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España reduce a siete días el aislamiento de casos positivos sin síntomas: “Estamos ante un cambio de paradigma”

Varios estudiantes en su primer día de confinamiento en el colegio mayor Oviedo de la Universidad de Salamanca en una imagen de archivo.

Esther Samper / Daniel Sánchez Caballero - elDiario.es

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“Estamos ante un punto de inflexión”. La ministra de Sanidad de España, Carolina Darias, justificó este miércoles la decisión “por unanimidad” del Gobierno y las comunidades autónomas de reducir a siete días el aislamiento de los positivos por coronavirus que no tengan síntomas (antes fijado en 10 días) y la cuarentena de las personas no vacunadas que fueron contactos estrechos de un positivo también a una semana. Mientras la persona no tenga síntomas, no hará falta un test negativo para acabar con el aislamiento, detalló Darias.

Esta decisión se toma ante el incremento drástico de casos positivos en España, que, por ahora, está teniendo un impacto hospitalario muy inferior a olas anteriores y también está provocando un ascenso reducido del número de muertes. Pero los aislamientos masivos están provocando problemas laborales y son muchos los responsables políticos –y los epidemiólogos– que incluyen en la ecuación la necesidad de que la sociedad no deje de funcionar por una ola aparentemente menos dañina.

La decisión de Gobierno y comunidades autónomas llegaba después de que la Ponencia de Alertas, organismo exclusivamente formado por técnicos, evitara por la mañana recomendar la reducción de los tiempos. Según Darias, la ponencia ha pedido “más tiempo para generar evidencia”, pero la ministra ha explicado que el Consejo Interterritorial “tenía datos generados por Estados Unidos, Reino Unido y otros países europeos, y la ponencia ha dicho que no veía mal la posibilidad de ir a siete días”.

Los expertos consultados por elDiario.es están de acuerdo con esta medida con matices, ante las primeras evidencias de que la vida media del virus está en cinco días y medio para personas vacunadas y siete y medio para las no vacunadas. “Tenemos que dar un paso adelante en el manejo de riesgos”, sostiene Carmen Cámara, secretaria de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). “Con los hospitales saturados había que ser más limitante, pero ahora no. Ahora es la Atención Primaria la que está saturada y hay que ver cómo descongestionarla”. “Parece razonable” en base a la información disponible, sostiene el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública Fernando Rodríguez Artalejo. Pedro Gullón, epidemiólogo, también sostiene que “no es descabellado”.

España se suma así a otros países que han decidido reducir los días de aislamientos (separación de una persona infectada, con resultado positivo, de las demás) y de cuarentenas (separación de una persona de la que se sospecha que podría estar infectada por contacto estrecho, sin resultado aún positivo, de las demás) ante el incremento descontrolado de contagios por SARS-CoV-2 en esta última ola caracterizada por el marcado ascenso de ómicron sobre otras variantes. En ese sentido, el levantamiento o el aligeramiento de estas medidas para prevenir los contagios está siendo muy diferente según cada Estado y todavía muchos están debatiendo qué hacer al respecto.

Por ahora, una evidencia científica aún limitada indica que, de media, las personas vacunadas y positivas por coronavirus dejan de ser potencialmente infecciosas a los 5,5 días, en comparación con los 7,5 días de las personas no vacunadas.

El pasado 28 de diciembre, Estados Unidos decidió acortar el aislamiento de los infectados asintomáticos por SARS-CoV-2 de 10 a cinco días, sin necesidad de test negativo y siempre que usen mascarilla durante cinco días más cuando se encuentren con otras personas.  Esta decisión sigue la recomendación de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC). Grecia, por otro lado, ha reducido el aislamiento a cinco días para los contagiados asintomáticos y con síntomas leves. Reino Unido, en cambio, se decantó por reducir el aislamiento a siete días con la condición de que las personas den negativo en dos pruebas antes de que se cumpla ese periodo. Sudáfrica, por su parte, decidió ir más allá para enfrentarse a los contagios masivos: eliminó tanto las cuarentenas (para contactos vacunados y no vacunados) como el aislamiento de personas infectadas y asintomáticas. Italia está ahora mismo valorando si rebaja el aislamiento hasta tres días para las vacunados con dosis de refuerzo.

¿Qué motiva ahora los acortamientos?

Múltiples expertos en Salud Pública y portavoces de instituciones sanitarias de diferentes países reconocen que las decisiones para acortar los aislamientos están ahora motivadas principalmente por motivos económicos y laborales. De hecho, aligerar estas medidas implica asumir un potencial aumento en el número de contagios, cuya magnitud dependerá de factores como los días totales de aislamiento, si se debe llevar mascarilla o no tras su finalización, si se aplica solo a asintomáticos/vacunados o si se requiere tener previamente resultados negativos en tests de PCR o de antígenos. Este incremento potencial de la transmisión del virus, por acortar los aislamientos, podría incrementar aún más el impacto sanitario de ola de coronavirus con cifras de contagios récord. De ahí que algunos expertos consideren esta medida precipitada en estos momentos.

