PLEBISCITO CONSTITUCIONAL CHILE 2022: EL DÍA DESPUÉS - Análisis

Nueva agenda del gobierno chileno: hacia un pacto histórico de la élite militante del Apruebo con las mayorías populares del Rechazo

La rosa socialista y la memoria chilena de la dictadura del capitán general Augusto Pinochet y la Unidad Popular del presidente Salvador Allende. En la imagen, Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), sostiene una rosa roja durante la presentación por parte del gobierno de Gabriel Boric de 17 querellas por víctimas de la dictadura pinochetista. Se trata de casos sobre los que hasta la fecha no se habían desplegado acciones judiciales.

Ni sus más maliciosos detractores le niegan al ex dirigente estudiantil y presidente chileno Gabriel Boric su empeño y su buen éxito en aprender. Su historia, dicen, es una novela de aprendizaje. Aprendió desde que como candidato del Frente Amplio (FA) dudaba si lograría reunir los avales para competir contra el Partido Comunista (PC) en las primarias de la coalición Apruebo Dignidad (AD) donde después venció. Desde que en el balotaje de 2021 ganó la presidencia con más votos que ningún candidato anterior. Parejo registro de un aprendizaje cumplido reiteraron este domingo, con alivio, sorpresa o rencor voces cercanas o lejanas al Presidente. Por cadena nacional, en horario razonable, en un discurso breve, simplificador pero sin mendacidad, reconoció la victoria del Rechazo en el plebiscito constitucional. Al día siguiente, su respuesta ha sido buscar alianzas que garanticen un programa social y estatista para atender desde el gobierno las demandas del 'estallido social' de 2019. Junto a aquellos problemas, creció en todo el país la criminalidad, en el sur mapuche la inseguridad, y en el norte la vulnerabilidad a una migración no regulada y una ausencia estatal lesiva para locales y migrantes.

Es la economía, Boric: el resorte menos mentado del Rechazo chileno a una Constitución innovadora

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También multiplicó el Presidente su compromiso de encaminar un Proceso constituyente nuevo. Gabriel Boric entrevé un nuevo proyecto Constitucional. Un texto que consagrará el Estado Social de Derecho y la Democracia del gobierno de la mayoria popular. El liderazgo de la campaña del Rechazo era de derecha, pero sólo una minoría de los votos por el Rechazo en el plebiscito son derechistas. En el día después, esta percepción guió constructivamente la agenda presidencial. Pero extravió un vez más a su rival derrotado de la segunda vuelta de 2021, el ultra derechista José Antonio Kast.

El presidente de la Cámara de Diputadas y Diputados, Raúl Soto, del oficialista Partido por la Democracia (PPD), ratificó “un cambio de timón en la conducción del gobierno”. Boric había diseñado su primer gabinete gubernamental con una mayoría de figuras de la coalición electoral Apruebo Dignidad (AD). Había dado un lugar minoritario a los partidos del Socialismo Democrático (SD) que llamaron a votar por él en el balotaje, como el PPD, el Partido Socialista (PS), el Partido Liberal y el Partido Radical (PR). En su nuevo gabinete, procura una corrección de la asimetría entre comunismo y socialismo. De modo que las figuras de este último, ahora presentes en el mesa chica presidencial, impregnen el espíritu de las decisiones más ricas en consecuencias.

La caducidad del texto constitucional rechazado

En cadena nacional desde La Moneda, flanqueado por dos banderas chilenas en el fondo, Boric declaró que al electorado había repugnado una Constitución con la que toda empatía le había sido imposible.

Sus primeros pasos se encaminaror a buscar gobernabilidad y un plan de acción común y realizable para atender una situación descuidada y para reencaminar un nuevo proceso constituyente. Porque no interpretó el Rechazo como Apruebo de la constitución pinochetista de 1980. Esto no era lo que debía votar el electorado ni lo que votó. Lo interpretó como rechazo de este texto, al que el electorado consideró inadecuado como respuesta al estallido social de 2019. Aunque a la vez respondiera, como ningún proyecto constitucional en el mundo, a cuestiones que el electorado chileno consideraba, precisamente, más mundiales que nacionales, como los derechos de la naturaleza.

