La clase media resiste la segunda ola de la pandemia con sueldos bajos, menos empleo y las aspiraciones truncas

La clase media, un sector que no encuentra la salida a la crisis.

“¿Por qué nosotros no tenemos auto?”, le pregunta Mafalda a su mamá mientras mira a uno estacionado. “Esteee... Y por lo que te dijo papá: somos de clase media, ¿te acordás?”, le contesta. Mafalda parece aceptar la respuesta: “¡Aaaaaah!... Clase media. Es verdad”. Pero después de un cuadro en silencio, en el que madre e hija caminan de la mano por la vereda de una zona aparentemente comercial, Mafalda sentencia: “Clase mediaestúpida, claro”. Quino publicó esa tira en la página 20 de “Primera plana” el 8 de diciembre de 1964. 

La clase media argentina que Joaquín Lavado retrató en su historieta hace más de 50 años atraviesa hoy la segunda ola de la pandemia de Covid-19 y la crisis económica generada por sus efectos: la paralización de distintas actividades industriales, el aumento del desempleo y la escalada de los precios de los alimentos, entre otros factores.

Diana está sentada en la cocina de su casa de la localidad bonaerense de El Palomar, un sitio muy distinto a la agencia de viajes en la que trabajó durante más de diez años. Ya no hay teléfonos que suenen ni personas llamando para viajar a Tailandia, Nueva Zelanda o India. Su pareja, con la que tiene un hijo, también trabajaba allí. Los dos estaban “en blanco”. Como para todos en este lado del mundo, la vida les cambió más o menos para marzo de 2020. Se interrumpieron los viajes, los aviones no despegaron y las fronteras se cerraron. De todo aquello sólo le quedaron algunos imanes de Nueva York y París en la heladera.

Diana y su pareja fueron dos de los 163 empleados en Buenos Aires, Rosario y Córdoba que dejaron de trabajar en la agencia. Durante un tiempo, cobraron sus salarios gracias al Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) con el que el Gobierno benefició a la empresa por pertenecer a uno de los sectores más afectados por la pandemia: el turismo. Una vez terminado el ATP, empezaron a vender por Internet ropa para bebés. Con lo que ganan, comen y pagan los impuestos. “Pero no nos alcanzó para sostener el jardín de infantes del nene”, cuenta a elDiarioAR.

Lila vive en Caballito y cría sola a una hija de ocho años. En 2019 concursó y consiguió un puesto en la planta permanente de trabajadores en la administración pública. “Consumimos prácticamente todos los meses los mismos tipos de alimentos, pero cada vez gasto más. Noté que, en comparación, desde que comenzó la segunda ola de contagios sólo en la verdulería los precios aumentaron el doble, pero mi salario, no”, comenta Lila a elDiarioAR. La charla se dio el mismo día en que el gobierno nacional acordó un aumento del 35% distribuido en seis tramos para los empleados estatales nacionales. El incremento salarial se distribuirá así: 10% en junio, 5% en agosto, 5% en septiembre, 4% en diciembre, 6% en enero y 5% en febrero. “De ese aumento en marzo, cuando terminamos de cobrarlo, no queda nada. ¿Qué hago mientras tanto? No necesito la ayuda del Estado, sino mejores paritarias”, señala Lila.

“Los ingresos que percibe hoy la clase media están mucho más exigidos que en el pasado. Proporcionalmente las personas ganan más que antes, pero necesitan más dinero para vivir”, dijo a elDiarioAR Mariana Heredia, doctora en sociología en la École des Hautes Études de París e investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Altos Estudios Sociales, Universidad Nacional de San Martín (IDAES).

Heredia destacó que en los años 60, cuando Quino dibujaba y guionaba a Mafalda, había en Argentina algunos componentes que caracterizaban a la clase media: la casa propia, la educación pública, la atención de la salud pública o por medio de obras sociales y salarios que, sin ser necesariamente superiores a los de un obrero industrial -en relación de dependencia y con ingresos mensualizados-, garantizaban mejores condiciones de vida.

“Hoy ser de clase media en una ciudad como Buenos Aires, por ejemplo, no quiere decir que sos dueño de tu casa. Por el contrario, hay cada vez más inquilinos dentro de las clases medias porteñas”, comentó Heredia.

