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El Dipy, La Matanza y la pelea por quedarse con el ancho de espadas en el conurbano

El Dipy, el elegido de Javier Milei para competir en La Matanza, en una foto en Brasil durante la pandemia de coronavirus.

Alejandro Seselovsky

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La silueta de un territorio, La Matanza. Y la silueta de un figurín público ¡el Dipy, papá! Probemos, por probar, cruzarlas a ambas sobre la caldera de la circunstancia argentina ¿Qué sale de ese match? Un nuevo subidón. Es La Grieta tomándose otra raya.

La Matanza: es el más poblado de los 135 partidos que tiene la Provincia de Buenos Aires, con 1.8 millón de habitantes según el censo 2022, lo que significa un crecimiento poblacional del 3,3 por ciento con respecto al Censo 2010. Es una variación ascendente bastante lógica. El asunto es la variación ascendente del período anterior, la que va del censo 2001 al 2010: 41 por ciento. KEEEEE?? Dice JxC que el número está inflado para mejorarle la coparticipación al distrito. Dice el gobernador Kicilove que la coparticipación no se toca. Todo muy Macondo pero más perri, mas wachín, cruzado por las balas de la barra de Lafe, de Almirante Brón. ¿Cuánta fiebre, cuánta tragedia y cuánta literatura urgente caben en los 300 kilómetros cuadrados que mide el suelo matancero? Por cierto, CABA mide 200.

¡El Dipy, mamá!: David Adrián Martínez tiene 45 años. Nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, pero creció en La Tablada, borde norte de La Matanza, ahí donde la General Paz establece quién es porteño y quién es conurba. Es decir, el Dipy es un hijo de la migración interna que huye del interior indigente y se busca una subsistencia en el primer cordón. Los Martínez, con ese hijo único, se pasaron unos años carancheando la vida, awantando las cosas a golpe de changas, hasta que el padre entró en una fábrica de faros para la industria automotriz, calle Kennedy, localidad de San Justo, que es donde La Matanza tiene su sillón de Rivadavia, su cabeza departamental, su médula política: en definitiva, su intendencia y su gobierno. El padre hizo entrar a la madre y entre los dos pecharon el futuro a puro contraturno. Terminaron abriendo un mercadito de barrio, lo que con más formalidad podríamos llamar un autoservicio. Y ahí creció el Dipy, entre góndolas petisas y repositores.

La Matanza: Según datos del Observatorio Político Electoral, organismo dependiente del Ministerio del Interior, y actualizados al 2021, CABA representa el 7 por ciento del padrón nacional. Córdoba, el 8. Santa Fe, el 8. La Provincia de Buenos Aires, el 37. La locura es total. Podemos revisar los porcentajes de las últimas elecciones nacionales, las legislativas del 2021, para establecer la importancia del sufragio matancero. En todo el país, JxC le ganó a FdT 42 a 34. En la provincia de Buenos Aires, Santilli le ganó a Tolosa Paz 39 a 38 (lo podés llamar empate técnico o “ganar cagando”). Ahora bien, en La Matanza, en nuestro gran pelotero del sentir nacional, popular, peronista y coso, el FdT le dio un paliza a JxC ganándole 47 a 28. Es decir, La Matanza no te gana una elección nacional ella solita, pero te ayuda en cualquier remontada y te pone a tiro de ganar la Provincia. Tenerla es tener el ancho bravo. Después habrá que ver qué otras cartas podés orejear. En La Matanza no hubo otro gobierno, desde 1983, que no haya sido peronista.

¡El Dipy, chiques! En la primera mitad de los dos mil, David Adrián pinchaba discos y buscaba su futuro como DJ en el circuito de la cumbia base, en las fiestas wachas, bajo los tinglados al paso de Isidro Casanova. Si en los 90s el rock argentino había alcanzado su masificación de estadios con Los Piojos y la Bersuit, el 2001 vino a quitarle de las manos la potestad de seguir interpretando el mundo -de seguir interpretándonos. De golpe había un nuevo paisaje que contar, un nuevo relato que establecer: el de la nación cartonera que tira del carro de la emergencia con un caballo mustio alimentado a pastura de residuo sanitario y CEAMSE. La Cumbia Villera dijo entonces: a esta Argentina la cuento yo, y el rock se quedó cortando tickets en los alrededores de Niceto, llenando Vorterix con 1500 tipos. En las fiestas de Casanova, nuestro muchacho cumbianchero conoció a Sergio “Fideo” Galván, que estaba armando una banda, El Empuje, para hacer cumbia villera fake, cumbia villera falopa. El Dipy le pidió por favor que lo tome como cantante. Fideo Galván le contestó: 

¿Sabés qué pasa? Estoy buscando un pelado con anteojos, corte La Mosca.

