Fin de gira

Con el FMI como prioridad, Fernández refuerza su acercamiento a Estados Unidos

Alberto Fernández y John Kerry

El último acto de Alberto Fernández en Europa fue verse con John Kerry, enviado especial de los Estados Unidos para el Clima. Kerry, ex secretario de Estado de Barack Obama y de peso en la administración de Joe Biden, lo esperó en la puerta de su hotel. Fernández llegó, casi como de costumbre, tarde. Charlaron 45 minutos. Kerry escuchó, y anotó, las demandas sobre el FMI y las sobretasas. Hizo un pedido: que lo ayude a coordinar un encuentro América Latina-EEUU.

Sin fecha, y con una agenda de cambio climático –un asunto que permite múltiples derivaciones- la cumbre irrumpe como un movimiento de Biden para poner, con más intensidad, un ojo en el sur. El perfil trumpista e impredecible de Jair Bolsonaro –la fragilidad de otros presidentes, la inestabilidad de países vecinos- ubicó a Fernández en un mejor lugar para su afán de ser un interlocutor de Europa y, ahora, de EEUU. Es una carta, dicen en el Gobierno argentino, útil en la renegociación con el FMI y, de manera subsidiaria, con el Club de París.

Es, además, un ajedrez incendiario: Fernández terminó una gira por cuatro países europeos, se comprometió a ayudar a organizar una cumbre América Latina-EEUU, en paralelo está “en deuda” con Rusia por la provisión de vacunas Sputnik V y gestiona, además de dosis, inversiones y negocios con China que ofrece, detallan a su lado, “facilidades con las que parece imposible que compitan otros países”.

En esa poligamia diplomática, Fernández se siente más cómodo con Europa. Es el club que integran Emmanuel Macron –con quien charló más que de la cuestión deuda-, Angela Merkel (con quien tendrá un encuentro virtual), el portugués Antonio Costa y al que se sumó, tras un primer primer contacto, el primer ministro italiano Mario Draghi. Además, claro, el español Pedro Sánchez, que visitará Argentina en junio con 30 empresarios con promesas de inversiones. En el encuentro en La Moncloa, hablaron de relanzamiento de la relación bilateral.

En la dimensión local, Fernández surfea la cohabitación en el Frente de Todos, ese panperonismo repleto de matices y tensiones. La analogía contempla otro plano que se espeja en la dinámica doméstica: en el trazo grueso, Cristina de Kirchner ejercita los vínculos con Rusia y con China, Sergio Massa se siente a gusto como interlocutor de EEUU –o ciertos sectores de EEUU- y Fernández enfoca a Europa.

El contacto en Roma entre Fernández y Kerry, con la costura de la cumbre regional, tiene una protohistoria en la que intervino el embajador argentino en Washington Jorge Argüello, una pieza que el presidente considera esencial y que, a pesar de los rumores recurrentes, no planea repatriar a la Argentina para sumarlo a su gabinete. Un respiro, a su vez, para Felipe Solá, que atravesó la gira con algunos tropiezos.

Argüello, en tándem con Martín Guzmán, opera sobre la variable EEUU, filtro inevitable para cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. En criollo, la suerte de ese acuerdo depende de la posición del Tesoro norteamericano.

En una mamushka infinita, de un OK del FMI depende a su vez que el Club de París acepte el “puente de tiempo” que pidió Guzmán para no pagar los U$S2.400 millones que vencen el 31 de mayo. El ministro, que coincidió con Janet Yellen, la secretaria del Tesoro de Biden en un seminario organizado en el Vaticano, quiere que le reprogramen la fecha sin que corran los intereses previstos antes de deadline último, el 31 de julio, que marcaría el default.

Hay una conjetura que circula en la comitiva argentina. Sugiere que la acumulación de guiños europeos a favor de Fernández podrían funcionar como una plataforma para que Biden, en contraposición con las desmesuras de Trump, muestre un perfil más correcto y menos belicoso. En paralelo, EEUU salió a pulsear en el ring del Covid-19 con su diplomacia de las vacunas, que arrancó con el pedido de Biden de liberar las patentes.

El despliegue de Pfizer, que volvió a escena, no encaja del todo en ese cuadro: porque rechazó el planteo de Biden y porque su regreso fue con modos más hostiles. En el Gobierno dicen que 20 días atrás, Patricia Bullrich se reunió con uno de los abogados de Pfizer, quien le contó la versión del laboratorio, que la jefa del PRO luego salió a repetir en su raid mediático.

En el macrismo dicen que Bullrich también se vio con directivos del laboratorio Richmond de Marcelo Figueiras para saber cómo sería el proceso de la Sputnik V en Argentina. No hizo, todavía, ninguna apreciación sobre esa gestión: ni a favor, ni en contra.

PI

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