Nicolás trabaja en una empresa que otorga préstamos personales a tasa fija. Su cartera de clientes está compuesta, mayoritariamente, por integrantes de distintas fuerzas de seguridad, empleados públicos, docentes y hasta profesionales de la salud. En muchos casos, destacó a elDiarioAR, quienes buscan un préstamo personal destinan el dinero para saldar deudas de alquileres, expensas o tarjeta de crédito. El monto del crédito es definido según el perfil de cada cliente, a partir de un análisis de sus ingresos y la capacidad de pago. “En los últimos meses lo que veo es que quienes buscan sacar un crédito ganan salarios cada vez más bajos. Entonces, ya no califican para obtener un crédito porque el riesgo es que no puedan devolverlo”, detalla Nicolás.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundió este jueves el informe “Efectos de la pandemia Covid-19 sobre la dinámica del trabajo en la Argentina urbana” que destacó que los trabajadores pobres son casi un tercio del total. Según el documento, entre 2017 y 2020 la cantidad de trabajadores pobres -cualquier persona ocupada que trabaja, más allá si lo hace en el sector formal o informal, y habita un hogar que no alcanza a cubrir la Canasta Básica Total- creció de 15,5% a 27,4%, casi 12 puntos porcentuales, y de 1,9% a 4,4% (2,5 pp.) si se toma en cuenta un umbral de pobreza extrema.

Adrián tiene todavía una imagen recurrente: junto a su socio y otras 50 personas instala un stand o un escenario: cortando maderas, atornillan, hablan fuerte y se mueven veloces contra reloj porque está a punto de empezar un congreso o una feria. La empresa de arquitectura publicitaria y producción de eventos que Adrián había creado en 2010 no hacía más que crecer cada año. “Nos iba espectacular”, rememora en diálogo con elDiarioAR. Cuando llegó la pandemia de Covid-19, la empresa no fue considerada entre los rubros esenciales, por lo que “la paralización fue casi total, salvo algunos contratos vinculados a temas de comunicación”. Su contador le informó la posibilidad de aplicar al ATP. “Era agarrarlo o moríamos”, admite. Durante seis meses la ayuda estatal le permitió mantener el equipo de trabajo intacto sin tener que poner de su bolsillo el 100% de los haberes. Cuando finalizó el ATP, se inscribió en el Programa de Recuperación Productiva 2 (REPRO 2), pero no fue aprobado. “No sé qué más hacer”, se lamenta.

Según la última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), dirigida por Diego Reynoso, investigador del CONICET y politólogo de la Universidad de San Andrés (UdeSA), los sectores medios desaprueban en un 56% la gestión del presidente Alberto Fernández, y sólo el 10% avala la política económica de su gobierno. El principal problema mencionado por los encuestados es la inflación, con el 42%, aunque el ministro de Economía, Martín Guzmán, es el tercer funcionario con mayor imagen positiva (21%), por detrás de su par de Salud, Carla Vizzotti (24%), y el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni (23%). La ESPOP planteó a los consultados el dilema entre la prevención del colapso del sistema sanitario y la apertura para reactivar la economía.

“Lo más significativo de las clases medias es que confiaban en un esfuerzo metódico, a través del ahorro, la educación, la postergación de ciertos gustos, que sería recompensado en el futuro. Es lógico que ahora estén desorientadas y golpeadas”, explicó Heredia.

Nilda y su pareja cuentan a elDiarioAR que cuando la niñera de su hijo, que tiene poco más de un año, les comunicó que renunciaba, primero lo lamentaron y, luego, al revisar las cuentas de la casa, concluyeron que era una buena noticia. Nilda trabaja en blanco una obra social, pero los aumentos que recibió en el últimos años “no alcanzaron para cubrir el nivel de la inflación”. Su pareja se desempeña en forma independiente en el sector de la construcción, una de las actividades más afectadas a lo largo de la pandemia, por lo que sus ingresos se volvieron muy inestables. Los dos y su hijo viven en un departamento alquilado en Parque Patricios y reciben la ayuda familiar para llegar a fin de mes. “No sabemos qué más recortar para subsistir, y eso que los pañales me los da el sindicato y la ropa se la pasan los primos mayores. Por momentos se hace insostenible”, admite Nilda.

GT

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