Entrevista con Lionel Messi: es de Isidro Casanova, trabaja en sistemas y la frase que más escucha es “¿vos me estás jodiendo?”

En 2014 el Messi matancero dejó de jugar al fútbol: se rompió el ligamento interior de una rodilla.

Hay un Lionel Messi que vive en Isidro Casanova. Trabaja en el área de sistemas de una empresa radicada en, atención, Barcelona, nació el 29 de diciembre de 1986 -177 días antes que el capitán de la Selección- y ya se acostumbró a que cada vez que paga con tarjeta de débito o crédito en un restorán los mozos paseen su DNI entre sus compañeros y lo señalen y digan: “Mirá, mirá, se llama Lionel Messi. Como Messi”.

No fue siempre así. En algún momento llamarse Lionel Messi no significaba nada especial. Lionel Alberto Messi, nacido y criado en La Matanza, no había escuchado hablar de Lionel Andrés Messi, nacido y criado entre Rosario y Cataluña. El mundo entero desconocía ese nombre porque el mundo entero desconocía esa zurda y esa cadera repentina. Pero apenas Lionel Alberto empezó a estudiar Sistemas en la UTN, Lionel Andrés se convirtió en la figura de la Selección Sub-20 que ganó el Mundial 2005 en Holanda. Y las cosas, para los dos Lioneles, cambiaron para siempre.

“En la facultad fue que empezaron a pasar cosas. La primera fue un día que me paré delante de un listado en el que estaban los resultados de una mesa de examen y de mi nombre salían un montón de flechas con signos de pregunta, como diciendo ‘¿qué hace Lionel Messi acá?’”, cuenta Lionel. De esas, dice, tiene muchas. Lo dice entre divertido, acostumbrado y a veces un poco avergonzado por todo lo que se arma alrededor de un nombre que es suyo pero también el de una estrella galáctica. No suena cansado. Al menos no todavía.

“La siguiente, que ya me hizo entender un poco más cómo iba a ser todo, también fue en la facultad. Tenía que ir a retirar un examen que había rendido y llamaban a todos menos a mí, entonces me acerqué, pregunté y el profesor me pidió mi nombre. Cuando le dije ‘Lionel Messi’ me respondió: ‘Uy, te pido mil disculpas, es que me entregaron un examen firmado por Bob Marley y otro por Lionel Messi y los dejé a un costado porque pensé que era una joda”. Poner el nombre pero no la cara -en el correo, en un delivery, ante un operador de call center- le valió al Messi de Casanova -hincha de Boca y de Almirante Brown y seguidor del Barça desde que Leo empezó a descollar en el blaugrana- innumerables “¿vos me estás jodiendo?”.

Pero de todas las veces que su nombre confundió a los que estaban a su alrededor hay una que pica en punta. “Aparte de trabajar en sistemas algunas veces hago trabajos de electricidad. Estaba en la casa de un señor arreglándole un aire acondicionado y me caí de una escalera. Me golpeé la cabeza y perdí el conocimiento por un rato largo, quedé muy confundido, me acuerdo muy poco de esas horas. El señor empezó a llevarme a distintos hospitales pero en todos le decían que tenía que llevarme a uno en el que pudieran hacerme una tomografía de la cabeza. Terminamos en el Posadas, donde también fue mi familia para estar conmigo”, introduce Lionel. Su nombre, elegido no sólo antes de que el otro Lionel Messi se convirtiera en el futbolista más importante de su era sino antes de que naciera, tiene dos motivos: “Mi vieja trabajaba en una fábrica de jeans que se llamaba White Lion. Le daba vueltas al nombre León, Leonardo, Leonel, Lionel. Y también era una época muy Lionel Richie, así que quedó Lionel”.

De vuelta en el Posadas: “Me metieron en un consultorio, dejaron a mi esposa afuera y me preguntaron cómo me llamaba. Yo dije mi nombre y salieron a buscar a mi esposa. Le decían: ‘Dice que es Lionel Messi’ como si yo estuviera completamente confundido”. Mariana, la compañera de secundario que es su pareja desde hace más de quince años y la mamá de Noah y Agustín, suma a la anécdota: “Tuve que mostrarle el DNI al médico para que entendiera. Se corrió el rumor de que había un Lionel Messi en el hospital y empezaron a llegar más médicos, enfermeros… el señor que limpiaba el piso pasó el trapo cinco veces por donde estábamos para ver al Messi que había. Para todos era increíble que se llamara así”.