Al día siguiente, el Dipy se había rapado y se había puesto los anteojos.

La anécdota la contó el mismo Fideo Galván. Y la verifica Lucho Rombolá, el periodista con la trayectoria más contundente que tiene el circuito de la cumbia argentina.

Para que ser el Dipy garpe, hay que hacer lo que hay que hacer. No importa qué.  

La Matanza: hay un dato que no se ha visto bien valorado en ninguno de los cuentos enardecidos que suelen hacerse sobre La Matanza, y es que tiene dos prefijos telefónicos: el 011 y el 02202. La pregunta se arma sola: che Matanza, ¿A dónde te llamo? ¿A provincia o a capital? La respuesta: hay muchas Matanzas, muchas más de las que se ven desde el Obelisco. Para una clasificación suficiente, deberíamos decir:

Que San Justo, como se ha mencionado, es la médula política, el epicentro institucional, el puto sitio del puto poder. Y cualquiera que pretenda desatar el nudo de La Matanza, tendrá en San Justo la punta del ovillo por dónde empezar a tirar.

Que Isidro Casanova es el corazón simbólico del partido, el lugar donde vive la clase dirigente y, especialmente, donde está la cancha de La Fragata, el Club Almirante Brown, nave insignia del fútbol matancero que se odia con Laferrere como sólo pueden odiarse los hermanos. Además, en Casanova está Skylab, sobre la ruta 3: alta fiesta, alta cumbia.

Que Ramos Mejía es su País Vasco, su mosaico separatista. Conozco gente de Ramos que te pone carita  si le decís: “dale, vos sos matancera”. Ramos mira a Castelar, a Haedo. En La Matanza, Ramos Mejía se autopercibe la élite.

¡El Dipy, Marcelo! En 2006 hizo lo que tuvo que hacer para volverse el frontman de El Empuje y terminar cantando las estrofas de uno de sus éxitos, “Tomá la mema”:

Ay, nena, a tu cola le falta crema / a tu boca, una mamadera / y los pibes te la vamo’a dar

En 2017, subió la apuesta de su dinámica solicitante y le pidió por carta a Federico Hoppe integrar el Bailando. En un montaje que buscaba performar un tipo de entretenimiento, una paracomedia, Mariana Diarco, su pareja en ese momento, escribió un carta en inglés para que Dipy, que no habla inglés, la leyera en cámara y después subir ese momento a sus redes. Papel en mano, el Dipy le lee (le pide, le ruega) al productor de Marcelo Tinelli:

If i get into the show i will dance even naked

Para entonces, ya era un sujeto masivo con algunos éxitos bien alojados en el tracklist permanente del cancionero cumbia nacional. “Soltero”, probablemente encabece esos éxitos.

Ay qué lindo es ser soltero / cómo me gusta vivir todo el día al pedo / no trabajo y no estudio porque no quiero / Ay qué lindo es ser soltero 

La Matanza: Decíamos. 

Que Virrey del Pino es la representación perfecta, acabada, el cigüeñal, de la ausencia del Estado. Es el lejano oeste, un páramo donde habita el olvido. Es donde asesinaron al colectivero de la línea 620, hace algunas semanas atrás, hecho que derivó en la golpiza pública recibida en vivo por el ministro Sergio Berni. Al Pino le quedó el Museo Brigadier General Juan Manuel de Rosas, en el kilómetro 40, eso sí. Tiene mejor pasado para contar que presente.

Que Laferrere es masiva, pura densidad de población, y es la capital del consumo interno del mercado matancero. Lafe es un nodo comercial. Los fines de semana explota la avenida Luro. Ropa, salidas, boliches y un McDonald’s con las filas más largas del condado.

