COPA DE LA LIGA

La tijera de Gabriel Rojas, un penal imaginario en Avellaneda, las desventuras de Boca y una victoria clave para River

River Plate derrotó Colón de Santa Fe por 3-2 y lo despojó de su invicto en la zona A

Tal vez la primera prueba de vida inteligente en el Planeta de la Copa de la Liga 2021 se haya dado en la noche del viernes en Vicente López, donde San Lorenzo le ganó 4 a 2 a Platense. Alguna vez, citando a Roberto Perfumo, Diego Armando Maradona dijo que no sólo somos hinchas de equipos, sino de las jugadas, no importa el color de la camiseta que lleve el que la hace. Puede que el concepto sea demasiado naif en el ámbito del fútbol post redes sociales, que convirtió las viejas escaramuzas en un comportamiento de tipo compulsivo, con una dinámica tal vez basada en el antagonismo político de la Argentina de la grieta (aunque no se sepa bien si se futbolizó la política o se politizó el fútbol).

Lo cierto es que entre tanto chisme, entre tanto grito, entre tanto primer plano dramático de técnicos que “no están conformes con el funcionamiento de su equipo”, entre tanto nuevo estreno de Disney, apareció, sí, aunque usted no lo crea, eso que se supone que es el “fútbol”.

Fue a los 30’ del segundo tiempo, cuando el partido, de ida y vuelta, estaba 2 a 2. Ángel Romero mandó un centro al área. Franco Di Santo la paró de pecho y se la dio a Uvita Fernández, quien también la paró de pecho y envió para Gabriel Rojas que, para no ser menos, la paró con el pecho, ¿con qué sino a esta altura?, y efectuó algo hermoso, a mitad de camino entre una tijera y una chilena (¿una tilena/chijera?). La pelota se clavó en el ángulo y obtuvo un reconocimiento unánime. Que ya sea considerado el mejor gol del campeonato indica las pocas expectativas del hincha promedio del fútbol argentino: sabe que las genialidades son la excepción. Un dato menor pero pintoresco: Rojas tiene tatuado a Maradona en una de sus piernas. Si ése no fue el fantasma de Diego, ¿el fantasma de Diego dónde está?  

Sábado con clásico

El plato fuerte del sábado era el clásico de Avellaneda con los dos equipos diezmados por el coronavirus. Independiente se llevó la peor parte: no pudo contar, entre muchos otros, con Sebastián Sosa, su arquero titular y sostén anímico, ni con Falcioni. Por la misma causa, en Racing faltaba Darío Cvitanich. En cuanto a lo estrictamente futbolístico, tampoco era el mejor momento: Independiente había perdido con Talleres y Racing, de local, con Godoy Cruz.

 Los empates, como el humo de un asado o de un porro, se huelen a miles de kilómetros, y ya desde los primeros minutos daba esa sensación. Aun dejando todo en la cancha, más que enfrentarse entre sí, Racing e Independiente parecían luchar contra sus propias imposibilidades. Corolario: en el primer tiempo hubo menos acción que en una película de cine arte y se impuso esa atmósfera fantasmagórica típica de los partidos aburridos de sábado por la noche. Dominó Racing pero la llegada más clara fue de Independiente, en los pies de Jonathan Menéndez.

El complemento siguió en la misma línea, pero con Independiente todavía más retrasado. Los de Juan Antonio Pizzi probaron varias veces al arco sin suerte, especialmente Tomás Chancalay, un optimista del tiro de larga distancia. Pero cuando ya habían pasado tres minutos del descuento, Mauro Vigliano cobró un penal imaginario que Enzo Copetti, delantero incansable, de esos complicados de marcar, convirtió en gol. Los “allegados” de Independiente finalizaron el partido con un cántico que recordaba, no en buenos términos, a la madre del árbitro equivocado.

Algunos hinchas suelen decir que, antes de ganar un clásico por goleada, prefieren hacerlo a través de un penal inventado en el último minuto. Esta semana Racing sabrá cómo se disfruta e Independiente cómo se sufre.      

Boca sin rumbo, River con susto

En cuanto al animal mitológico que en Twitter los hinchas de otros cuadros denominan, con hartazgo, “Bover”: uno (el de camiseta azul y amarilla) se enfrentaba a Unión en Santa Fe, y el otro (el de camiseta blanca y roja), de local, a Colón, el de puntaje exorbitante, que en la semana había sufrido la baja de la Pulga Rodríguez, otro afectado por la pandemia. Si esto sigue así como así en vez de mencionar los contagiados será más simple mencionar a los que no tienen coronavirus.    

No fue casualidad que el esperado regreso de Edwin Cardona coincidiera con un buen primer tiempo de Boca. Sin descollar, pero con algunos de las sutilezas de su repertorio (cambios de frente, toques de primera, la garantía en los tiros libres) manejó los hilos de un equipo que intentó y no pudo vencer el cerrojo del local. Nobleza obliga: hubo, en los primeros minutos, un penal bastante claro no sancionado a favor de Unión. En teoría, a Boca, que salió con 5 en el fondo, le sobraba un central, pero recién empezado el segundo tiempo -después de que Franco Soldano ingresara por Marcos Rojo (con una molestia)-, cuando Unión marcó el 1 a 0 a través de Nicolás Peñailillo, más que sobrar, le faltó. La leyenda de la manta corta nunca se acaba y a partir de ahí los santafecinos se agrandaron. Mejoraron Nelson Acevedo, Federico Vera y Gastón González. Mauro Zárate entró por Cardona y la salida del colombiano expuso la dependencia extrema del equipo hacia su juego. Unión, tercero en el grupo, fue un equipo austero y noble: no pegó, no hizo tiempo, no escondió las pelotas cuando las papas quemaban. Además, el trámite del partido no ameritaba los cinco minutos que adicionó el árbitro. Boca, por su parte, continúa en su montaña rusa existencial, material indispensable para los canales de deportes.  

Colón salió a jugar en el Monumental, no sólo como el puntero de su grupo, sino como un puntero que puede perder dos partidos seguidos y seguir arriba. Esa actitud rompió el hechizo del tiempo en el que River estaba atrapado, por lo menos en la Liga, desde el partido con Racing (no así en la Copa Argentina, donde esta semana derrotó 2 a 1 a Atlético Tucumán, facilitando el superclásico número 450 en los últimos años).

Colón salió a jugar de igual a igual, nada de micros estacionados en el arco propio, pero fue River el que pasó a ganar, en el estreno de Lucas Beltrán como goleador. Cuando terminaba el primer tiempo, Christian Bernardi, después de una buena habilitación de Facundo Farías, empató. El segundo tiempo empezó con la roja a Alexis Castro (situación ventajosa que River, increíblemente, sufrió en varios partidos) y el golazo de tiro libre de Fabrizio Angileri, jugador de un presente superlativo. El 3 a 1 llegó a través de un penal convertido por Gonzalo Montiel, también de muy buen desempeño, al igual que Héctor David Martínez.  

Parecía que River lo tenía controlado, pero un cabezazo de Rodrigo Aliendro agitó las dudas de los últimos tiempos y en los minutos finales pareció que era el equipo santafecino el que tenía uno de más. El pitazo del árbitro rubricó una victoria clave por 3 a 2, sufrida para los de Marcelo Gallardo. Cuando termine la fase de grupos, tal vez sea la clave de una hipotética clasificación.   

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