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Geopolítica

Así frenó la UE a Trump por Groenlandia: resistencia, amenaza arancelaria y tensión en los mercados

El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, en una manifestación contra la pretensión de EEUU de hacerse con el territorio.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —

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“Tuvimos éxito en resistir, en no escalar, pero también en mantenernos firmes. Sabemos que tenemos que trabajar cada vez más por una Europa independiente”. Las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quedan como la fórmula para hacer encallar, aunque sea temporalmente, la obsesión de Donald Trump por hacerse con Groenlandia, isla que pertenece a Dinamarca. Ahora bien, como indica Grégoire Roos, director de Europa, Rusia y Eurasisade Chatham House, “si Groenlandia puede ser tratada como negociable bajo presión, la línea entre la gestión de alianzas y la negociación coercitiva se vuelve incómodamente delgada. Las amenazas pueden haber sido suspendidas temporalmente, pero el aviso sigue ahí. Algo está irremediablemente roto en la relación transatlántica”.

Los líderes europeos que se reunieron este jueves en Bruselas ya han admitido que nada será igual y que hay que empezar a dar pasos serios en la idea de una Unión Europea independiente para no ser desarbolada por los intereses de aquellos a quienes hasta hace poco se consideraban aliados. Aunque la cumbre extraordinaria no terminó con decisiones concretas sí sirvió para dar una señal a Washington de que los europeos iban decididos a responder con medidas contundentes a Trump.

En este camino la UE sí que ha podido constatar que tiene las capacidades suficientes para frenar a Trump. Las posibles consecuencias para la economía de EE.UU. bastaron para hacer retroceder a Trump. Sophia Besch, investigadora de Europa en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, argumenta que “la UE sigue siendo el mayor bloque comercial del mundo, con un alcance regulatorio y un peso en el mercado que pocos socios pueden ignorar. Sin embargo, durante mucho tiempo ha dudado en desplegar ese poder contra Washington. En este caso, no necesitó actuar. La posibilidad de una ruptura transatlántica fue suficiente para influir en los mercados y cambiar el cálculo en Washington”.

Aranceles e instrumento anticoerción

La UE puso sobre la mesa dos golpes directos importantes sobre la economía de EE.UU.: aranceles por 93.000 millones de euros sobre productos estadounidenses, hasta ahora suspendidos, tras el acuerdo comercial entre ambos bloques que se firmó en julio de 2025, y el instrumento anticoerción, una herramienta que permite castigos comerciales muy duros contra un país, aunque se ha puesto sobre la mesa para que sirva “no tanto como una represalia, sino como una disuasión”.

El analista de Chatham House destaca que “el Instrumento de Lucha contra la Coerción permite a Bruselas responder con contramedidas en áreas como los servicios, la contratación y la inversión, sectores en los que las empresas estadounidenses están profundamente expuestas al mercado único de la UE. Esto es importante porque las empresas estadounidenses tienen la mayor cantidad de inversión extranjera directa en la UE, particularmente en servicios de alto valor”.

Y no hay que olvidar que Trump tiene este año unas elecciones cruciales que le pueden llevar a tener una fuerte oposición en el Congreso. Grégoire Roos explica que “las medidas específicas de la UE impondrían costos políticos concentrados a empresas y circunscripciones específicas, en lugar de costos difusos a los consumidores. A menos de un año de las elecciones de medio término en EE.UU., lo que aumenta la prima que Washington tendría que pagar si decidiera escalar la disputa sobre Groenlandia”.

Nerviosismo en los mercados financieros

La amenaza de una guerra comercial provocó movimientos sísmicos en los mercados financieros, que se vieron reforzados ante los comentarios sobre la posible venta de la deuda de Estados Unidos que poseen los inversores europeos. El miedo es libre y, en este caso, inclinó la balanza a favor de la posición europea frente a Trump.

“Esta semana, los inversores respondieron con fuerza al renovado riesgo de una guerra comercial entre EE.UU. y la UE. La relación económica transatlántica es mucho más densa que los lazos entre Washington y Caracas o Teherán, ya que supusieron 1,5 billones de dólares en comercio de bienes y servicios en 2024. Una escalada sostenida habría golpeado el núcleo del comercio global. Si las tensiones hubieran continuado aumentando, habría existido un riesgo real de que las reacciones del mercado se hubieran intensificado. En cambio, cuando Trump se retractó de sus amenazas arancelarias el miércoles, los mercados se recuperaron rápidamente”, explican Jessie Yin y Josh Lipsky, analistas del Atlantic Council’s GeoEconomics Center.

