Opinion

Cristina en La Plata: orden sin progresismo

Cristina Kirchner, el jueves último, en el Estadio Unico de La Plata.

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El discurso de Cristina Kirchner en La Plata fue el más “oficialista” o el “menos opositor” de todos los que emitió en el último tiempo. Ese fue el dato más relevante de la jornada y no el anuncio que no fue de una eventual candidatura presidencial. Puede parecer extraño que la novedad de un acto encabezado por una figura central del gobierno haya sido que se emitió un discurso oficialista, pero en los últimos años Cristina Kirchner utilizó prácticamente todas sus intervenciones públicas para diferenciarse de su gobierno en general y de la orientación económica, en particular.

Este no fue el caso. Algunas lecturas atribuyeron la “tregua” a los problemas que afectaron la salud del presidente Alberto Fernández por estos días (ayer sábado se sometió a “controles endoscópicos” que “no encontraron lesiones con sangrado activo”, según informó la Unidad Médica Presidencial), pero en realidad se debió a motivos más profundos: Cristina Kirchner reconfirmó que está alineada con la política de ajuste que lleva adelante Sergio Massa, religiosamente monitoreada por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Incluso justificó las medidas económicas y planteó que a lo sumo faltaba explicarlas mejor. “Gobernar es explicar” sentenció alguna vez el expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso en una clara exageración de la dimensión discursiva de la política. Hay que “explicarle a nuestro pueblo, a la sociedad, que muchas veces se han tenido que tomar decisiones por el condicionamiento brutal con el que se recibió un gobierno después del retorno del Fondo Monetario a la República Argentina. Pero hay que explicar. No podemos decirle: está todo fantástico, está todo bien”, exclamó la vicepresidenta. Otro ajuste argentino que “se comunicó mal” como si existiera la fórmula mágica para “comunicar bien” un ajuste.

Por la misma razón, el Senado aprobó en tiempo récord el presupuesto 2023 e incluso en La Plata la vicepresidenta llegó a asegurar que la responsabilidad de la inflación desbocada la tenían sectores del Poder Judicial que impidieron que las telecomunicaciones se transformasen en un servicio público y, por lo tanto, con precios regulados. Aunque es cierto que estas empresas aumentaron sus tarifas el doble de la inflación, fueron los precios de los alimentos los que más se dispararon en el último tiempo. La casta privilegiada del Poder Judicial tiene muchos problemas, pero el aumento descontrolado de los precios generales de la economía es el producto de una hoja de ruta acordada con el FMI que es intrínsecamente inflacionaria. 

El acto en el Diego Armando Maradona tuvo todos los condimentos de un lanzamiento de campaña (lema, presencia masiva, puesta en escena, operativo clamor), pero no hubo anuncio porque “todo en su justa medida y armoniosamente”. Desde el punto de vista político, la acumulación le sirve a Cristina Kirchner, tanto para jugarse a ir por la presidencia como para continuar siendo gravitante en el armado del Frente de Todos hacia 2023.

Sin embargo, por lo que hizo, por lo que dijo y por lo que calló, la vicepresidenta realizó su aporte al sostenimiento político de un gobierno y a su programa económico en el contexto de una catástrofe social confirmada por todos los indicadores (pobreza, indigencia, precarización, pérdida salarial y todo lo demás también). Quienes ponen el foco en la interna y en lo que diferencia a la vicepresidenta del resto de los integrantes de la coalición no prestan suficiente atención a los factores que la unen profundamente a este proyecto político creado por ella.

Movilizar uno, dos, tres, mil gendarmes

Sin en la economía —por lo menos en lo inmediato— no hay alternativa, lo que queda es garantizar el orden. Un orden que corre serios riesgos de alterarse precisamente por las consecuencias sociales del programa económico.

En lo que se podría considerar como la primera demanda programática de su discurso, la vicepresidenta propuso enviar miles de gendarmes al conurbano bonaerense para enfrentar el aumento de la violencia social en su versión de reduccionismo mediático: la inseguridad.

