Palabras de amor, días de furia

Ray Donovan, uno de los "furiosos" televisivos más increíbles

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“La primera palabra de la literatura occidental es ‘cólera’ (en griego, ménin). Así empieza el hexámetro inicial de la Ilíada, sumergiéndonos de golpe, sin contemplaciones, en el ruido y la furia. Con la ira de Aquiles se inicia la ruta que nos lleva a los territorios de Eurípides, a Shakespeare, a Conrad, a Faulkner, a Lorca, a Rulfo”.

Leo y subrayo eso en El infinito en un junco, de Irene Vallejo (pronto hablaremos de ese libro descomunal acá y en elDiarioAR, es uno de esos para tener a mano y volver y volver). Lo encuentro justo –por ahí más que justo, lo huelo: ¿había algo en el aire?– un día particular de furia y un rato después de tirar en mi cuenta de Twitter una de esas preguntas en plan consigna radial y en plan, por qué ocultarlo, mal de muchos, etc. (ya lo cantó Charly García: “Yo solo tengo esta pobre antena”).

“¿Ustedes cómo se desenojan?”, lancé, como turista ilusionada moneda en mano, frente a la Fontana di Trevi, para que empiece a desatarse el conjuro y tener la fortuna de volver a Roma. En mi caso fue con la intención de regresar, también, pero al terreno de la ira y sus mecanismos; neurosis y laberintos escarpados, asunto no separado

Para mi sorpresa aparecieron más de 300 personas con respuestas graciosas y fórmulas muy variadas (de canciones de Chichi Peralta a toneladas de comida, pasando por siestas, duchas, respiraciones, rutinas de zumba, tiempo, sexo, venganzas, videojuegos: un mundo de sensaciones).

También contestaron muchos que aseguran que desenojarse les resulta imposible, los abrazo y los entiendo. De hecho, la chinche, como llamo a ese tipo de enojo incendiario que a veces me carcome para matizarlo y que arda menos, se aplacó con las horas. Pero por ahí queda algún resto, una cascarita, algo de ceniza

Resurjo de ahí, entonces. Les dejo una foto de mi furioso preferido de la televisión, Ray Donovan, (a propósito: por estos días están grabando la película que va a ser una suerte de cierre de la serie) y una nueva entrega de Mil lianas.

1. La otra hija, de Santiago La Rosa. La premisa parece sencilla: un hombre joven se enfrenta al nacimiento de su primera hija y, por lo tanto, a ese lugar pringoso que pareciera ser la paternidad, con las preocupaciones y los miedos más o menos esperables. 

Sin embargo, a medida que va avanzando La otra hija, la novela de Santiago La Rosa que acaba de editar Sigilo, eso que aparenta simple se va enroscando. Sobre todo porque al encontrarse en su nuevo rol, el protagonista decide mirarse en un espejo bastante distorsivo y por momentos perturbador: su propio padre, un tipo en apariencia encantador, canchero, viajado, que de un día para el otro desaparece de su vida. 

A partir de esa fuga y de ese misterio que siempre es un padre –que acá se presenta por momentos como la intriga de una novela de detectives–, el narrador empieza a querer abrir puertas, que a veces se le hacen muy pesadas. 

Me gustó mucho, sobre todo lo conciso de la narración, lo crudo y lo atrapante del relato, que te engancha de punta a punta con preguntas habituales sobre la identidad y el pasado (¿de dónde venimos? ¿quiénes son en realidad esos que creemos conocer?), pero no por eso menos inquietante.

Para quienes no lo conozcan, les cuento que Santiago La Rosa nació en Buenos Aires, en 1987. Tiene una novela anterior, que se llama Australia, y desde 2019 es uno de los directores de Chai, una editorial preciosa de narrativa contemporánea en traducción.

La otra hija, de Santiago La Rosa, acaba de salir por Editorial Sigilo.

2. Marianne y Leonard, palabras de amor. A diferencia de las personas con otros oficios terrestres, quienes se dedican a componer canciones muchas veces hacen uso de una especie de ventaja deportiva sobre los demás y logran lo que otros no pueden: inmortalizan en sus letras a sus grandes amores. (No me quiero detener mucho en el debate sobre si musas sí, musas no; es un tema que me atrajo tanto que con un amigo escribimos un libro sobre esa cuestión). 

El documental Marianne y Leonard, palabras de amor, por momentos alejado de la obra musical en sí para meterse en cuestiones chismosas y 100% biográficas, se propone reconstruir los días en los que el cantante y poeta canadiense Leonard Cohen vivió un romance con la joven noruega Marianne Ihlen, inspiradora de su clásico So Long, Marianne

Eran los ‘60, eran jóvenes y espléndidos, se sentían contrariados (él escribía sin parar y sin dinero; ella criaba a un hijo pequeño), vivían encandilados por el sol de la pintoresca isla de Hydra, en Grecia.

