Opinión

China como problema, pregunta y agenda: 100 años del PCCh

China celebra los 100 años del Partido Comunista

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Los 95 millones de afiliados activos al Partido Comunista de China hoy celebran el centenario de su fundación, en un clima de actos, juegos de luces y desfiles. Reuniones públicas se organizarán en cien ciudades con más de más un millón de habitantes y en los pequeños pueblos arroceros del sur y maiceros del norte, en los cuales el partido tiene fuertes raíces. Pero no solamente sus miembros festejan, las encuestas internacionales muestran que el apoyo popular supera al 80%.

Me tocó estar trabajando en el centro de China en el inicio de la pandemia y ver el funcionamiento del Partido y del Estado en la hora crítica: coordinación de la comunicación pública, redes solidarias, movilización masiva de recursos, fuertes discusiones y debates internos expresadas de formas distintas a las occidentales, pero visibles y abiertas y, fundamentalmente, acompañamiento a las medidas. Ante el asombro global, en pocas semanas el país volvía a la nueva normalidad.

China y su Partido Comunista se revelan, para nosotros, como un problema complejo de comprender. Al 1ro de julio de 2021 el país tiene, según fuentes oficiales, 1,444,857,722 habitantes, 55 minorías étnicas reconocidas, que hablan más de 50 lenguas y utilizan 30 tipos de escritura distintas, distribuidas en 9.600.000 km2 y con 5000 años de historia documentada. El partido está basado en casi 5 millones de células que coordinan todas las esferas de la vida social, desde el ejército, hasta la diplomacia, deporte, ciencia y cultura. De esos grupos participan todas las comunidades y se ocupan de un ejercicio de movilización y concientización popular y actualización doctrinaria: desde la comunitarización casi total en los cincuenta, sesenta y setenta, hasta la apertura a una economía socialista de mercado en el siglo XXI.

Resumamos su historia. El PCCh, fundado por un puñado de cincuenta personas en la zona francesa de Shanghai, con una orientación marxista legitimada por el triunfo de la Revolución Soviética, evolucionó mucho desde entonces. En aquel momento, China estaba convulsionada por la caída de un sistema feudal con dos mil años de existencia, la pérdida de soberanía con casi cincuenta “concesiones” en sus ciudades a Rusia, Alemania, Japón, Inglaterra y Francia, y una población que sufría hambrunas cíclicas y no accedía a los niveles mínimos de educación. En ese contexto, la conflicto civil con el sector nacionalista del Kuomintang –apoyado por las potencias occidentales- y la invasión japonesa arrastraron al país a una guerra abierta que marcaron la estructura partidaria originaria: de urbana e intelectual ampliada a rural y militar. Este proceso fue liderado por Mao Zedong, Zhou Enlai, Liu Shaoqi, Zhu De y Deng Xiaoping. El líder partidario, Xi Jinping, afirmó en el discurso por el centenario que el grupo fundacional se enfrentó con “tres grandes montañas: el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático” para fundar la República Popular en 1949. Desde ese entonces, el partido realizó esfuerzos para simplificar el lenguaje y su milenaria y elitista escritura y alfabetizar a la población: hoy 95% termina los 9 años de educación obligatoria. También a industrializar el país entendido como pilar de la soberanía, primero con empresas estatales y, desde hace cuarenta años, con la ayuda de miles de multinacionales asociadas a empresas locales y bajo supervisión gubernamental y estricta transferencia de tecnología. O para redefinir la noción de democracia socialista, en tensión por las ideas de las diferentes corrientes que conviven en la sociedad y el partido.

China es, también, una pregunta. ¿Qué rumbo tendrá el país? Es imposible predecir el futuro, pero una síntesis de las reformas de los últimos veinte años nos da una clave. En este período se creó una estructura de bienestar con seguros médicos urbanos y rurales casi universales, se erradicó la indigencia, se legalizaron inmigrantes internos, se instaló un sistema de retiros, se masificó la vivienda social, se redujeron los altos niveles de contaminación, se instaló un sistema legal más efectivo, se permitió la libre circulación, turismo o estudio en el extranjero y la economía privada superó a la pública, con eje en las empresas de tecnología.

Jin Liqun, jefe del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), dijo en mayo de 2021, en el 30º Foro de Finanzas Internacionales de China, que “solíamos jugar las juegos escritas por otros”, pero que la experiencia les enseñó la lección y ahora crean sus propios organismos para internacionalizar su moneda y economía y alterar el statu quo nacido en la segunda posguerra. Argentina es socia de AIIB por voto unánime en el Senado y con sólo cuatro votos negativos en Diputados. Es decir, ya China es consenso en la política Argentina, aunque no se refleje en los medios de comunicación masiva. El AIIB está ligado a la más conocida Iniciativa de la Franja y la Ruta, de la cual participan 138 países y 19 latinoamericanos: Chile, Uruguay, Perú, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Bolivia y Cuba, y nuestro país inició un debate sobre su ingreso.

Finalmente, creemos que China es una agenda. Es el segundo socio comercial de nuestro país con más de 16 mil millones de USD de intercambio, inversor, prestamista, socio en foros internacionales y tiene una comunidad de aproximadamente de 200.000 migrantes en suelo argentino. El país asiático está financiando dos grandes represas hidroeléctricas en el sur, parques solares en el norte, la modernización del transporte ferroviario, compras masivas de cereales, oleaginosas y carnes. Pero hay una hoja de ruta pendiente: comprenderlos sin mediaciones de otros países del Norte para dialogar desde nuestro interés nacional y del Mercosur; incluir legal y lingüísticamente a la comunidad argenchina; negociar la pesca en la milla 201; entender que agregar valor y ampliar exportaciones demanda una agenda de largo plazo y consensuada entre sector público, privado y estado nacional, provincial y municipal con participación de universidades, cámaras y sindicatos; discutir públicamente el modelo de inserción internacional en un mundo de grandes regionalismos y tratados de liberalización comercial que parece alejándose del Sur.

Tal vez China nos ayude a salir de estos laberintos.

Sociólogo. Desde hace muchos años vive la mitad del tiempo en China.

WC

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