Más allá de que buscó una diagonal entre el garantismo y la “mano dura”, colocar a la seguridad-inseguridad como primera cuestión —mientras el aumento interanual de la canasta de indigencia superó el 100%— es toda una declaración política. Buscó sintonizar o empatizar con el reclamo contra el aumento de la violencia social con una respuesta simplista que, según declaró Sergio Berni posteriormente, fue música para sus oídos: el punitivismo y la militarización de los barrios sobre la base de otra asociación mecánica entre delincuencia y sectores populares.

Como parte de la garantía de ese orden retomó la narrativa que ya había expresado con anterioridad sobre la necesidad de un “pacto democrático” para “aislar a los violentos”. Aquí incluyó guiños explícitos al radicalismo porque el acto fundante del “partido militar” se llevó adelante contra Hipólito Yrigoyen y porque Raúl Alfonsín entendió mejor —que el peronismo de entonces— la cuestión democrática a la salida de la última dictadura.

La falencia estructural que tiene la propuesta planteada en esos términos es que el reclamo de un nuevo “pacto democrático” pensado con independencia de las razones que condujeron al malestar profundo con la democracia o, peor aún, profundizando las medidas que produjeron ese malestar, puede contener todos los vicios de los intentos anteriores y ninguna de sus condiciones. La crisis orgánica o de representación política no se explica por una falta de apego de determinadas fuerzas políticas a una arquitectura institucional, sino a razones socioeconómicas de largo arrastre. Algo de eso dijo Cristina Kirchner en abstracto mientras en concreto respalda el plan de Massa.

La frutilla ideológica del discurso de orden fue sutil, pero no menos significativa. Antes de ingresar al Estadio Único, un movilero de televisión entrevistó a Pablo Moyano y entre otras diatribas contra la oposición de derecha el camionero se despachó contra Patricia Bullrich: “No puede hablar de la ley porque cuando ella era montonera y estaba con los Montoneros seguramente estaba fuera de la ley”, afirmó. Cualquiera podía pensar que Pablo Moyano desentonaba con el espíritu general de un acto en el que el protagonismo central lo tenía una agrupación denominada La Cámpora. Sin embargo, con más sutileza y mayor sofisticación, Cristina Kirchner realizó desde el escenario una declaración similar: después de aclarar que cuando Perón retornó a la Argentina, junto con Néstor Kirchner estuvieron entre los jóvenes que se quedaron con el General y no con los que se fueron (en clara referencia a Montoneros y a la izquierda peronista) afirmó: “Fue una etapa muy difícil pero, por favor, cada uno que se haga cargo de esa etapa y que no venga alguna ahora a hablarnos del orden y de la violencia. Porque nosotros nunca estuvimos con la violencia”. La “indirecta” estaba claramente dirigida contra Patricia Bullrich. Existiendo toneladas de hechos en la camaleónica y vidriosa trayectoria de la actual presidenta del PRO hay que esforzarse para encontrar un momento que habilite a “correrla por derecha”.  

En definitiva, el discurso de la vicepresidenta en La Plata remitió al último Perón de la unidad de los argentinos que volvió para intentar restaurar el orden y al primer Alfonsín del universalismo democrático y la condena “a toda violencia”, núcleo argumental de aquel primer prólogo al Nunca más.

La paradoja que irrumpe con este nuevo viraje es que junto con los últimos giros al centro (terciarizados) —que pueden remontarse hasta el año 2013—, Cristina Kirchner fue dejando en el camino jirones de su propia narrativa: la que aseguraba que su razón de ser era la distribución de la riqueza o del ingreso e incluso “la no represión” en general y a la protesta social, en particular. Si en el futuro asumirá o no la responsabilidad en primera persona es una cuestión importante, pero táctica; lo que va quedando claro es el rumbo estratégico.

En lo inmediato asegura —por ahora— la viabilidad del ajuste. Como escribió con un núcleo de verdad el ensayista Agustín J. Valle en el portal Lobo suelto: “El ajuste actual es viable porque está Cristina en el Gobierno. Sin ella, la resistencia popular sería mucho mayor —lo vimos durante la gestión cambiemita—. Ella es la condición de posibilidad del ajuste, aunque nos duela”. Y desde el punto de vista político, su virtual candidatura intenta darle aire a un gobierno en franca declinación. Una perspectiva que deja en evidencia el tamaño de la esperanza.

CC

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