La crisis en el Gobierno

Fernández define al sucesor de Guzmán que sellará la suerte política del gobierno

Alberto Fernández, Casa Rosada

El momento no podía ser peor. Con Alberto Fernández fuera de Olivos, en un encuentro familiar, mientras Cristina Kirchner lanzaba una ráfaga inclemente desde Ensenada, Martín Guzmán tuiteó su renuncia como ministro de Economía y precipitó una crisis, esperada y patrocinada por muchos, que pondrá al presidente ante una determinación monumental. Al definir al sucesor de Guzmán, Fernández bosquejará el contorno político de la alianza de gobierno.

Nunca, como este sábado en Ensenada, la vice fue tan feroz con el presidente. Entre ironías y giros burlones, se dedicó a responder una frase de Fernández sobre el uso de la lapicera, Juan Domingo Perón y el ejercicio del poder. El tono de la esgrima pública, en un juego insólito de cruces sucesivos, pareció la confirmación por parte de Cristina de la “fase agotada” que el ministro bonaerense Andrés Larroque declaró el jueves pasado.

Hace 100 días, que los Fernández no se hablan. La metralla desde Ensenada significó, por el modo en que la lanzó la vice, el definitivo cierre de ese canal de diálogo que, vale decir, Alberto tampoco parecía tener interés en reabrir. En ese escenario, Guzmán apuró su salida -que le había anticipado el jueves al presidente- y puso a Fernández en un conflicto político y operativo: elegir un ministro sin la venia de Cristina puede resultar terminal.

¿Quién podría aceptar, excepto alguien del entorno más cercano al presidente, Economía en medio de la doble crisis, sin un OK -o al menos el no veto- del Instituto Patria? Eso implicaría arrastrar la misma debilidad que mostró, con más intensidad desde la firma del acuerdo con el FMI, Guzmán.

Por eso, al elegir al nuevo ministro, Fernández determina la suerte del FdT tal como se conoce hasta ahora. Ese producto anómalo que vive, hace meses, una interna en carne viva donde todas las partes dicen que hay que mantener una unidad, algo así porque nadie quiere pagar el costo de romper la unidad. En la práctica, el FdT ya no existe y la unidad, que no sirvió en el 2021 para garantizar el triunfo, es una ilusión óptica.

Reacciones

La renuncia de Guzmán aparece, en medio de una crisis política desatada, le abre una puerta a Fernández para redefinir su gobierno y reconstruir, aunque no retome el diálogo con Cristina, un esquema posible de convivencia. Un dirigente cita a un consultor, muy cercano al peronismo, y utiliza la figura de “corredor sanitario” para construir un dispositivo para atravesar los meses críticos que le quedan al gobierno por delante.

Si era improbable antes, luego de la metralla de Cristina en Ensenada, parece casi imposible que Fernández haga una de las varias cosas que le pide -o pedía- la vice: que él, como presidente y jefe del gobierno, la llame para reestablecer el diálogo. Esta semana, incluso antes del acto de Ensenada, esa posibilidad era puesta en duda por el cristinismo que ya considerara insuficientes al menos dos ítems del pliego de condiciones: la renuncia de Guzmán y el rearmado de una mesa política del FdT. “Si llama, Cristina no va a ir”, arriesgó una fuente de trato diario con la vice unas horas antes del acto de Ensenada. El discurso soldó esa percepción.

Anoche, muy tarde, del entorno de Fernández sugerían que Eduardo “Wado” De Pedro podría convertirse en un correo para buscar algún tipo de negociación sobre la sucesión de Guzmán, en la medida que Fernández intente hacerlo, algo que al cerrar el sábado no estaba del todo claro. El deadline era, a su vez, terrible porque luego de la corrida de los últimos días, empezar la semana sin ministro o con un ministro que asuma débil, puede desatar una catástrofe.

El nuevo ministro tiene que asumir con todos los actores del FdT presentes: Cristina, o alguien de Cristina, los gobernadores, la CGT, los intendentes. Si eso no ocurre, perdemos una gran oportunidad”, le dijo a elDiarioAr un funcionario. A eso se le agrega una cláusula más difícil: que en el nuevo esquema del FdT, con un diálogo siquiera tercerizado entre los Fernández, el presidente debería archivar su pretensión de ir por la reelección para empezar a definir un esquema de posible continuidad. En Ensenada, entre otros muchos sablazos, Cristina le pidió que haga lo necesario para que el peronismo gane en el 2023.

Opciones

La renuncia de Guzmán disparó un menú de nombres y variantes que fueron publicadas por este medio el viernes. Una versión muy potente marcó, desde el jueves, el ingreso de Sergio Massa al gabinete. Ese mismo día, luego de una reunión con fondos de inversión criollos, Guzmán se fue a Olivos a hablar con Fernández y le anticipó que no podría continuar en su cargo sin los “instrumentos” para administrar la Economía. Más simple: pidió tener el control del área de Energía.

La opción Massa ofrece, en medio del caos, una ventaja que admiten en el albertismo: es, quizá, la única figura que podría ingresar en Economía sin necesidad de que haya, en lo inmediato, un contacto entre los Fernández porque Massa es uno de los socios fundadores del FdT y funciona, además, como uno de los pocos enlaces que interactúa con el presidente y con la vice. “Massa implicaría, en medio de esta pelea, más FdT”, apunta un referente.

“Cuando ocurrió lo de Kulfas, Alberto parecía knockout y reaccionó bien: echó a Kulfas, designó a Scioli y tomó aire. Ahora puede pasar lo mismo”, aporta una dosis de optimismo, en medio del barro, un funcionario con despacho en Casa Rosada. Pero en el caso Kulfas, el dato fue que Fernández desactivó una bomba al echar al Kulfas luego del episodio del OFF contra el cristinismo. Casi que no era determinante quien lo reemplazaba. Esta vez, en el nombre del sucesor, se definirá cómo seguirá el dispositivo de gobierno.

En los últimos 20 días, además de recrudecer sus críticas, Cristina hizo otro movimiento que impactó sobre el gabinete: hizo un operativo quirúrgico en la que señaló a aliados y a rivales. Así como sentó al ministro Jorge Ferraresi en Avellaneda, en Ensenada ubicó en primera fila a Julián Domínguez, ministro de Agricultura, que hace tiempo está incómodo en el gabinete.

Una escenario, con Fernández replegándose sobre los propios, señalaba la hipótesis de que Cecilia Todesca Bocco sea quien reemplace a Guzmán. La economista, que desde hace años colabora con Fernández, rechazó varias veces el ofrecimiento para ser ministra. Se especuló, en paralelo, con movimientos que involucren a Daniel Scioli, recién asumido en Desarrollo Productivo.

Fuera de eso, las variables de Massa y los potenciales ingresos de Emanuel Alvarez Agis y de Martín Redrado aparecieron en escena, para Economía o para el BCRA. A su vez, no parecía en riesgo la continuidad de Miguel Pesce en el Central. Tarde, desde Economía, se desmintió la renuncia de Sergio Chodos que es funcionario del FMI y tiene designación hasta el 31 de octubre. Temprano se especuló con un movimiento en varias áreas, luego se habló de un cambio minimalista: solo Economía.

Tampoco parecía en riesgo Juan Manzur, que esta semana se mostró con Massa, en un encuentro pedido por el tigrense, que se leyó como una señal de que su objetivo no era -ni es- convertirse en jefe de Gabinete.

PI

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