Denuncias contra la Iglesia Católica

Salta: por primera vez condenan a un cura por abuso sexual

Agustín Rosa Torino cumple prisión domiciliaria desde 2016

Por primera vez, la Justicia de Salta condenó a un sacerdote por abusos sexuales cometidos en el ámbito eclesiástico. Se trata del cura Agustín Rosa Torino, que fue sentenciado este jueves a doce años de prisión tras ser declarado culpable de los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante agravado contra dos víctimas y abuso sexual simple agravado en el caso de otra víctima. Hasta ahora, ninguno de los sacerdotes de la Iglesia católica denunciado por este tipo de delitos había sido enjuiciado -ni condenado- en territorio salteño.

La sentencia de la Sala IV del Tribunal de Juicios del distrito Centro de Salta llegó tras diez jornadas de debate: los jueces Maximiliano Troyano, Norma Vera y Roberto Faustino Lezcano concluyeron que Rosa Torino, quien por motivos de salud cumple prisión domiciliaria desde 2016, era autor de los delitos por los que fue denunciado por dos ex novicios y una ex monja que se formaron en la congregación que el sacerdote había fundado. Durante la lectura de la sentencia se determinó que Rosa Torino deberá cumplir con su condena en una unidad sanitaria del Servicio Penitenciario.

Valeria Zarza, Yair Gyurkovits y Jonatan Alustiza son las tres víctimas que denunciaron a Rosa Torino ante la Iglesia y ante la Justicia: los tres se habían formado en el Instituto Religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, creada en Salta por el sacerdote condenado y con sedes en México, España, Chile y distintas provincias de la Argentina. No fueron querellantes en la causa que investigó sus denuncias. La fiscal Verónica Simesen encabezó la acusación por parte del Ministerio Público Fiscal a la vez que, por motivos económicos, los tres denunciantes no pudieron conseguir abogado defensor. Simesen pidió al tribunal una pena de 22 años de prisión para Rosa Torino, mientras que la defensa del sacerdote instó a los jueces a que lo absolvieran.

“La primera estrategia del acusado era alejar a las víctimas de sus familias. La segunda era el aislamiento total del mundo exterior. Luego estaba el factor económico. Los hacía pasar por condiciones inhumanas de vida”, sostuvo Simesen en su alegato este jueves. Y sumó: “Los infractores sexuales operan sobre la víctima desprevenida y eligen el momento para actuar. Los testimonios dieron cuenta de una sistematización y una modalidad del acusado sobre las víctimas”.

Durante el juicio que tuvo lugar en la capital salteña, un testigo declaró que en la congregación siempre estaba presente la idea de que cualquier persona ajena “podía afectar la obra de Dios”, por lo que se buscaba aislar a sus integrantes.

En conversación con elDiarioAR, Gyurkovits había contado: “Me decía que era como mi padre, que tenía que revisarme el cuerpo, y siempre mostrándose afectuoso”. Según su denuncia, tenía 16 años cuando empezó a ser víctima de abusos en la congregación a la que se había acercado como aspirante a seminarista.

Ese mismo recorrido vocacional hacía Alustiza, quien detalló a este diario: “Rosa Torino se manejaba como un padre, nos insistía en que Dios hablaba a través de él y era muy difícil desobedecer a eso. Como yo tenía un problema de salud muy cerca de la zona genital, me quiso revisar ‘como un padre a un hijo’ para ver si era varicocele. Hasta 2016 me eché la culpa de todo lo que había pasado, pero hacer la denuncia y salir del ocultamiento empezó a revertir esa sensación”.

La congregación encabezada por Rosa Torino, que también recibió denuncias por abusos del sacerdote Nicolás Parma en su sede de Puerto Santa Cruz, ya no puede formar varones que aspiren a curas: el Vaticano ordenó su cierre hace dos años, según confirmó a este diario la fiscal Simesen. “La Iglesia tiene mucha influencia en Salta y no hubo ninguna colaboración de su parte para que nos acercaran las denuncias que hay en el marco del juicio canónico, tampoco nos contestaron en qué estado está ese juicio, cuyas denuncias empezaron en 2015”, advirtió la funcionaria judicial en declaraciones a este diario.

En ese sentido, Zarza, la ex monja que denunció a Rosa Torino ante la Iglesia salteña y también ante la Justicia, había dicho a elDiarioAR ante la inminencia del juicio: “Queremos que vaya preso como cualquier delincuente, que se lo condene a cárcel común y que su condena sea un ejemplo para todos los sacerdotes que están cometiendo abusos y que saben que la Iglesia Católica los encubre cambiándolos de lugar, aunque en esos nuevos lugares sigan cometiendo los mismos delitos. El abusador no prescribe”. 

Este miércoles, Rosa Torino optó por declarar en el juicio en su contra: se negó a responder preguntas de las partes. Según publica el sitio oficial del Ministerio Público Fiscal de Salta, el sacerdote “sostuvo que luchó toda su vida por las buenas costumbres y que siempre recibió desde la fe a quien busca a Jesús”. Negó los hechos denunciados, aseguró no haber abusado de nadie y pidió condenas para quienes hayan cometido abusos eclesiásticos. Bendijo a los jueces y se declaró inocente.

El tribunal lo encontró culpable: su condena es un hecho inédito en Salta.

JR

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