“No es gratis”: el dólar soja y el riesgo de que el nuevo esquema impulse la inflación

Massa en una reunión con empresarios del agro previa a los anuncios

El nuevo esquema de liquidación planteado por el Gobierno para los exportadores de soja, que mejora el precio otorgándoles $200 por dólar, le dará un empujón de recaudación tributaria y contribuirá a acumular reservas; ese el objetivo principal. Pero, como señalan los economistas, “no será gratis”. La medida implica la emisión de un gran volumen de dinero que, de no ser absorbido, sumará presión a una inflación que ya acumula 71% en términos interanuales. 

Massa prometió un nuevo refuerzo para "sectores vulnerables" con lo recaudado con el dólar soja

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Según los números que difundió el propio Ministerio de Economía, el esfuerzo fiscal de la medida es de $600.000 millones. Sin embargo, la clave es mirar la diferencia respecto de la situación previa. Según calculó Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, el Banco Central tendrá que emitir casi $60 más por cada dólar liquidado, por lo cual si ingresan los US$5.000 millones que espera el gobierno, la emisión adicional que no tiene como contrapartida un aumento de reservas internacionales llegaría a $300.000 millones (0,37% del PBI). 

En su conferencia del domingo por la noche, el ministro de Economía, Sergio Massa, señaló que el jueves el Directorio del Banco Central tomará “algunas medidas a los efectos de que los niveles de reconocimiento de precios tengan el menor impacto (inflacionario) posible y la mayor cantidad de medidas de esterilización”. 

Para Santiago Manoukian, economista de Ecolatina, la mayor emisión destinada a la compra de divisas deberá ser absorbida mediante los principales instrumentos de esterilización del BCRA: Leliqs y pases pasivos. “Junto con esto, es probable que la autoridad monetaria instrumente un nuevo ajuste de tasas procurando llevarla a terreno positivo en el corto plazo para reducir la presión sobre la brecha cambiaria, moderar expectativas de devaluación e inflación y brindar una mayor calma financiera”, señaló. 

Manoukian precisó que esa mayor absorción implicará un crecimiento en el stock de pasivos remunerados del BCRA, que ya vienen creciendo con fuerza y generarán un mayor pago de intereses hacia adelante. Más aún cuando se espera una suba de tasas. “Para que esta dinámica no se torne insostenible, será clave cumplir con el compromiso de reducir el déficit fiscal y la asistencia monetaria asociada, de tal manera de achicar los esfuerzos de esterilización”, apuntó. 

“No es gratis”, sintetizó María Castiglioni, de C&T consultores. Según su punto de vista, si el excedente de emisión no es esterilizado por completo presionará sobre la inflación y, si es contrarrestado con instrumentos de absorción, significará más deuda para el Banco Central. 

Para Guido Lorenzo, director de LCG, “es imposible predecir cuánto puede impactar en precios” porque depende de cuál sea la demanda de dinero. “Posiblemente algo se vaya a precios y el resto irá a Leliqs”, concluyó. Giorgio, en cambio, moderó la expectativa sobre el posible efecto. “No creo que haya un impacto adicional demasiado grande sobre la base monetaria o los pasivos del Central. La preocupación recae más bien sobre los stocks actuales y no sobre el marginal de esta operación”, señaló. 

Por fuera del tema de la emisión, pero también vinculado a la posible suba de precios, Massa explicó que este nuevo esquema se aplicará solo para la soja y no para otros productos como el maíz o el trigo porque más del 90% de la producción del complejo soja se exporta, con lo cual el nuevo precio no debería incidir demasiado en la inflación local. En cambio, un aumento en el trigo o el maíz se reflejaría en productos básicos como la harina o el aceite. 

La parte que no se exporta podría afectar el precio de los huevos, de los pollos y de los cerdos, pero su incidencia en el IPC no es muy relevante, según precisó Giorgio.

DT

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