OPINIÓN

Macri vuelve qué se yo

El expresidente Mauricio Macri

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El fracaso monumental y holístico de este gobierno de Alberto Fernández crea un nubarrón sobre la tierra donde el pasado ya no se ve. Por eso, Mauricio Macri quiere ser el primer expresidente no peronista en volver al gobierno, después de Hipólito Yrigoyen. Haberte empobrecido en 2019 ¿qué es al lado del empobrecimiento del 2020? Mauricio sonríe desde Los Abrojos. Que diga que no quiere es irrelevante, sus acciones son evidentes. Tres días antes de entregar la banda al puchas, hace un año y días, ya palpitaba su regreso. Salió al balcón, insistió con el plural irritante del PRO: “Me guardo tantas cosas que hemos vivido juntos que me va explotar este corazón”, el fraseo siempre vacilante, y dijo: “Los amo con locura, hasta pronto que esto recién empieza”. La actividad fue magnificada en aquellos días por las redes sociales avivando la impresión que Mauricio se iba entero, y amado, del poder y que esto creaba, como en las series, el gancho para el segundo mandato.

Macri, y el macrismo, repiten, cuatro años después, el procedimiento que lo llevó a la primera presidencia. Exhibicionismo distante, mediado por fotografías, de una vitalidad blanda y verde, el deporte, e incluso la reposera, lo que ayude a despolitizar el personaje, y Juliana ahora en un rol mucho más estelar que en 2015 inspirando a las mujeres de la tierra en buenos hábitos, la huerta, el mate con yuyitos. Tienen un montón de ayuda. El diario La Nación sólo publicó 9 notas el último mes, una cada tres días, de la exprimera dama. Se podría pensar mal, pero lo más obvio es que Juliana es rendidora desde el punto de vista de los clicks. La otra pata de la ayuda es un coro ruidoso que en las redes sociales repite el mensaje sobre qué distinto era el país con Mauri. Zapateo constante y universal, no importa la burbuja, la endogamia de la que participes, siempre aparece el mensaje puntual de qué distinto era con Mauri.

Ese plano de la comunicación repara los tejidos de Macri, reconstruye el inconsciente de los votantes; el otro plano, el antiguo, el de los reportajes y la prensa, edifica el mito de que no fracasó, que dejó la economía mejor de lo que la recibió, y que si perdió las elecciones es porque simplemente no pudo ir más a fondo, “los palos en la rueda” que mencionó desde su último balcón y que dejó sin nombrar para que cada quien le ponga el nombre de sus prejuicios. Una santidad impedida de ejercer completamente como consecuencia de los terrícolas.

Pero no alcanza con él ni su pareja real, Macri necesita hoy y ahora, para darse su segundo gusto, un kirchnerismo vivo y extremista que deje la grieta como está. El kirchnerismo no necesita ayuda, pero Macri alimenta a un conjunto de dirigentes para que todo resalte más. A más grieta, más chances para Macri porque Horacio Rodríguez Larreta, su competencia interna en la malla opositora, puede saltearla dado que su imagen no está hecha de los mismos ingredientes que la de Macri. HRL podría llevarse en una sola vuelta electoral el tercio de juntos por el cambio y ese otro tercio conformado por argentinos en sunga veraneando en Camboriu a los que Sergio Massa le dedicó su vida, por supuesto que todo esto en condiciones de desmoronamiento de la administración Fernández.

Los halcones de Macri se apalancan en el drama con el kirchnerismo para darse una vida. Patricia Bullrich, Hernán Lombardi, Fernando Iglesias, sin grieta, ¿quiénes son? La grieta, además, permite a Macri desentenderse aún más de su último gobierno y más: nada nos dice sobre qué se puede esperar en caso de un nuevo mandato.  

A un año de la finalización, fue poco y nada lo que los funcionarios de aquel gobierno se permitieron contar sobre errores o malos juicios. Y seguramente así quedará. El PRO realmente existente planteó en su único mandato nacional un ejercicio blando del poder y descansado. La designación de CEO’s para llevar las planillas de tareas a realizar aportaba la gran solución a ese approach de club, la solución empresarial a los problemas de los argentinos, la solución que no se había aplicado hasta entonces y que había ilusionado a las masas por cuanto era la carta que no había sido jugada en la larga decadencia argentina. Desde la cima del poder bajaba a los ministerios una confianza plena en el procedimiento lo cual ponía a los funcionarios a pensar mucho menos en las tareas que en la forma en que presentarían las tareas cada vez que el presidente los convocara a Olivos a evaluar sus trabajos. 

Designaron en altos cargos personal sin experiencia laboral pública ni privada y que lo máximo que habían tenido que manejar era conflictos en hostels por ojotas extraviadas, y la falta de calle, por ser amables, les impedía mirar a los ojos a los mozos de los ministerios y llamarlos por el nombre. Negados para ese simple gesto, se les hacía cuesta arriba el encadenamiento de decisiones que implica dar cientos de veces con los ojos apagados, indígenas, ladinos o hartos, del personal administrativo. O sea, solo pudieron hacer donde no había que acordar nada y donde no había que convencer a nadie, la obra pública tercerizada y muy poco más. Las ruedas en los palos.

Más allá de la propaganda, de estar juntos o estar cerca, el PRO tuvo con los argentinos una relación cruel que ésta sí fue la verdadera máquina de impedir: tenían viva una caracterización consciente sobre cada uno. Estimaban que un enorme boludo se escondía en su interior y que la misión histórica de la fuerza consistía en resetearlos. Los oficios que se salvaban de su dureza podían ser los chefs, los deportistas de elite, los programadores y los doctorados, el resto, pesaban, presupuestariamente, en la conversación, pesaban de mirarlos, de escucharlos y contemplarlos, pesaban las maestras gordas, los malabaristas tatuados en la cara, pesaban los tamberos, los sindicalizados, los monotributistas, pesaban los científicos que no descubren nada patentable. A todos les proyectaron la película de Finlandia, la de Corea del Sur, la de Australia, y cuando la cosa se les empiojó les proyectaron la película de Chile, la de Perú! Al final ya no les proyectaron nada. Pero los invitaron a empezar de nuevo.

ES

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