturaleza presidencialista del sistema chileno. Además, reiteró que lo relevante es que el gobierno continúe cumpliendo con su mandato hasta el último día, independientemente de las críticas o del ruido político que generen los cambios de gabinete.

Sin embargo, el ruido político no se limita a los movimientos ministeriales. La decisión de la Federación Regionalista Verde Social (FRVS) y Acción Humanista (AH) de no sumarse a una lista parlamentaria única con el resto del oficialismo desató una nueva controversia. La negativa de los regionalistas derivó en la salida de Valenzuela de Agricultura, lo que intensificó las críticas cruzadas. Jaime Mulet, líder de la FRVS, acusó hostilidad del Presidente Boric y responsabilizó al ministro del Interior, Álvaro Elizalde, del fracaso de la lista única, mientras que desde el Partido Socialista defendieron a Elizalde y acusaron a Mulet de actuar por intereses personales, privilegiando cupos por sobre la cohesión del bloque oficialista. Valenzuela, por su parte, aseguró que no existía ruptura con La Moneda y que su partido seguirá apoyando la candidatura de Jara, mientras el PPD instó a bajar el tono de la controversia y mantener la candidatura presidencial al margen de las tensiones internas.

El “pato rengo” también se refleja en la campaña presidencial oficialista. El exdirector del Servicio de Impuestos Internos, Javier Etcheberry, descartó apoyar a Jeannette Jara, criticando su capacidad para enfrentar el crimen organizado y recordando la oposición de algunos comunistas a leyes clave. Su postura, cercana al PPD, revela la dificultad de mantener la unidad dentro del bloque oficialista y la vulnerabilidad política que enfrentan tanto Jara como el gobierno de Boric ante cuestionamientos internos que podrían ser explotados por la oposición. El desmarque de Etcheberry se suma al realizado públicamente por otras figuras de la exConcertación, entre ellos, los economistas Oscar Landerretche, José De Gregorio, Alejandro Micco, entre otros.

A lo anterior se suma la violencia en La Araucanía. El ataque en Victoria hace algunos días, que dejó un guardia forestal muerto y otro gravemente herido, generó condenas de los candidatos presidenciales de oposición Evelyn Matthei, José Antonio Kast y Johannes Kaiser. Mientras Matthei instó a que el Estado no permanezca de brazos cruzados, Kast calificó el hecho como terrorismo y pidió medidas enérgicas, y Kaiser emplazó a Jara por supuestos vínculos de su sector con la CAM. Estos hechos refuerzan la percepción de un gobierno expuesto y vulnerable, y también ponen de relieve cómo la seguridad se convierte en un tema central de la agenda política, donde cualquier percepción de debilidad puede ser capitalizada por la oposición.

Qué dicen las encuestas

Las encuestas reflejan, además, la dificultad del gobierno chileno para contrarrestar la percepción de debilidad. Según la última Plaza Pública Cadem, Kast lidera con un 28% de las preferencias, seguido por Jara con 27% y Matthei con 14%. En escenarios de segunda vuelta, Kast vencería a Jara y a Matthei con holgura, mientras que la aprobación del presidente Boric se mantiene en 30%. La encuesta Criteria confirma una tendencia similar, con Kast ampliando su ventaja sobre Jara y Matthei. Estos datos evidencian que la percepción de un gobierno “pato rengo” repercute directamente en la opinión pública y en la competitividad electoral del oficialismo, donde la confianza ciudadana se vuelve un recurso estratégico y escaso.

Milei en San Pablo, junto al diputado Eduardo Bolsonaro y al chileno Antonio Kast

El concepto de “pato rengo” en política no se limita a una metáfora sobre debilidad, refleja una realidad tangible que afecta la capacidad de implementar políticas, generar consenso y mantener la cohesión interna. En el caso de Boric, el fenómeno combina factores internos —renuncias, reorganizaciones de gabinete, conflictos entre partidos oficialistas— y externos —oposición crítica, inseguridad, percepción ciudadana negativa—, generando un desafío estructural que requiere liderazgo, claridad de comunicación y coordinación estratégica.

Sin embargo, el “pato rengo” también puede ser transformado en una oportunidad. La necesidad de cohesión y unidad puede incentivar al gobierno a redefinir prioridades, fortalecer la comunicación con la ciudadanía y consolidar equipos ministeriales más cohesionados y eficientes. La clave estará en convertir la percepción de debilidad en un ejercicio de gestión y liderazgo efectivo, capaz de recuperar confianza y legitimidad.

En esta línea, el gobierno debe enfrentar la tensión entre mantener la unidad interna y responder a las demandas externas de seguridad, economía y políticas sociales. Cada movimiento político y cada declaración pública adquiere mayor relevancia en este escenario, donde la narrativa del “pato rengo” puede convertirse en un factor de riesgo o, si se maneja con estrategia, en un catalizador para demostrar capacidad de adaptación y resiliencia.

El desafío de Boric y su equipo no es menor, entonces. Mantener la gobernabilidad mientras se enfrentan conflictos internos, críticas de sectores oficialistas y oposición consolidada, en paralelo con la presión de un calendario electoral, exige una coordinación estratégica y de un gran liderazgo. La percepción de fragilidad puede ser tan determinante como los resultados concretos de gestión, especialmente en un contexto electoral donde los votantes evalúan tanto la capacidad de ejecución como la solidez institucional.

En conclusión, el fenómeno del “pato rengo” en el gobierno de Gabriel Boric evidencia que la percepción de debilidad puede tener impactos profundos en la política interna y en la campaña presidencial oficialista. Las renuncias, los cambios ministeriales y las tensiones entre partidos oficialistas crean un escenario complejo que requiere liderazgo, claridad y capacidad de gestión. Al mismo tiempo, esta situación ofrece la posibilidad de transformar la percepción negativa en un ejercicio de resiliencia política, donde la coordinación interna y la efectividad en la implementación de políticas puedan recuperar la confianza ciudadana y consolidar un legado más sólido de cara al futuro. En las próximas semanas veremos si el Gobierno es atrapado finalmente pro este síndrome o si logra darle una vuelta y convertirlo en una ventaja. Difícil, pero no imposible.

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