ANÁLISIS

El diagnóstico del orden mundial que muestra la guerra en Ucrania

Presidente de Rusia, Vladímir Putin

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Desde la invasión rusa a Ucrania, las noticias que llegan desde el este europeo se apilan desordenadas, se superponen, caen unas sobre otras como bolsas de arena. Detrás del muro de lo urgente, a dos semanas del inicio del ataque militar ruso, es posible identificar algunos de los ángulos de la dinámica que ordena al mundo.

Primero, es evidente que Rusia perdió la habilidad de desplegar una estrategia militar convencional contra otro Estado, o parte de él, sin terminar aislada. La paradoja que presenta este escenario es que el temor primario que alimentó la decisión del gobierno de Vladímir Putin de avanzar con una ofensiva militar fue la amenaza de una perdida de poder en el orden liberal internacional.

El sello que Putin buscó imprimirle a Rusia desde 1999, luego de la opacidad de los años de Boris Yeltsin, ha sido el de reconstruir el poder y orgullo nacional y expandir su influencia global. Ese intento se rompió con la invasión rusa a Ucrania del 14 de febrero pasado.

“Rusia debe aceptar que tratar de forzar a Ucrania a convertirse en un satélite y, por lo tanto, mover las fronteras de Rusia nuevamente, condenaría a Moscú a repetir su historia de ciclos autocumplidos de presiones recíprocas con Europa y Estados Unidos”, dijo Henry Kissinger, exsecretario de Estado de los Estados Unidos, hace casi una década.

La decisión de Putin no resulta tanto de una nostalgia por un sistema que ya no existe sino de un intento por recuperar un lugar que hace tiempo no ocupa. Por lo tanto, cuesta entender si la estrategia rusa que buscar contener el avance de la OTAN y la Unión Europea para demostrar su lugar de potencia emergente ha considerado con real sensatez el costo político que esa decisión podía implicar para su país.

En segundo lugar, la invasión rusa a Ucrania no representa solo una pelea entre Moscú y Washington por el provenir de Ucrania sino una disputa por la hegemonía global, entre una potencia en declive y otra que peleaba por recuperar el protagonismo internacional en un mundo multipolar

“No hay nada más peligroso que un imperio en declive. Y esto vale tanto para Rusia como para Estados Unidos”, escribió José Natanson en Le Monde Diplomatique.

De un lado, una Rusia incapaz de mantener los esfuerzos que ha venido desplegado en estas dos últimas décadas para presentarse como un actor confiable. Del otro, el ataque militar funciona como comida rápida que alimenta el mandato de la reconstrucción del liderazgo internacional de Estados Unidos, golpeado durante la administración Trump y herido con la caótica retirada de Biden de Afganistán.

En ese sentido, la guerra en Ucrania puede ser la manera en que Estados Unidos, el actor principal de la OTAN, recupere su lugar de potencia militar y el protagonismo perdido en el orden internacional.

Tercero, la guerra en Ucrania es un posibilidad para China para mejorar el vínculo con Estados Unidos si Xi Jinping consigue tender un puente de diálogo entre Rusia y Ucrania.

Si bien, para algunos analistas la peor pesadilla de Xi Jinping se desarrolla en Ucrania porque reduce la probabilidades de un ataque chino a corto plazo contra Taiwán, Pekín podría salir beneficiada del hecho que Estados Unidos esté más atento al este europeo que a Asia si consigue mediar entre Rusia y Ucrania después de los intentos con poco éxito de Emmanuel Macron y el canciller alemán, Olaf Scholz.

Por último, las abstenciones de India y China en el Consejo de Seguridad dan cuenta que el temor que empujó a Barack Obama en 2011 a reemplazar su política exterior de la “guerra contra el terrorismo” iniciada por George W. Bush a Asia en lo que se conoce como el “pivote Asia-Pacífico”, no solo estaba en lo cierto sino que no alcanzó, no solo por crecimiento de China.

India ha demostrado que la venta de armas rusas sirven para algo más que para la cuestión comercial. Moscú es el principal proveedor de armas de Nueva Delhi, más del 60% del equipamiento militar de la India es ruso. Pero no es el único motivo, India se acercó a Rusia sin alejarse de Washington posiblemente para evitar una alianza de Moscú con China que termine de darle aún más poder a Xi Jinping.

El llamado “alineamiento múltiple” de India, que tiene como objetivo impulsar su economía, terminó de entrar en tensión con la invasión rusa y redefine el lugar de India en el mundo.

Por lo tanto, la guerra en Ucrania funciona no solo como evidencia de hasta dónde es capaz de llegar Putin sino como diagnóstico del estado del orden liberal internacional y del temblor en sus bases.

AO

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