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EFEMÉRIDES

Día del Patrimonio Natural y Cultural: ¿por qué es celebrado cada 8 de octubre en Argentina?

Cada 8 de octubre es celebrado en Argentina el Día del Patrimonio Natural y Cultural

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Cada 8 de octubre es celebrado en nuestro país el Día del Patrimonio Natural y Cultural, una fecha establecida desde 1990 para impulsar el interés de la sociedad por su legado local.

Desde la cabaña donde invernó el primer argentino en la Antártida y un inventario arquitectónico de aquel continente hasta los restos de embarcaciones que naufragaron siglos atrás en las costas patagónicas, es a lo dedicaron su estudio las arqueólogas Victoria Nuviala y Mónica Grosso en su búsqueda por contribuir, aún en los sitios “más recónditos”, a la preservación del legado patrimonial argentino, que consideraron “parte fundamental de nuestra historia”.

Un legado integrado por un cuantioso listado de bienes, tanto materiales como inmateriales, con un valor “excepcional” exige acciones para atesorar, guardar y custodiar esos elementos, tradiciones o paisajes, distribuidos por los más diversos sitios del país.

“Bajo el agua existen vestigios materiales de nuestro pasado que son una fuente única de conocimiento acerca de quienes nos precedieron, bienes irremplazables que requieren de nuestra protección”, explicó Grosso, buzo científico e investigadora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL).

Durante los últimos años, la recuperación de embarcaciones, muelles sumergidos, faros, artes de pesca y objetos de la vida cotidiana que yacían en el mar permitieron conocer las formas en que las personas habitaron ambientes costeros y marinos desde miles de años de antigüedad hasta épocas más recientes.

A la promoción del conocimiento y la protección de este patrimonio marino-costero, significativo a nivel cultural, histórico y arqueológico es el objetivo de la campaña Mar de Historias, la cual Grosso forma parte e incentiva a las comunidades locales a participar de su preservación.

“Realmente tenemos un pasado marítimo fascinante del que conocemos muy poco. En un tiempo, nuestros mares estuvieron muy poblados y nos cuesta mucho imaginarnos eso”, dijo la arqueóloga que durante años se dedicó a estudiar los naufragios en aguas patagónicas.

Según el INAPL, al menos 2.000 embarcaciones naufragaron en el mar argentino en los últimos cinco siglos, de las cuales sólo un pequeño porcentaje fue localizado, entre ellas la corbeta inglesa Swift, que se hundió en Puerto Deseado (Santa Cruz) en 1770, o el Bahía Galenses en el siglo XIX en Puerto Madryn. “Todos ellos, algunos muy bien conservados en el tiempo, son un legado de un gran valor cultural”, señaló Grosso.

Acceder a ese patrimonio subacuático requiere de un trabajo “sumamente delicado” por la fragilidad de “material preservado a lo largo de cientos de años”.

Durante las excavaciones a varios metros de profundidad, donde absolutamente todo flota, el equipo de buzos científicos profesionales desciende con reglas para medir, una placa acrílica con la que sostienen papeles de film poliéster en los que toman anotaciones bajo el agua, contenedores para muestras y magnetómetros, entre otros elementos que llevan sujetos a sus trajes.

“Es una experiencia fascinante poder acceder, a través del buceo, a un naufragio con todo lo sagrado que tiene al transportarnos a historias de vida del pasado”, expresó la investigadora.

Debido a su valor cultural, el patrimonio que está en los fondos y costas del mar territorial argentino está protegido por la legislación nacional y de las provincias costeras, además de por la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de la Unesco desde 2010.

En las tierras heladas

El compromiso con la preservación del patrimonio argentino llega hasta el extremo sur, en la Antártida, donde un grupo interdisciplinario de 10 investigadoras argentinas -bajo el nombre “6044 SUR”- recupera “la memoria latinoamericana y especialmente argentina” en el continente blanco.

A través del proyecto de creación del primer Archivo Virtual de Arquitectura y Hábitat en Antártida, estas investigadoras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) recuperan el acervo patrimonial de las arquitecturas (como bases y refugios) diseñadas y construidas, algunas de ellas ya perdidas, en el continente durante los últimos dos siglos y sus modos de habitar.

“El antártico es un patrimonio muy importante porque recuerda nuestra participación y presencia en el continente”, dijo Nuviala, co-coordinadora del proyecto. “Nos hemos encontrado con cosas maravillosas, con bases argentinas de las que no se tenía mucho registro y que han sufrido ataques del Reino Unido, por ejemplo”, agregó la investigadora, quien aseguró que “Argentina tiene mucho para aportar en términos patrimoniales en Antártida.

Sin embargo, el paisaje patrimonial arquitectónico de la Argentina en Antártida “va a ir desapareciendo y cambiando muy rápidamente” en la próxima década, dado el acuerdo internacional de que “aquellas bases o refugios que no estén siendo utilizados sean removidos por cuestiones ambientales”. “En el imaginario siempre está la idea del continente antártico como un territorio prístino, natural e inhóspito”, afirmó.

“Lo que buscamos es dar cuenta de la huella de nuestra forma de estar en ese continente, que es tan particular. Los desafíos son infinitos porque la arquitectura en Antártida es muy grande a pesar de ser desconocida”, expresó, en relación al proyecto archivístico, que se nutre a su vez de colecciones de personas de distintos países que viajaron a aquel continente a lo largo de la historia y permiten reconstruir “ese paisaje patrimonial”.

Sus viajes a la Antártida comenzaron en 2008 con la iniciativa de poner en valor sitios históricos encomendado por la Dirección Nacional del Antártico. De manera específica se encargó de la restauración y conservación del denominado Refugio Suecia, la cabaña donde invernó en 1902 el primer argentino en la Antártida, en la isla Cerro Nevado, región del Mar de Weddell, actualmente Monumento Histórico Nacional.

Durante cuatro años participó de las tareas de conservación de objetos históricos y arqueológicos, como prendas de vestir, calzados, utensilios y salamandras de aquel refugio en el que el argentino José María Sobral, alférez de navío, permaneció dos años hasta ser rescatado por la Corbeta Uruguay.

“Antártida es un territorio maravilloso y completamente vital para nuestro futuro como humanidad. De ahí la importancia de que Argentina conozca y defienda su presencia en ese territorio a través de nuestro legado patrimonial”, concluyó.

MB con información de agencia de noticias Télam

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