Que La Tablada es la reserva milica. Que Ciudad Evita se puso más cheta, pero sigue teniendo la forma del rodete de Eva Perón si la mirás desde el cielo. Que González Catán es calle de tierra  y fútbol en pata, barrio contra barrio, cancha de once sobre el pedregal. Se inunda fácil, Catán. Tiene las calles más altas que las veredas y entonces desagota hacia las casas. Cada vez que llueve fuerte, las familias de Catán se renuevan la pregunta: ¿Te entró agua, che? El sueño de Catán es el asfalto. Parece que Aldo Bonzi tiene la mejor pizza del distrito. Y que Villa Luzuriaga se puso residencial.

Y nadie lo menta, pero ahí está 20 de junio: una sola entrada, una sola salida. Es como un barrio cerrado. Ahí viven familias de un poder adquisitivo más alto porque tiene bajo nivel de delitos. Esa puerta única aborta el raje de los wachos. Tiene amplios terrenos de 70 x 50, con bellas arboladas, y sigue siendo la Matanza. Ni siquiera hay que irse a Marcos Paz.

¡El Dipy, Viviana! La pista de Marcelo se desvaneció. Tramitó, durante 30 años, una parte significativa de nuestro entretenimiento de masas, pero un día su fórmula de jurados puntuando bailarines dejó de entregar renta en pantalla. ¿Qué hizo Marcelo? Un programa con 100 jurados, que es como no poder arreglar algo con un martillo y entonces ir a comprar 100 martillos. No funcionó. Y el Dipy cambió de escenario. Viviana Canosa y él se dieron la mano para columpiarse juntos en la verbena de la rabia social argentina. Ella la descosía en A24 ejecutando su show del yo, ardida, militando la pus, bartoleando indignación crónica: constituyendo indignaturas. Él bancó ahí. Se aceleraron mutuamente las tirrias y hubo un momento en el que no sabías si el Dipy era invitado o columnista. ¿Cómo puede ser, Dipy? ¿Cómo puede ser, Viviana? Pandemia, vacuna y pase sanitario. ¿A vos te parece, Viviana? ¿A vos te parece, Dipy? Aborto, ESI y género. La entrevista como manijeo, una tara de la bronca. Fecha: 16 de diciembre de 2021. Pregunta Viviana, sin preguntar:

Dipy, acá plantás tomate y te crece un chorro.

Vivi ¿sabés lo que hace un político cuando va al baño a hacer caca? Se está clonando.

(remate de batería) (risas)

El Dipy en lo de Canosa fue un masterclass del periodismo de afirmación. Media hora de aire en vivo, constatándose, engamados, arando los dos, quemando la llanta de la cólera y corroborando un dispositivo: decí algo que todos querramos escuchar y yo te respondo con algo que se le parezca. El fusilamiento de la repregunta. En esa perfo sin contrapunto ni revisita, el Dipy musculó discurso, se puso ancho. Caminaron juntos, se acompañaron, pero el que saltó más alto fue él. El pase a LN+ le enfrió a Viviana Canosa la pantalla: ya no es lo que era. Él, en cambio, es ungido candidato a la intendencia de La Matanza por Javier Milei, la última gran aparición, formidable aparición, en el mercado del infoentretenimiento y el reality politik.

La Matanza: Patricia La Colo Cubría, pareja de Emilio Pérsico, le quiere comer la intendencia a Fernando Espinoza. Los militantes de La Colo están haciendo unas pintadas en una esquina de Casanova cuando de golpe caen unos barras, sacan los fierros y entran a los tiros. Ocurrió en noviembre pasado. Pérsico se reúne con Cristina Kirchner, después con Máximo Kirchner, y consigue que le prometan unas PASO matanceras. Ahí está La Colo, rotando el spot de llora Spinoza y esperando que le cumplan. Le awanta la espalda el territorio extendido el Movimiento Evita. Las PASO tienen fecha para el 13 de agosto. Vamos a ver con qué responde Espinoza. Los tiros, ya sabemos, son una muestra de fragilidad.

¡El Dipy, Milei! Vi el show de El Dipy en cancha de El Porvenir, en el acto de Javier Milei. La cancha estaba vacía y el acto fue un tropiezo. Sin embargo el tipo salió al escenario a calentar lo que pudo. Digamos que bancó. Hacía un frío bien crudo y sacar las manos de los bolsillos no era un plan. El Dipy lo consiguió apurando a la poca gente que había con una línea furibunda:

El que no hace palmas…

¿Qué Dipy? ¿Qué pasa con el que no hace palmas, decinos por el amor de Jesús?

-...es comunista.

AS/MG

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