El largometraje, que acaba de aterrizar en la plataforma de Netflix, cuenta con testimonios de viejas entrevistas de los protagonistas y con allegados que suman anécdotas y reponen el contexto (el amor libre, la exploración con distintas drogas, la revolución sexual). De hecho Nick Broomfield, director de la película y amigo de ambos, señala desde una voz en off: “Marianne tuvo un montón de amantes. Yo fui uno de ellos”.

En algunas escenas, más que la historia de amor, lo que se ve es una especie de conversión, del Cohen escritor al Cohen que, después de muchos reparos, decide subirse a los escenarios para lucirse como uno de los mayores cantautores de todos los tiempos (de hecho, al mirarlo me quedé con ganas de que el director hubiera dejado enteras algunas canciones o apariciones del cantante). Pero con sus idas y vueltas, Marianne no pierde protagonismo y la película la muestra presente a lo largo de toda la vida del artista y también se ve cómo acompañó e inspiró las creaciones de otras personas. 

Como se verá hacia el final en una escena desgarradora, incluso ya alejados, Cohen no dejó de dedicarle palabras de amor a la incansable Marianne. No dejen de pasar por este documental si están detrás de algo súper emotivo.

Marianne y Leonard, palabras de amor, de Nick Broomfield, está disponible en Netflix.

3. Hacks. Lo dijimos por acá, en un repaso que hice por algunas de las comedias para ver en el mundo enorme –y a veces agotador– de las plataformas de streaming. Hacks es una de las series del año y, por si se distrajeron, les vuelvo a contar un poco sobre ella porque me hice fan intensa.

La comedia tiene como protagonista a la actriz Jean Smart, a quien quizá muchos hayan visto recientemente en Mare of Easttown (por si se lo perdieron, hablamos de la serie por aquí). Ahí, como una suerte de lo que los expertos en guiones llaman comic relief –ese personaje o espacio en el que el relato encuentra su rincón cómico, una forma de distensión– encarnaba a la madre de la siempre perturbada protagonista, interpretada por Kate Winslet. Juntas compartían diálogos filosos, encantadores y a veces tiernos.

En Hacks, la actriz es Deborah Vance, una comediante vieja escuela, una verdadera leyenda viva del humor, que después de años de esplendor en el mundo del espectáculo lleva adelante su show de stand up en un hotel un poco decadente de Las Vegas. Por algunos rulos de la trama que prefiero no adelantar, se cruza con Ava (interpretada por Hannah Einbinder), una guionista centennial que después de un traspié en las redes sociales debe aceptar un trabajo junto a la actriz veterana, pese a que a priori la ve como alguien vetusto y alejado de sus intereses.

Algo de choque generacional (los diálogos, en ese terreno, son desopilantes), de pensar el papel de las mujeres en el ámbito de la comedia sin ponerse solemnes y de desandar los procesos de la comicidad (qué y cómo nos hacen reír) convierten a Hacks en una serie imperdible. 

Hacks tiene 10 capítulos y se anunció que tendrá nueva temporada. Está disponible en la plataforma de HBO Max.

4. La historia detrás de cada canción, por Maitena Aboitiz. Hablamos antes de inspiración y el detrás de escena de las composiciones y si hay alguien que se dedicó a investigar con rigurosidad y pasión ese mundo en la música local es la periodista Maitena Aboitiz, que en 2007 editó, justamente, el libro Antología del rock argentino, la historia detrás de cada canción

Ahí se metía en el proceso creativo de canciones emblemáticas y, con entrevistas a los mayores referentes del rock local, trazó un mapa en el que muchas personas, con curiosidad en esas aguas, nos refugiamos.

De ese enorme material quedaron audios, entrevistas y archivos que ahora integran el podcast La historia de cada canción que, con cinco episodios, indaga en canciones de ayer y de hoy. Maitena conduce y pone en contexto y las y los artistas le cuentan anécdotas, motivaciones y las historias que los rodearon a la hora de componer.

Les dejo por acá, como no podía ser de otra manera en este capítulo rabioso y febril de Mil lianas, el episodio dedicado a En la ciudad de la furia, de Soda Stereo. Como asterisco emotivo, les adelanto que van a escuchar la voz de Gustavo Cerati contando con mucha gracia cómo surgió la imagen que deriva en una letra tan recordada. “Es una canción que yo le hice a una chica cuando me dejó”, arranca el rockero y no les cuento más así le dan play.

La historia detrás de cada canción, de Maitena Aboitiz, está disponible en Spotify.

¡Hasta la próxima!

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