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Entrevista
Exentrenador de fútbol

Ángel Cappa: “Trump e Infantino adulteraron el Mundial”

Ángel Cappa, el pasado jueves en Madrid

David Vázquez Baciero

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A mitad de charla, un hombre lo reconoce y se acerca para estrecharle la mano: “Ángel Cappa. Es usted uno de los mejores entrenadores que hemos tenido en el Real Madrid. Jugaban ustedes al fútbol muy bien”. En la retina de muchos aún permanece el buen juego que practicó el Real Madrid en la 94-95, con el tándem que formaron Ángel Cappa (Bahía Blanca, Argentina, 1946) y Jorge Valdano en el banquillo. También recuerdan muchos el extraordinario Huracán de Cappa que en 2009 fue subcampeón del Clausura. Pero este entrenador es mucho más que un entrenador. Con estudios en Filosofía y Psicopedagogía, Cappa es un habitual en radio y prensa escrita y es autor de libros como La intimidad del fútbol o También nos roban el fútbol, este último, escrito junto a su hija, María Cappa. El fútbol se le cuela en sus reflexiones sobre política y al revés. Por eso, en la era en la que Donald Trump se empeñó en meter las manos también en el deporte más popular, su mente clara sin ninguna servidumbre y su espíritu crítico se vuelven una luz en mitad de un mundial oscuro.

—¿Qué piensa de lo que se está diciendo estos días sobre Argentina?

—A partir de lo que hicieron Trump e Infantino, con el levantamiento de la sanción a un jugador, todo queda bajo sospecha. Adulteraron el Mundial. Si el presidente de un país y el de la FIFA se animan a desconocer las leyes, todo queda desvirtuado. Yo no sé bien qué pasó con Argentina, pero son jugadas que se prestan a interpretación, como todas. Nos quieren convencer de que el VAR es algo científico y que, por tanto, no hay interpretación. Sí que la hay.

—Hay quien dice que en el hecho de que la FIFA proteja a Argentina también hay un cambio de Messi con respecto a Maradona, siempre enfrentado a estos mismos poderes.

—Creo que es buscar una explicación laberíntica. Yo creo que no va por ahí. Argentina no está jugando bien y está ganando porque jugó contra equipos débiles y porque tiene la autoridad del que está acostumbrado a ganar. Me recuerda al Real Madrid y sus remontadas. El débil, al contrario, cuando le gana a un grande siente que se está asomando a un abismo. Se van hacia atrás, no se siente con derecho a ganar. No hay más.

—¿Qué jugadores le gustan de la selección española?

—Dani Olmo y Lamine Yamal, aunque este último todavía no encontró su nivel. El que me tiene asombrado es Cubarsí, que parece que tiene 30 años. También me gusta Rodri, que junto con Vitinha debe de ser uno de los mejores volantes centrales que hay hoy en día.

—¿La forma que tiene de jugar la selección española es una reivindicación del fútbol que usted defendió siempre?

—Si te digo que sí, parece que fui el inventor, y nada más lejos. La mayor virtud que he tenido en mi vida es ser un buen alumno. Aprendo. En este caso, soy un alumno del tipo de fútbol que a mí más me acercó a la felicidad. La España de Xavi e Iniesta fue un equipo maravilloso que asombró al mundo.

—Pero fue gracias a usted y a entrenadores como usted que pudieron jugar juntos porque durante años se dijo que un centro del campo no se podía sostener con dos jugadores así.

—Sí, pero no te olvides de que aquí vino Johan Cruyff. Él fue el que puso de volante central a Guardiola, que era muy flaquito. Y lo peor es que a su lado ponía a Chapi Ferrer y a Sergi, y daba la impresión de que no iban a ganar ni una de cabeza. Incluso ponía centrocampistas de defensas porque decía que le importaba más salir con el balón jugado, algo que después ha imitado el propio Guardiola. Él fue el que trajo todo esto. Es un fútbol, como te decía, que a los que nos gusta esto nos acerca a la felicidad.

—Y eso que en España veníamos de la famosa furia.

—Yo creo que esa fue una época nefasta que, además, olvidaba que España, en el 64, cuando salió campeón de Europa, tenía jugadores exquisitos: Lapetra, Fusté, Amancio… Era un equipo muy parecido al de Iniesta y Xavi. Pero no, había que tener furia. La furia es un estado de ánimo, nunca puede ser un estilo. Pasado aquello, como dijo Menotti, España tenía que elegir entre ser torero o toro y eligió ser torero. Y le va muy bien.

—Aunque sigamos debatiendo sobre la posesión.

