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Sergio Massa, frente al desafío de prolongar el rebote de la actividad económica en el año electoral

El equipo de Sergio Massa buscará apuntalar los ingresos, pero sin descuidar la meta de reducción de déficit fiscal

Delfina Torres Cabreros

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Bajar la inflación, que en 2022 se acercó peligrosamente al 100%, no es el único desafío que Sergio Massa tiene por delante. Para la construcción de una narrativa exitosa de su paso por el Palacio de Hacienda también será determinante lo que suceda con la actividad económica, que en los últimos meses dejó atrás el rebote post pandemia y entró en un período de desaceleración. El saldo final de la gestión del Frente de Todos puede ser tres años seguidos de crecimiento del PBI, algo que no sucede desde hace 15 años, o un cierre de gestión marcado por la recesión. 

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que elabora el Indec, arrojó en noviembre una variación interanual positiva de 2,6%, pero mostró una caída de 0,7% con relación al mes anterior. Fue el tercer mes consecutivo de retracción intermensual, lo que comienza a cristalizar una tendencia desafortunada.

Entre las principales razones detrás del freno de la actividad está, por un lado, la reducción de las importaciones promovida por el Gobierno para contener la falta de dólares, lo que genera problemas en las cadenas de producción. Por otro, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios por efecto de la inflación, lo que deprime la demanda. Los argentinos y argentinas consumen menos porque tienen menos dinero disponible en el bolsillo.

Para el año próximo el equipo económico de Massa proyecta una inflación del 60%, muy por debajo de las estimaciones del mercado, que la vuelven a ubicar cerca del 100%. Por otra parte, estima una mejora del PBI del 3,5%, superior al ya auspicioso 2% que augura el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que seguirá monitoreando de cerca el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit fiscal y acumulación de reservas. 

Aun con un número más moderado en comparación con los años previos (la actividad económica creció 10,4% en 2021 y 5,5% en 2022) tres años seguidos de crecimiento constituirían un dato más que interesante para capitalizar políticamente, dado que es algo que no ocurre desde 2008; desde hace 15 años. Sería un arma poderosa para la campaña del Frente de Todos, que podría alegar que aun con las peripecias de magnitud medieval a las que se enfrentó –una pandemia, una guerra que trajo escasez de alimentos y energía–, hizo crecer la actividad tres de los cuatro años que gobernó. 

“Tres años mentirosos, igual”, aclara un economista, que atribuye gran parte de ese crecimiento al rebote posterior a la crisis de 2020, en el que la actividad económica se deprimió 9,9%. Argentina fue uno de los países de la región que más profundo cayó el año por la crisis del Covid-19 y, por lo tanto, uno de los que mayor margen tenía para recuperar. 

Según María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos, Argentina está entre los países latinoamericanos que lograron superar el nivel de PBI previo a la pandemia –en noviembre fue 7% superior a 2019–, pero si se observa un plazo más largo el país tuvo la peor performance en América Latina: en 2023 su PBI será apenas 3% mayor que el de 2011. Si la comparación se hace per cápita, la baja es de 9% frente a 2011.

“Este año está difícil porque tenés una sábana muy corta”, anticipa Castiglioni. “El Gobierno quiere reducir la brecha, intentar que los salarios estén parecidos a la inflación, que haya insumos para producir, que Argentina tenga dólares, que el dólar no se deprecie tanto para contener las expectativas inflacionarias. Esos son sus objetivos, pero va a tener que hacer equilibrio entre todos ellos”, vaticina. “Si quiere que la actividad crezca, no puede frenar tanto las importaciones para que haya insumos, pero si no hay dólares se devalúa el tipo de cambio. Está en una situación muy difícil”.

Para la economista, la probabilidad de éxito es baja y el Gobierno puede aspirar a objetivos moderados en los dos frentes: que la inflación no se dispare y que la actividad no entre en recesión, aunque sea por un crecimiento mínimo. Además de los elementos mencionados, no juegan a favor las expectativas sobre los resultados de la cosecha, afectada por la sequía. 

Para apuntalar el crecimiento el Gobierno también deberá revisar la limitación del crédito por las tasas de interés altas, que afectan el consumo y la producción. Este viernes, en el relanzamiento del programa de Precios Cuidados, Massa anticipó que la nueva etapa tiene “más premios y más castigos” e incluyó entre esos premios “financiamiento a tasas subsidiadas” para que las firmas que participan –más de 380 en todo el país– puedan aumentar su capacidad de abastecimiento. 

“La economía está muy condicionada, crecer 1,6% es poco frente a las necesidades que tiene nuestra estructura social y productiva, pero el otro escenario que hay sobre la mesa no es más ni menos que una fuerte recesión”, apunta Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica. 

Para el analista, la estrategia de Massa para lograr cerrar el año con la variable del crecimiento del PBI en verde será la que implementó desde su llegada: “tomar el sinuoso camino de ajustar el gasto para eludir otro default de deuda en pesos y las importaciones para evitar un fuerte salto del dólar”. Sin embargo, este año estará condicionado por las elecciones presidenciales, que suelen llegar acompañadas de medidas que mejoren el bolsillo de los trabajadores pero pueden ser disparadoras de un nuevo shock inflacionario.

DT/MG

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