Como en las primarias que lo consagraron candidato de la coalición que lo hizo presidente porque su contrincante el alcalde Daniel Jadue perdió con estrépito, en el voto del plebiscito de este domingo el gran perdedor ha sido el Partido Comunista de Chile (PCCh). Preguntado su presidente sobre cómo veía tras entrevistarse con Boric el paisaje político después de la batalla, Guillermo Teillier no disimuló su irritación: “A lo que no vamos a renunciar nunca nosotros es a recordar a los pueblos indígenas. Porque existen, aunque ahora no les guste”. La mención sobre un asunto por el que no le preguntaban se dirigía a un reclamo, o esperanza, que recorre derecha, centro derecha, centro izquierda y aun socialismo democrático: que la sobrerepresentación legislativa o judicial no sea la vía favorecida como reparación histórica del Estado para el despojamiento y descuido de la República con los pueblos preexistentes. Y a que el presidente Boric no se muestre indispuesto, ahora, a considerar que una nueva Constitución que encuentre alternativas o que remita la cuestión al Poder Legislativo, deba relegarse al cajón donde se ha clasificado a la actual Ley Suprema pinochetista.

De la necesidad, virtud

La Constitución votada el domingo fue la primera en el mundo redactada por una Convención paritaria y con escaños étnico-culturales reservados. Y la primera Constitución democrática en el mundo en ser rechazada por el pueblo al ser sometida a plebiscito.  

De haber ganado el Apruebo, la victoria podría haberse interpretado como demostración de una buena conducción del gobierno. De que no precisaba cambio. Situación que conduciría a un pantano político en el que no se vislumbrarían salidas posibles en un país donde la riqueza y prosperidad de 2019 ha desaparecido, y Chile ve avecinarse la peor crisis económica de su vida democrática. Los datos económicos informan de un abismo  que separa a 2019 del actual 2002 pospandémico: si entonces la desigualdad era el motor de las protestas, hoy la crisis, la recesión, la desinversión, la inflación, la depreciación del peso, las dudas sobre el destino de las AFP y el vaciamiento de los fondos de pensión por sucesivos retiros, más el riesgo país (Chile califica peor que Perú) son también motivos que explican el Rechazo.

Boric adelantó que para “hacer frente a estos importantes y urgentes desafíos requerirá prontos ajustes en nuestros equipos de gobierno para enfrentar este nuevo período con renovados bríos” y convocó a todas las fuerzas políticas llamó a todas las fuerzas políticas a un diálogo,  dejando atrás “maximalismos, violencia e intolerancia”. Aunque  declinaron asistir a la primera reunión citada por el presidente, la dirigencia de la coalición centroderechista derecha Chile Vamos ratificó su voluntad de continuar el proceso constituyente. ,

La extrema derecha se desmarcó en su desafío. “Que no quede duda que este triunfo del Rechazo es un fracaso del presidente Gabriel Boric y de todo su gobierno. Presidente Gabriel Boric, esta derrota también es su derrota”, declaró el excandidato presidencial vencido José Antonio Kast. Este domingo votaron en Chile 13 millones de personas. El Rechazo obtuvo más votos que todos los votos emitidos en el balotaje presidencial sumados: si sus votantes derrotaron a Boric, todavía más derrotaron al derrotado Kast. O derrotaron juntos al Boric de entonces y al Kast de entonces y de ahora.

Ensillar, porque ya aclaró

No parece haberse cancelado o detenido el proceso de cambio iniciado por el 'estallido social' de 2019. Si entonces aquel movimiento tan poderoso como plural y anónimo impugnó toda vía institucional para el progreso de la igualdad y justicia sociales, las masas que votaron con asistencia record en el plebiscito constitucional reclamaron una reconstrucción radical de las instituciones del Estado único camino sólido y confiable para la nueva sociedad, el “hombre nuevo” de Salvador Allende, redefinido.

En el horizonte inmediato, mismos componentes agudos y crónicos ven el presidente Boric, su coalición, su oposición: la entera clase política. Una salida, o perspectiva, obturada por el voto y una crisis sin más modificación mayor que su agravamiento, súbitamente visibilizada. La canción es la misma: el clamor popular que asordinó Sebastián PIñera con el Acuerdo de Paz de la noche del 15 de noviembre de 2019 -fuga hacia delante con un proceso constituyente ultimado por el Rechazo del domingo- no difiere del clamor del que Kast se dijo cantar la primera voz, que se calló con el triunfo electoralde su contrincante y actual presidente. Una nueva voz que se hizo más audible tras el plebiscito, la de Javier Macaya, nuevo rostro de la Unión Democrática Independiente (UDI), el partido de derecha cuya resurreción integra el saldo del día lunes, también se ha propuesto como diapasón del clamor popular. En las primeras semanas de 2021, las encuestas daban al candidato de la UDI, Joaquín Lavín, como favorito para suceder a Piñera y asumir como presidente en marzo de 2022.

AGB

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