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Desde la Cuenca de Malvinas

Se despidió la misión “Vida en los extremos”, el hito científico del CONICET que acercó el mar profundo a toda la Argentina

A pura emoción, terminó otro streaming del CONICET en el fondo del mar.

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Tras semanas de exploración en vivo desde el Atlántico Sur, la misión “Vida en los extremos”, integrada por especialistas del CONICET, la UBA y el Schmidt Ocean Institute, realizó su despedida oficial desde el buque Falkor (too). El cierre, transmitido desde la Cuenca de Malvinas, combinó emoción, balance científico y un mensaje claro: la campaña abrió una nueva etapa para el estudio del mar profundo argentino.

La expedición permitió registrar ecosistemas nunca antes observados en vivo en el país. Con el vehículo operado remotamente ROV SuBastian, el equipo descendió hasta 4.500 metros para documentar comunidades quimiosintéticas, jardines de plumas de mar, asociaciones de peces y un arrecife de corales de escala kilométrica, uno de los hallazgos más relevantes, por citar algunos ejemplos.

La transmisión abierta, seguida por miles de personas, convirtió a la misión en un fenómeno de divulgación científica. “Descubrimos una sociedad argentina muy interesada en su mar profundo”, había dicho días atrás la investigadora principal María Emilia Bravo.

Las palabras finales: emoción, comunidad y futuro

En el cierre de la transmisión, Bravo tomó la palabra para sintetizar lo vivido en un mensaje cargado de emoción: “¿Qué nos llevamos de esta campaña, además de las muestras? Esta campaña ha sido realmente un logro en el sentido científico, pero también en el sentido de la comunidad que tenemos a bordo, en tierra. Abrió puertas para mucho trabajo por venir, desde el trabajo transversal, intersectorial. Toca cerrar esta etapa. Nos cuesta decirlo en palabras…”

Asimismo, entre aplausos, reconoció a las instituciones que hicieron posible la misión: “Quiero agradecer a todos quienes formaron parte de este trabajo, que hicieron esto posible: a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, a CONICET, a Lehigh University, al CRIBS Instituto de Paleontología, a la Universidad Nacional del Sur y al Museo Argentino de Ciencias Naturales. Gracias. Gracias por darnos esta posibilidad de vernos en mar profundo en Argentina durante todo este año. Ha sido un hito en la historia de nuestra ciencia y de nuestra cultura”, celebró.

Finalmente, dejó un mensaje que sintetizó el espíritu de continuidad que atravesó toda la campaña: “Pudimos llegar a ver nuestro mar de otra forma y eso es un punto de no retorno. Volveremos a ver. Yo creo que va a haber alguna otra. No sabemos cuándo ni dónde, pero no importa. Va a haber más. Aguante Vida en los Extremos. Nos vemos en la próxima”, prometió Bravo.

Mientras Bravo hablaba con la voz quebrada de emoción, el equipo celebraba a su alrededor entre abrazos, carteles improvisados y saludos a cámara. En simultáneo, el ROV SuBastian ofrecía su último paneo desde el fondo del mar, un gesto simbólico que ya es marca registrada del stream.

Un cierre que abre una nueva etapa

Aunque la transmisión terminó, los científicos coinciuden en que el trabajo recién comienza, ya que las muestras y registros obtenidos serán analizados durante los próximos meses, con potencial para describir nuevas especies, caracterizar ecosistemas y fortalecer la presencia científica argentina en el Atlántico Sur.

Detalles de la misión “Vida en los extremos”

La travesía partió el 14 de diciembre desde el puerto de Buenos Aires y, a pesar de haber cerrado sus transmisiones este 5 de enero, se extenderá hasta el 10 de enero de 2026, con destino final en Puerto Madryn. A bordo del buque oceanográfico Falkor (too), un equipo de 25 científicos y científicas estudiaron ecosistemas asociados a filtraciones naturales de gas metano en el fondo marino, uno de los ambientes menos explorados del planeta.

La expedición estuvo liderada por la bióloga María Emilia Bravo, investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y contó con una fuerte participación de especialistas de esa casa de estudios, además de investigadores del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y de universidades nacionales. También participaron colaboradores internacionales de instituciones de Estados Unidos y Uruguay.

Ecosistemas donde la vida se alimenta sin luz

El objetivo central de Vida en los extremos fue profundizar el estudio de las llamadas comunidades quimiosintéticas. Se trata de ecosistemas que se desarrollan en completa oscuridad y donde la vida no depende de la fotosíntesis, sino de reacciones químicas que permiten transformar compuestos inorgánicos, como el metano, en energía utilizable.

Las filtraciones frías de gas metano generan ambientes tóxicos para la mayoría de los organismos conocidos. Sin embargo, bacterias altamente especializadas, junto con invertebrados como gusanos tubícolas, almejas, mejillones y crustáceos, han desarrollado adaptaciones que les permiten no solo sobrevivir, sino prosperar en condiciones extremas. En muchos casos, estos animales viven en simbiosis con microorganismos quimiosintéticos que les transfieren energía.

“El conocimiento sobre la distribución y el rol ecológico de estos sistemas en el Atlántico Sur todavía es muy limitado”, señalaron desde la UBA antes de la misión. Parte del equipo argentino que identificó por primera vez uno de estos ecosistemas en el Mar Argentino volvió ahora a explorarlos con tecnología de última generación.

Tecnología de punta y exploración a casi 4.500 metros

La campaña utilizó el vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, capaz de descender hasta 4.500 metros de profundidad. Este robot submarino permite obtener imágenes de alta resolución, recolectar muestras biológicas y geológicas y realizar mediciones ambientales sin intervención humana directa.

El ROV opera desde el Falkor (too), un buque perteneciente al Schmidt Ocean Institute (SOI), una organización internacional dedicada a la investigación oceanográfica. El instituto brinda apoyo logístico y tecnológico bajo una premisa central: que los datos, imágenes y resultados de las campañas sean de acceso público.

Al igual que en la experiencia que fue premiada por APTRA con el Martín Fierro de OroVida en los extremos pudo seguirse en tiempo real a través de las plataformas digitales del Schmidt Ocean Institute, incluida su señal de YouTube. Las transmisiones mostraron las inmersiones del ROV, entrevistas con científicos y explicaciones detalladas sobre los procedimientos científicos que se desarrollan a bordo.

Además, el público pudo seguir la ubicación y actividad del Falkor (too) en vivo mediante enlaces disponibles en línea. La propuesta combinó investigación científica de alto nivel con estrategias de divulgación que permiten que audiencias no especializadas accedan a contenidos habitualmente reservados al ámbito académico.

El interés que rodea esta nueva campaña se explicó, en parte, por el impacto de la transmisión anterior del CONICET, centrada en la exploración del cañón submarino Mar del Plata. Aquella cobertura, que mostró durante horas el trabajo científico en tiempo real, fue reconocida con el Martín Fierro de Oro y el premio a Mejor Transmisión Especial.

Lejos de simplificar los contenidos, la propuesta apostó por explicar los procesos científicos tal como ocurren, respetando los tiempos propios de la investigación. La respuesta del público fue masiva y sostenida, con participación activa a través de redes y plataformas digitales.

Con Vida en los extremos, el CONICET retomó esa experiencia y consolidó un formato de divulgación que combinó rigor académico, tecnología de vanguardia y acceso abierto. La expedición permitió asomarse, una vez más, a uno de los ambientes menos conocidos del planeta y seguir en vivo cómo se produce el conocimiento científico en las profundidades del Mar Argentino.

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