—Es un debate falso. La cuestión no es tener el balón o no tenerlo, sino para qué. Si te doy un millón de euros y te los gastás en caramelos, la conclusión no es que el dinero no sirve para nada, sino que lo gastaste mal. Por eso siempre creí que para jugar bien se necesita un volante central como Rodri o Vitinha: no solo tienen el balón, sino que inician algo.

—¿Y hacia dónde va el estilo del fútbol en general? ¿Se jugó bien en este Mundial?

—Se jugó con mucha disparidad, consecuencia de tener tantos equipos y del hecho de que no estén al nivel de los grandes. Por otro lado, los jugadores de élite han venido sobrecargados. El negocio se apoderó del fútbol hace bastante tiempo y todas las decisiones se toman pensando en el dinero. Dejaron de lado el juego y al jugador, a quien faltaron al respeto. Dejaron de lado a la gente.

—¿Le gustó alguna selección en especial?

—España jugó bien, respetando los conceptos básicos del juego. Pero el que más me gusta es Francia, que tiene a Olise, un jugador maravilloso que viene de la calle. En Marruecos, Bouaddi es un chico de 18 años que parece que juega en el patio de su casa. Esto saca un poco a este mundial de las connotaciones que le quieren dar, con toda la cosa de los himnos. Son jugadores que te devuelven a la cancha.

—No es usted muy partidario de las ceremonias de antes de los encuentros.

—Son partidos de fútbol, ¿qué tiene que ver ahí el himno? Estos tipos nos quieren llevar a esto. El himno argentino dice: “Juremos con gloria morir” porque se escribió antes de la independencia. En ese momento tenía sentido, pero ahora no. ¿Quién se tiene que morir en un partido? ¿Qué es eso? Afortunada España, que no tiene letra.

—En el Mundial de Brasil se llegó a quitar la música del himno para que la gente lo cantara más todavía.

—Pero todo eso es fingido. La gente se hace selfis mientras se emociona. Es todo un espectáculo. Vivimos en la sociedad de la apariencia, en la que parecer tiene más valor que ser. Es como los entrenadores que hacen muchas señas a los jugadores. ¿A quién le hacen señas, si el jugador no puede mirarlo a él y jugar? Y entre los jugadores, ahora se puso de moda hacer un bloque. ¿No lo pueden hacer en el vestuario? Y todo, para decirse que hay que salir fuerte los primeros minutos. Todo parece un gran secreto, con esos entrenadores que apuntan cosas en una libreta mientras miran si les enfoca la tele. Es todo apariencia.

—Pero aquí seguimos.

—Sí, y siempre hay equipos que juegan bien y jugadores que lo mantienen vivo, por más que intenten matar al fútbol. Es como dice la canción de Mercedes Sosa: “Tantas veces me mataron y tantas veces me morí, y sin embargo, aquí estoy, resucitando”.

—¿Y algún equipo que no le haya gustado nada?

—Creo que Paraguay fue una ofensa al fútbol. No por defender, que cada uno hace lo que quiere, sino por la permanente proximidad a la trampa. Empujaron, enturbiaron el punto de penalti, trataron de que Francia no jugara, de poner nerviosos a los jugadores. Se convocó a un montón de gente que pagó carísima su entrada para que Paraguay jugara a no jugar.

—En la nueva terminología, alguien diría que solo fue un equipo con un bloque bajo. Usted, que cuida tanto el lenguaje, ¿qué piensa de las nuevas palabras que se están utilizando en el fútbol?

—O eso del palo largo y el palo corto, cuando son todos iguales. Lo que sucede es que muchos entrenadores, y los periodistas aprenden de ellos, quieren convencernos de que el fútbol es una ópera en alemán. Pero no es nada misterioso. Al final, aparece Olise y se acaba toda la historia. Sale Bouaddi y se acaba el misterio. Este lenguaje técnico es una manera de decir que los entrenadores son muy importantes. Que lo son, pero no a favor del juego, sino a favor de la apariencia. A veces, me dan ganas de preguntarles de qué hablan. Una vez, Di Stéfano me dijo que el fútbol es muy difícil hasta que llega uno que juega bien y entonces ya es un poco más fácil.

—Siguiendo el camino de las innovaciones, llegaron en el Mundial los partidos de cuatro tiempos por la pausa publicitaria. ¿Qué piensa de esto?