Sanidad ha defendido este miércoles sus razones científicas. “El comportamiento a la hora del periodo de incubación no es el mismo que en otras variantes, de ahí la necesidad de hacer esta modificación”, afirmó Darias, que ha añadido que “podríamos estar ante un cambio de paradigma (aunque) habrá que ir monitorizando la evolución”. El director del Instituto de Salud Carlos III y miembro de la Comisión de Salud Pública, Cristóbal Belda, ha explicado que esta reducción de los plazos se basa en la evolución de las cepas y los llamados “periodos de incertidumbre”, el periodo que transcurre entre que una persona entra en contacto con el virus y desarrolla síntomas. “En las primeras olas esos tiempos podían ser prolongados, pero según han ido evolucionando las cepas hemos visto que ese periodo de incubación se acorta mucho en el tiempo (...) y eso nos permite poder ajustar los periodos de aislamiento”, ha defendido.

Pero los contagios masivos, que se espera que sigan en aumento durante como mínimo una o varias semanas en múltiples países, podrían llevar a un ascenso inasumible de aislados que podría resentir múltiples actividades laborales, especialmente en el ámbito sanitario. En Reino Unido, por ejemplo, el incremento drástico de contagios ha llevado a una ola de bajas que amenaza servicios básicos, sobre todo al sistema público de salud. Esta situación se repite en otros muchos países, incluyendo algunas comunidades autónomas en nuestro país que temen que la situación epidemiológica, junto con las bajas de los sanitarios, con plantillas ya de por sí ajustadas o bajo mínimos, colapsen aún más centros de salud y hospitales.

El doctor Anthony Fauci, experto internacional en enfermedades infecciosas y asesor de la Casa Blanca en la gestión de la pandemia, declaraba en una reciente entrevista que “muchas personas (ahora y probablemente en las próximas semanas) se infectarán en esta ola, que está siendo alta por ómicron. Esto podría tener un impacto negativo en nuestra habilidad para mantener la estructura de la sociedad”. A lo largo de la entrevista, Fauci explicaba que acortar los aislamientos es una medida que busca garantizar el funcionamiento de la sociedad, a pesar de que dista de ser perfecta y tiene sus riesgos en lo sanitario. El mejor ejemplo de esta postura son las instrucciones en el país para los profesionales sanitarios, que si la situación de la pandemia es considerada de “crisis” tienen que acudir al trabajo estén o no vacunados y en el escalón inferior (“contingencia”) también, aunque en este segundo caso los no inyectados necesitarán un test negativo.

¿Qué dice la evidencia científica?

Los aislamientos son medidas cuyo fin epidemiológico es evitar que las personas infectadas contagien a otras y así evitar epidemias descontroladas. Su duración suele depender principalmente del periodo de incubación y el de transmisibilidad, que es el tiempo en el que un individuo puede transmitir el agente patógeno e infectar a las personas en contacto. En el caso del SARS-CoV-2, este tiempo varía según cada persona y factores como la gravedad de la enfermedad, la existencia o no de inmunodepresión o el estado vacunal pueden acortar o alargar el tiempo en el que un individuo pueda transmitir la infección.

Como se ha ido observando a lo largo de la pandemia, los tiempos de aislamientos que fijan las autoridades sanitarias no solo dependen de diferentes parámetros infecciosos relacionados con el coronavirus y su impacto sobre la salud de la población, sino también del coste psicológico, social y económico de fijarlos. Al principio de esta crisis global, los aislamientos se establecieron en 14 días para los positivos por coronavirus porque casi todos ellos dejaban de ser infecciosos tras ese periodo, una duración que sigue defendiendo la OMS, aunque entienden que pueda acortarse ante diversas situaciones. Más tarde, esta medida se limitó a 10 días, si durante los tres últimos no se registraban síntomas. Ahora se ha acordado en nuestro país que el aislamiento de los positivos de coronavirus sea de siete días.

¿Qué ha cambiado en los últimos meses para pasar de 10 a 7 días para el aislamiento de los positivos? Un factor de peso que ha motivado esta decisión ha sido el contagio masivo en España, con cifras récord de más de 100.000 nuevos contagios y una incidencia de 1.508 casos, pero que ha tenido un impacto hospitalario aún limitado (en ingresos hospitalarios/UCI y en muertes). Ante esto, se ha pasado a valorar más las consecuencias socioeconómicas que conlleva mantener bajo aislamiento a multitud de personas durante días.

Aún es pronto para aventurar cuánto ha contribuido a esta ola más leve el elevado porcentaje de vacunación de la población española y cuánto a ómicron (sigue siendo objeto de estudio si efectivamente esta variante es más leve). Lo que sí está claro es que las vacunas, a pesar de que no evitan el contagio, sí consiguen disminuir la transmisión del virus a partir de personas vacunadas por dos mecanismos: disminución de la carga viral y disminución del periodo de transmisibilidad. Por ahora, una evidencia científica aún limitada indica que, de media, las personas vacunadas y positivas por coronavirus dejan de ser potencialmente infecciosas a los 5,5 días, en comparación con los 7,5 días de las personas no vacunadas.

¿Qué supone ómicron en la ecuación de los tiempos de aislamientos? Por el momento, se desconoce si realmente el periodo de transmisibilidad es más corto con esta variante de coronavirus. Son necesarios más estudios que aclaren si realmente es así, lo que sin duda sería una ayuda en la gestión de la pandemia, en medio de una ola que vuelve a estar rodeada de la incertidumbre que supone enfrentarse a una nueva situación.

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