Los inversores europeos tienen unos ocho billones de dólares en bonos y acciones estadounidenses, según un informe de Deutsche Bank. En dicho informe se sugería que debido a las tensiones entre los dos bloques por Groenlandia, los europeos podrían vender masivamente estos activos. Primer aviso. El fondo de pensiones danés Akademiker Pension anunció que iba a vender 100 millones en bonos del Tesoro de EE.UU. Segundo aviso. El fondo de pensiones sueco Alecta informó que había vendido la mayor parte de sus inversiones en bonos del Tesoro de EE.UU. alegando un incremento de los “riesgos e imprevisibilidad en la política estadounidense”, según informó Reuters. Tercer aviso. Terminó por remover la confianza el intento del secretario del Tesoro, Scott Bessent, para rebajar la situación: “La inversión de Dinamarca en los bonos del Tesoro de EEUU, al igual que Dinamarca misma, es irrelevante. Los daneses han estado vendiendo bonos del Tesoro durante años. No estoy preocupado en absoluto”.

La realidad es que “si los Estados miembros de la UE comenzaran a deshacerse agresivamente de sus enormes tenencias de bonos del Tesoro de EE.UU. tendría impactos directos en la capacidad del Gobierno estadounidense para financiar eficientemente su deuda existente, con ramificaciones en toda la economía estadounidense”, explican en un informe Federico Steinberg, Emily Benson y Nicholas Fenton, investigadores del Center for Strategic and International Studies. Estos analistas subrayan que “Europa ha pasado décadas construyendo apalancamiento económico sin tener que asumirlo como una herramienta con consecuencias geopolíticas. Ahora es el momento de reconocerlo”.

La crisis entre EE.UU. y la UE por Groenlandia parece haber pasado al terreno de la negociación. Según publicó The Wall Street Journal, el supuesto acuerdo que anunció Trump con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, consistiría en la renovación del acuerdo de defensa entre Dinamarca y EEUU, que supondría ampliar las bases norteamericanas en Groenlandia, una opción que los daneses ya habían ofrecido; una mayor participación de los países europeos en la seguridad del Ártico, que la presidenta de la Comisión Europea ya había anunciado; y, lo que realmente interesa a Trump, que EE.UU. tenga preferencia en la explotación de minerales críticos y tierras raras en Groenlandia.

TACO: 'Trump Always Chickens Out'

Se ha cumplido el TACO ('Trump Always Chickens' Out o Trump siempre se acobarda), pero como avisó el presidente de Francia, Emmanuel Macron, Europa “debe permanecer vigilante”. La jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, puso también el acento en la necesidad de estar alertas ante los continuos cambios de posición de Trump, tras admitir que las relaciones transatlánticas han “recibido un gran golpe en la última semana” y que ya “no son las mismas que solían ser”.

La investigadora de Europa en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional señala que “Groenlandia debe ser tratada como un precedente, no como una aberración. La amenaza inmediata ha disminuido, pero la realidad subyacente sigue siendo la misma: Europa está lidiando con un aliado dispuesto a probar límites, sondear debilidades y convertir la dependencia en apalancamiento. La lección más profunda de Groenlandia, junto a las humillaciones del año pasado, es que la vulnerabilidad de Europa radica en su dependencia de los Estados Unidos. No puede haber un regreso a las comodidades de la dependencia asimétrica disfrazada de asociación”.

Von der Leyen resaltó en su discurso en Davos que “las sacudidas geopolíticas pueden -y deben- servir de oportunidad para Europa. El cambio sísmico que estamos viviendo hoy es una oportunidad, de hecho, una necesidad para construir una nueva forma de independencia europea”. Habrá que ver si la UE es capaz de fortalecer esa independencia, que según Sophia Besch “significa invertir seriamente en capacidades militares, integrar la planificación y adquisición de defensa, diversificar los socios comerciales y reducir la exposición en dominios económicos críticos, desde la energía y la tecnología hasta las finanzas y las cadenas de suministro”.

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