Lo de tener que mostrar el DNI Mariana lo tiene entrenado. “Siempre tengo los documentos de los nenes a mano. Muchas veces nos pasa en la plaza que entre los chicos se preguntan los nombres y cuando Noah dice que es un Messi, no le creen. Y ahí sale el DNI. Cuando era más chiquito, Noah -que tiene 9- no entendía por qué en la plaza todos andaban con camisetas con su apellido y a veces el nombre de su papá. Siempre preguntaba y lo desconcertaba mucho”, se acuerda Mariana. Noah, el primer hijo de la pareja, nació el 30 de octubre de 2012, tres días antes que Thiago, el hijo mayor de Lionel Andrés y Antonela Roccuzzo.

“Yo estaba muy nervioso cuando se venía la cesárea de nuestro primer hijo. Para distraerme, el anestesiólogo me hacía chistes con el noticiero, que mostraba que Antonela ya andaba muy cerca del parto. Muchos nos insistieron para que le pongamos Lionel a alguno de los nenes pero ya bastante tengo con lo mío”, se ríe el Messi de La Matanza.

Cuando jugaba al fútbol, con amigos de la secundaria o compañeros de la facultad, era delantero por izquierda. Hasta que en 2014 se rompió el ligamento interior. Se operó pero nunca pudo completar la recuperación: ya no juega más, salvo alguna que otra vez. Un año después, el astro sufrió la misma lesión en un partido contra Las Palmas por la Liga Española.

Lionel Alberto Messi nunca usó la camiseta del Barcelona que compró en 2006. La que lleva estampada su apellido y el del ganador de siete Balones de Oro. Dice que le da “cosa”, algo así como vergüenza, como si usarla fuera cancherear un poco. Y que para qué. “Los Messi de Casanova somos más vergonzosos que otra cosa. Salvo mi viejo, a él le encanta contar que es un Messi y que tiene un hijo que se llama Lionel. Viaja para todos lados con una cédula azul de un auto suyo que está a mi nombre y la muestra”, se ríe.

Llamarse Lionel Messi hizo que el primer policía que lo paró cuando acababa de sacar el registro se riera apenas vio los documentos. “Me dijo que tenía que hacer publicidades para ganar plata y que siguiera camino. Yo tenía todos los papeles pero como nunca me habían parado estaba re nervioso, pero zafé enseguida por el nombre”. Algunos años después, en un viaje por el Sur junto a Mariana, lo paró Gendarmería. “Cuarenta minutos me habló el gendarme. De su vida, de su trabajo, de todo lo que admiraba a Messi. Y después seguimos viaje”, cuenta Lionel.

Cada vez que usa la tarjeta de crédito o de débito en algún negocio sabe la que se le viene. Si es un restorán, habrá recorrida con su DNI para que todos lo miren y lean en la credencial el mismo nombre que un hombre al que conocen y quieren aunque no hayan tenido cerca jamás. Mariana sabe cómo es la cosa: cada vez que su marido tiene que hacer algún trámite en el que su nombre será parte, calcula en promedio cuarenta minutos de demora por el revuelo que va a armar la novedad. Algunas veces la espera fue de dos horas. A veces el alboroto es sólo entre quienes trabajan allí donde estén, sea la oficina en la que renuevan el DNI o un lugar en el que se sentaron a comer. A veces se contagian los clientes.

“Hace poco estaba en una farmacia, fui a pagar, la cajera leyó mi nombre a los gritos y se armó la locura. Un señor que estaba ahí me pedía fotos. Conmigo y con el documento. Pero yo ni loco, me da una vergüenza... ¿Para qué querés una foto conmigo o de mi documento, si yo no soy el Messi que estás buscando?”, dice Lionel, que hace casi veinte años recibe la onda expansiva del zurdo al que le pusieron el mismo nombre que a él. De 2005 a esta parte la vida se le llenó de incrédulos, de cholulos y de gente que se pone contenta por haber estado cerca de Lionel Messi. De algún Lionel Messi.

JR

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