—El fútbol es un juego de continuidad, no es baloncesto o tenis. Están alterando la esencia del juego. Sucede lo mismo con el conteo de los saques de banda: es el árbitro el que tiene que decidir si uno está perdiendo tiempo o no. Si me hacés la cuenta, me obligás al final a sacar a cualquier lugar. Ahora a Infantino le dio también por echar al jugador que habla y se tapa la boca cuando uno nunca sabe qué fue lo que dijo. Es la presunción de culpabilidad. No se puede creer, son normas ridículas. Esto es lo que hace la FIFA. Se normalizó que un presidente llame y le quiten la sanción a un jugador. Se normalizó la prepotencia del más fuerte.

—¿Qué cree que impulsa estos cambios?

—Todo tiene que ver con el negocio porque esto es lo que se impuso. El negocio le transfirió sus valores al fútbol. Por eso algunos dicen que lo único que vale es ganar. No dicen que sea lo más importante, ojo, dicen que es lo único. Pero es mentira. Ganar nunca fue lo único y nunca dejó de ser lo primero. Nunca hubo una época romántica en el fútbol. No hay fútbol romántico en el barrio y no lo hay en un partido de solteros contra casados porque lo que todos queremos siempre es ganar. Lo que pasa es que hay que elegir el camino para llegar a la victoria.

—¿Le llama la atención la poca respuesta que encontró todo esto dentro del fútbol?

—Sí. También me sorprende la poca o ninguna respuesta de los jugadores. Los hacen jugar un montón de partidos y nadie dice nada, cuando no hay en el mundo un gremio que tenga tanto poder como ellos. Si ellos dijeran que no juegan, se terminaba toda la historia. Los gobiernos del mundo se desesperarían. Y cuidado, que hablo de que defiendan sus derechos, que no es algo de derecha ni de izquierda. Trump e Infantino los atropellaron. No diré que la FIFA sea una mafia, porque puedo tener problemas, pero sí diré que es una organización de comportamientos claramente mafiosos.

—Pero a los jugadores parece no interesarles nada de esto.

—Cuando un jugador apoya a un líder de derecha, algo a lo que tiene todo el derecho, nadie sale a decir que eso es político. Sin embargo, cuando Yamal saca la bandera de Palestina, un pueblo masacrado, lo critican porque se metió en política, como si no fuera exactamente lo mismo que lo otro. Los que opinan a favor del poder están protegidos y no tienen nunca problemas. Por eso muchos no hablan.

—¿Queda alguno que sí lo haga?

—Sí, en Argentina habló Lisandro Martínez, por ejemplo. Lo hizo a favor de la gente, de los jubilados a los que maltratan mientras no pueden pagarse un café. En el lado contrario, me da lástima que Messi haya apoyado a Donald Trump. Porque lo apoyó y él lo sabe. Y tiene todo el derecho, pero yo debo decir que a muchos futboleros nos da lástima que alguien que nos dio tantas alegrías se ponga de lado de un matón universal que nos tiene aterrorizados a todos.

—Extraña entonces que los jugadores protesten más.

—Extraño que la gente proteste más. En Europa hay movimientos de izquierda muy valiosos, pero muy minoritarios. Uno espera una reacción masiva ante las injusticias, pero no la hay. El capitalismo consiguió despolitizar a la gente, y ese es su gran triunfo. Muchos creen que la política es cosa de los políticos, pero no lo es. La política es nuestra vida, y no podemos permanecer ajenos. No hay que ser un marxista delirante para defender que debemos participar de la vida pública. Hay que volver a politizar a la gente. Hay que volver al pensamiento crítico. Hay que volver a la lucha, porque nadie regaló nada nunca a las clases populares. Y sí, también los futbolistas tienen que volver a esto.

—¿Qué papel representó el fútbol en esta despolitización?

—Es un vehículo. El más rápido y eficaz no solo para despolitizar a la gente, sino para idiotizarla. Te hacen comprar una camiseta de tu ídolo y te cobran 120 euros. Vivimos el fútbol sin reparar en que está manipulado por el negocio. ¿Qué hay detrás de la compra de un jugador? Tenemos una inocencia terrible.

—¿El fútbol se volverá cada vez más injusto en un mundo cada vez más injusto?

—Cada vez será más propiedad de gente como Trump o como Florentino Pérez, que es uno de los dueños de España y que piensa que, como anda cerca de jugadores, ya sabe de fútbol, como el que se contagia de un resfriado. La realidad es que no saben nada. Pero hay que pensar que también existe el fútbol amateur, el fútbol de los barrios. Una vez preguntaron a Xavi qué es el fútbol y respondió que es una pelota y amigos.

—¿Qué se puede hacer?

—Juntarnos y defender nuestros derechos y nuestros bienes comunes.

—¿Y con el fútbol?

—Lo mismo.

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