Panorama Económico

Realidad material y realidad psíquica: ¿y si la inflación ayuda al Gobierno en las elecciones?

Sigmund Freud

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Sigmund Freud usaba el concepto de “realidad psíquica” para referirse a la interpretación y valoración subjetiva que le dábamos a los distintos procesos. Esta valoración, explicaba, era tan importante como la “realidad material” al momento de analizar nuestros deseos y comportamientos. Por lo tanto, para pensar nuestras reacciones, no solo importa el hecho-en-sí, sino, además, la lectura personal que hacemos de esa situación; lectura que a veces puede tener poco que ver con esa realidad externa y supuestamente objetiva.

En junio, la inflación fue del 3,2%. De esta manera, acumuló poco más de 25% en el primer semestre, marcando el peor registro desde 2016, cuando, devaluación y suba de tarifas mediante, había superado el 26% según el IPC Ecolatina (no había INDEC para entonces). Sin embargo, a pesar del muy mal arranque en este frente, la inflación podría ser un activo para el gobierno de cara a las elecciones.

Si los números de la primera mitad del año se mantuvieran entre julio y diciembre, la inflación rozaría el 60% en 2021. No obstante, desde el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central se proyecta una inflación poco menor al 50% para este año, de modo que se espera una baja para los próximos meses. Según este consenso, la suba de precios pasaría del 3,8% promedio mensual en el primer semestre al 2,8% (o, lo que es lo mismo, de la zona del 60% anualizado a la del 40%).

Estos números se ubican tan lejos de los objetivos oficiales como de permitir el normal funcionamiento de la economía. Sin embargo, y a la vez, también representan una desaceleración importante en relación con el cierre del 2020 y el arranque del 2021. En ese entonces, la inflación parecía no tener techo y el Gobierno no encontrarle la vuelta al problema. Por el contrario, en la actualidad, la dinámica pareciera haberse encauzado, en tanto que es posible que la situación mejore en los próximos meses.

Esta dinámica favorable se lograría a costa de seguir pisando al dólar y las tarifas, por lo que podría traer problemas en el mediano plazo. No obstante, de cara a las elecciones, podría generar la percepción de que el equipo económico controló la situación y, efectivamente, está triunfando en su lucha contra los precios, aun cuando esta no sea la situación “real”.

Por el lado salarial la dinámica puede ser parecida. En 2020, el poder adquisitivo de los trabajadores registrados promedió una caída del 3,3% interanual, acumulando un retroceso de 20% respecto del cierre de 2017. En la primera mitad del 2021, el salario real habría frenado su caída, y hasta podría haber crecido alrededor de 0,5% según las estimaciones de Ecolatina -no hay números del REM para esta variable-. Por lo tanto, aunque esta serie sigue 19% por debajo de los niveles de 2017, y 7% por debajo del arranque del año pasado, podría formarse la idea -temporalmente cierta- de que “los salarios volvieron a ganarle a la inflación”.

La reapertura de paritarias alentada desde el Poder Ejecutivo en un contexto de baja de la inflación podría reforzar esta percepción. En este sentido, desde Ecolatina proyectamos un avance de 4% para el salario real durante el segundo semestre, una dinámica que alentaría la idea de que la recuperación llegó. Aunque el salario real de fines de 2021 sería 3% menor al de arranque de 2020, y 17% menor al de 2017, la realidad psíquica podría decirnos que el poder adquisitivo está mejorando, aun cuando la realidad material nos indique que esto es solo un pequeño y tibio rebote.

La mejora económica del próximo semestre será difícil de sostener pasadas las urnas. Por un lado, porque para lograrla se acumularán algunos desequilibrios que pasarán factura, especialmente aquellos vinculados al dólar oficial y el stock de reservas netas, que revertirían la dinámica positiva del primer semestre y podrían incluso volver a los valores del cierre del año pasado, muy cerca de los mínimos de 2015. Por el otro, porque antes de marzo del año que viene habrá que cerrar un acuerdo con el FMI, ya que de lo contrario caeríamos en un default inédito para la economía global y con consecuencias tan relevantes como negativas sobre la economía argentina. El acuerdo reestructuraría los vencimientos en el corto plazo, relajando las expectativas de devaluación. Sin embargo, también traería algunas exigencias por el lado fiscal, y quizás también cambiario -menores restricciones para comprar dólares oficiales, objetivos de acumulación de reservas para el Banco Central-, de modo que el rebote de la segunda mitad del 2021 se terminaría a comienzos de 2022.

La realidad psíquica y la realidad material no siempre van de la mano. Por el contrario, la primera suele estar influida por nuestros deseos inconscientes, de modo que suele ser más tolerable. La disociación de corto plazo de estos dos conceptos podría ayudar al Gobierno en las elecciones, aun cuando esta disociación no tenga muchos fundamentos externos ni expectativa de vida. ¿Relato matará dato?

MR/WC

Economista jefe de Ecolatina

 

 

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